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Del aguardiente de Cazalla al vino de naranja: los vinos y licores que caben en Sevilla

La historia de Sevilla y su provincia está ligada a su vino y sus licores. Desde época prerromana a la actualidad, de la Sierra de Cazalla a Carmona, ha habido caldos singulares y bodegas únicas. En torno a ellos el viajero puede trazar su ruta. La bodega o destilería, sus licores y procesos serán sólo una parte del viaje, que completarán el pueblo, su entorno, historia, costumbres y monumentos. Para sumergirse en los paisajes de viñedos y sentir la magia del vino, la Diputación de Sevilla ha editado la Ruta de los Vinos y los Licores.

A veces se olvida que Sevilla fue una importante zona vinícola en época romana, con una producción que servía frecuentemente para exportar. Esto venía de antiguo: se dice que fue en la Turdetania donde los reyes Gárgoris y Habbis enseñaron a los curetes las artes de la agricultura y el cultivo de viñedos, y donde estos educaron a su vez a la reencarnación del dios Dionisio.

Los fenicios introdujeron la vid, y después llegaron cartagineses y griegos a comerciar con el vino de sus ciudades a cambio de los metales ibéricos. Existen restos arqueológicos de lagares en San Juan de Aznalfarache datados en el siglo III a. C., pero es con el Imperio Romano cuando se generaliza la producción y el consumo se convierte en signo de civilización. Durante todos los años que Sevilla fue romana el vino fue un elemento de desarrollo. Los visigodos protegieron esa riqueza, y aunque en la época musulmana el consumo e incluso el cultivo de la vid estuvieron generalmente prohibidos, la tradición se mantuvo.

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