El PSOE andaluz aparca sus traumas y afronta las municipales de 2023 como una cita para levantar la moral de su tropa

Antonio Morente

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Las elecciones andaluzas del 19J dejaron a un PP afincado en una sólida y demoledora mayoría absoluta de 58 diputados, casi el doble que los 30 del PSOE fruto de una diferencia entre ambos de 700.000 votos. Y como dicen que una imagen vale más que mil palabras, no hay prueba gráfica más contundente que ese mapa de Andalucía teñido prácticamente de azul, reflejo de que los populares se impusieron en 567 de los 785 municipios andaluces frente a los 205 del PSOE, los 11 de Por Andalucía y los dos de Ciudadanos. Estos datos, a poco menos de un año de los comicios municipales, podrían interpretarse como que el dibujo local se prepara para dar un giro brusco el 28 de mayo de 2023, aunque los socialistas andaluces están convencidos de que será justo al revés: el mapa volverá a ser rojo y los resultados serán un “baño de autoestima” para un partido necesitado de alegrías, y con urgencia.

La debacle electoral devuelve al PSOE andaluz a la pugna entre sanchistas y susanistas y agrava su crisis de identidad

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Al margen de la protocolaria afirmación de que los procesos electorales no son comparables entre sí, lo cierto es que hay coincidencia en que los comicios municipales son los que se rigen por unas reglas más especiales. “La gente es más lista de lo que parece y distingue mucho entre unas elecciones y otras”, apunta un alcalde socialista, que descarta un terremoto azul en las alcaldías. Los del puño y la rosa ganaron en 2019 en 469 localidades y, tras los pactos de rigor, empezaron el mandato municipal gobernando en 458, una cifra que ha ido fluctuando durante estos más de tres años, en los que los cambios de color más simbólicos se han producido en Granada (de Ciudadanos al PSOE) y en Torremolinos (del PSOE al PP).

“Lo del 19J fue un palo muy gordo, pero lo que viene ahora es distinto”, apunta otro regidor socialista. Por lo pronto, es al PSOE al que le toca en la mayoría de los casos “hacerse un Juanma Moreno”: apostar por la marca personal de su candidato, exhibir gestión y asumir ese papel de centralidad que tan bien le fue al presidente andaluz. “El voto útil ahora es el nuestro”, se resalta, tanto para darle continuidad a proyectos como para frenar a un Vox que, no obstante, hay coincidencia en que no ha encontrado todavía el tono de la política local por mucho que anuncie su intención de presentar candidatos en los 785 municipios andaluces.

Centralidad e inflación

Entre regidores y dirigentes socialistas hay varias coincidencias a la hora de valorar la situación de cara a las municipales y agarrarse así a un optimismo del que el PSOE andaluz no anda sobrado. Por un lado, y estableciendo esa comparación con las autonómicas, “la centralidad ahora es el PSOE”, lo que por lo pronto puede conllevar que los votantes de Ciudadanos (que todavía no sabe ni con qué siglas concurrirá) no se vayan tan en masa al PP como el 19J. Por otro, se da por hecho que la inflación, uno de los factores que más pudieron influir en los últimos comicios, estará mucho más controlada cuando llegue la cita con las urnas, lo que minimizaría el riesgo de un voto de cabreo.

Y si el encarecimiento de la vida tuvo su impacto el 19J, no son pocos los que admiten que la sombra nacional del PSOE ayudó más bien poco. La diferencia es que en unas municipales no es habitual el desembarco ni del presidente ni de sus ministros, que en todo caso se podrían asomar a alguna gran capital. Ahora es el momento de apoyarse en la marca personal de los alcaldes, que atraen un voto transversal con más facilidad que en otros comicios, y para ello la receta no es ningún secreto: “Toca patearse las calles, visitar los barrios y reunirse con los colectivos”.

Esto es de primero de política municipal, pero es que no hay otra fórmula. “La oposición no gana elecciones, las pierde el gobierno”, rememora otro regidor, una afirmación clásica que en Andalucía tiene su reflejo más reciente en las autonómicas de 2018 en las que el PSOE de Susana Díaz se impuso pero no logró retener el Gobierno andaluz tras 37 años. En este sentido, ¿la dura derrota de Juan Espadas podría reabrir heridas y cuestionar el liderazgo del secretario general andaluz? Aquí también hay unanimidad en la coincidencia: no.

Al margen de repetirse que el proyecto de Espadas lleva pocos meses de rodaje, se apela al más puro sentido común para no volver a abrir el partido en canal de cara a un 2023 en el que no sólo tocan municipales, sino también generales. “Sería una temeridad”, apunta una voz; “eso no toca”, reitera otra; “sería ir en contra de nosotros mismos”, apostilla una tercera opinión. Eso sí, todos están expectantes ante cómo se va a desempeñar el PSOE en el Parlamento andaluz, porque lo que tienen claro es que hay que darle un giro completo a la labor de oposición durante la pasada legislatura. “Ni Moreno ni el PP sufrieron ningún desgaste”, se reconoce en este sentido.

“La fuerza del PSOE andaluz es municipal”

En las municipales de 2019 el PSOE venía del fracaso del millón de votos en las autonómicas, al que se le dio la vuelta en las elecciones generales de abril (más de millón y medio de sufragios) y en las municipales de mayo, con más de 1,4 millones de apoyos que se tradujeron en 4.209 concejales frente a los 2.486 del PP. Ahora el punto de partida son los 883.000 votos del 19J, el peor resultado del PSOE en Andalucía en toda su historia, y aún así se confía en una resurrección similar a la de 2019.

Los socialistas asumen que los populares pueden sumar alguna alcaldía más a rebufo del 19J, pero nada que se acerque a una traslación de lo ocurrido en las autonómicas, empezando porque sus estructuras todavía flaquean en algunas provincias e incluso suele tener problemas para presentar candidatos en algunos municipios. La gran fuerza del PP está en el voto urbano (en 2019 ganó en 14 de las 29 localidades mayores de 50.000 habitantes), pero sigue chocando en el ámbito rural. ¿Resultado? Al margen de gobernar en el 58% de los municipios andaluces, el PSOE controla seis diputaciones provinciales frente a las dos del PP, Almería y Málaga.

“El verdadero poder, la verdadera fuerza del PSOE andaluz es municipal”, incide un alcalde, y precisamente hacer un partido más municipalista es lo que ha prometido un Juan Espadas que, se da por hecho, hará ajustes en algunas candidaturas, de las que se caerá algún que otro susanista. Está por ver qué ocurre a la izquierda del PSOE, cuáles son las marcas que finalmente se presentan en el ámbito local. Preocupa, y mucho, la abstención sobre todo en los barrios de rentas más bajas de las grandes ciudades, algo de lo que –en una interpretación cuanto menos curiosa– el propio Espadas responsabiliza al Gobierno andaluz. Y se presupone que la lucha por ganar en algunas capitales será a cara de perro, pero con todas estas cartas sobre la mesa las municipales de 2023 no se perciben a día de hoy con angustia porque, más que como una reválida a vida o muerte, se ven como una oportunidad para levantar el estado de ánimo de la alicaída tropa socialista.

Las elecciones andaluzas del 19J dejaron a un PP afincado en una sólida y demoledora mayoría absoluta de 58 diputados, casi el doble que los 30 del PSOE fruto de una diferencia entre ambos de 700.000 votos. Y como dicen que una imagen vale más que mil palabras, no hay prueba gráfica más contundente que ese mapa de Andalucía teñido prácticamente de azul, reflejo de que los populares se impusieron en 567 de los 785 municipios andaluces frente a los 205 del PSOE, los 11 de Por Andalucía y los dos de Ciudadanos. Estos datos, a poco menos de un año de los comicios municipales, podrían interpretarse como que el dibujo local se prepara para dar un giro brusco el 28 de mayo de 2023, aunque los socialistas andaluces están convencidos de que será justo al revés: el mapa volverá a ser rojo y los resultados serán un “baño de autoestima” para un partido necesitado de alegrías, y con urgencia.

La debacle electoral devuelve al PSOE andaluz a la pugna entre sanchistas y susanistas y agrava su crisis de identidad

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Al margen de la protocolaria afirmación de que los procesos electorales no son comparables entre sí, lo cierto es que hay coincidencia en que los comicios municipales son los que se rigen por unas reglas más especiales. “La gente es más lista de lo que parece y distingue mucho entre unas elecciones y otras”, apunta un alcalde socialista, que descarta un terremoto azul en las alcaldías. Los del puño y la rosa ganaron en 2019 en 469 localidades y, tras los pactos de rigor, empezaron el mandato municipal gobernando en 458, una cifra que ha ido fluctuando durante estos más de tres años, en los que los cambios de color más simbólicos se han producido en Granada (de Ciudadanos al PSOE) y en Torremolinos (del PSOE al PP).

“Lo del 19J fue un palo muy gordo, pero lo que viene ahora es distinto”, apunta otro regidor socialista. Por lo pronto, es al PSOE al que le toca en la mayoría de los casos “hacerse un Juanma Moreno”: apostar por la marca personal de su candidato, exhibir gestión y asumir ese papel de centralidad que tan bien le fue al presidente andaluz. “El voto útil ahora es el nuestro”, se resalta, tanto para darle continuidad a proyectos como para frenar a un Vox que, no obstante, hay coincidencia en que no ha encontrado todavía el tono de la política local por mucho que anuncie su intención de presentar candidatos en los 785 municipios andaluces.

Centralidad e inflación

Entre regidores y dirigentes socialistas hay varias coincidencias a la hora de valorar la situación de cara a las municipales y agarrarse así a un optimismo del que el PSOE andaluz no anda sobrado. Por un lado, y estableciendo esa comparación con las autonómicas, “la centralidad ahora es el PSOE”, lo que por lo pronto puede conllevar que los votantes de Ciudadanos (que todavía no sabe ni con qué siglas concurrirá) no se vayan tan en masa al PP como el 19J. Por otro, se da por hecho que la inflación, uno de los factores que más pudieron influir en los últimos comicios, estará mucho más controlada cuando llegue la cita con las urnas, lo que minimizaría el riesgo de un voto de cabreo.

Y si el encarecimiento de la vida tuvo su impacto el 19J, no son pocos los que admiten que la sombra nacional del PSOE ayudó más bien poco. La diferencia es que en unas municipales no es habitual el desembarco ni del presidente ni de sus ministros, que en todo caso se podrían asomar a alguna gran capital. Ahora es el momento de apoyarse en la marca personal de los alcaldes, que atraen un voto transversal con más facilidad que en otros comicios, y para ello la receta no es ningún secreto: “Toca patearse las calles, visitar los barrios y reunirse con los colectivos”.

Esto es de primero de política municipal, pero es que no hay otra fórmula. “La oposición no gana elecciones, las pierde el gobierno”, rememora otro regidor, una afirmación clásica que en Andalucía tiene su reflejo más reciente en las autonómicas de 2018 en las que el PSOE de Susana Díaz se impuso pero no logró retener el Gobierno andaluz tras 37 años. En este sentido, ¿la dura derrota de Juan Espadas podría reabrir heridas y cuestionar el liderazgo del secretario general andaluz? Aquí también hay unanimidad en la coincidencia: no.

Al margen de repetirse que el proyecto de Espadas lleva pocos meses de rodaje, se apela al más puro sentido común para no volver a abrir el partido en canal de cara a un 2023 en el que no sólo tocan municipales, sino también generales. “Sería una temeridad”, apunta una voz; “eso no toca”, reitera otra; “sería ir en contra de nosotros mismos”, apostilla una tercera opinión. Eso sí, todos están expectantes ante cómo se va a desempeñar el PSOE en el Parlamento andaluz, porque lo que tienen claro es que hay que darle un giro completo a la labor de oposición durante la pasada legislatura. “Ni Moreno ni el PP sufrieron ningún desgaste”, se reconoce en este sentido.

“La fuerza del PSOE andaluz es municipal”

En las municipales de 2019 el PSOE venía del fracaso del millón de votos en las autonómicas, al que se le dio la vuelta en las elecciones generales de abril (más de millón y medio de sufragios) y en las municipales de mayo, con más de 1,4 millones de apoyos que se tradujeron en 4.209 concejales frente a los 2.486 del PP. Ahora el punto de partida son los 883.000 votos del 19J, el peor resultado del PSOE en Andalucía en toda su historia, y aún así se confía en una resurrección similar a la de 2019.

Los socialistas asumen que los populares pueden sumar alguna alcaldía más a rebufo del 19J, pero nada que se acerque a una traslación de lo ocurrido en las autonómicas, empezando porque sus estructuras todavía flaquean en algunas provincias e incluso suele tener problemas para presentar candidatos en algunos municipios. La gran fuerza del PP está en el voto urbano (en 2019 ganó en 14 de las 29 localidades mayores de 50.000 habitantes), pero sigue chocando en el ámbito rural. ¿Resultado? Al margen de gobernar en el 58% de los municipios andaluces, el PSOE controla seis diputaciones provinciales frente a las dos del PP, Almería y Málaga.

“El verdadero poder, la verdadera fuerza del PSOE andaluz es municipal”, incide un alcalde, y precisamente hacer un partido más municipalista es lo que ha prometido un Juan Espadas que, se da por hecho, hará ajustes en algunas candidaturas, de las que se caerá algún que otro susanista. Está por ver qué ocurre a la izquierda del PSOE, cuáles son las marcas que finalmente se presentan en el ámbito local. Preocupa, y mucho, la abstención sobre todo en los barrios de rentas más bajas de las grandes ciudades, algo de lo que –en una interpretación cuanto menos curiosa– el propio Espadas responsabiliza al Gobierno andaluz. Y se presupone que la lucha por ganar en algunas capitales será a cara de perro, pero con todas estas cartas sobre la mesa las municipales de 2023 no se perciben a día de hoy con angustia porque, más que como una reválida a vida o muerte, se ven como una oportunidad para levantar el estado de ánimo de la alicaída tropa socialista.

Las elecciones andaluzas del 19J dejaron a un PP afincado en una sólida y demoledora mayoría absoluta de 58 diputados, casi el doble que los 30 del PSOE fruto de una diferencia entre ambos de 700.000 votos. Y como dicen que una imagen vale más que mil palabras, no hay prueba gráfica más contundente que ese mapa de Andalucía teñido prácticamente de azul, reflejo de que los populares se impusieron en 567 de los 785 municipios andaluces frente a los 205 del PSOE, los 11 de Por Andalucía y los dos de Ciudadanos. Estos datos, a poco menos de un año de los comicios municipales, podrían interpretarse como que el dibujo local se prepara para dar un giro brusco el 28 de mayo de 2023, aunque los socialistas andaluces están convencidos de que será justo al revés: el mapa volverá a ser rojo y los resultados serán un “baño de autoestima” para un partido necesitado de alegrías, y con urgencia.

La debacle electoral devuelve al PSOE andaluz a la pugna entre sanchistas y susanistas y agrava su crisis de identidad

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Al margen de la protocolaria afirmación de que los procesos electorales no son comparables entre sí, lo cierto es que hay coincidencia en que los comicios municipales son los que se rigen por unas reglas más especiales. “La gente es más lista de lo que parece y distingue mucho entre unas elecciones y otras”, apunta un alcalde socialista, que descarta un terremoto azul en las alcaldías. Los del puño y la rosa ganaron en 2019 en 469 localidades y, tras los pactos de rigor, empezaron el mandato municipal gobernando en 458, una cifra que ha ido fluctuando durante estos más de tres años, en los que los cambios de color más simbólicos se han producido en Granada (de Ciudadanos al PSOE) y en Torremolinos (del PSOE al PP).

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