Andalucía resucita al torillo, el ave que se extinguió sin que nadie se diera cuenta
“Entre los ornitólogos era un ave mítica porque nadie la había visto, era el unicornio de los pájaros”. Hablamos del torillo andaluz, un pequeño pájaro similar a la codorniz del que se tuvo noticia por última vez en 1981, cuando unos cazadores abatieron un ejemplar en Doñana. Desde entonces, nada de nada hasta que oficialmente se le dio por extinguido en 2018. Pero ahora, el descubrimiento en 2009 de una colonia en Marruecos ha permitido importar 18 ejemplares como núcleo fundacional de un proyecto de recuperación similar al del lince. Y acaba de dar sus primeros resultados: ya nacieron los primeros seis pollitos andaluces en el Centro de Conservación de la Biodiversidad Zoobotánico de Jerez.
Lo del unicornio de los pájaros lo dice Carlos Gutiérrez, ornitólogo que hizo su tesis sobre esta desconocida ave que, resalta, lleva el apellido andaluz se hable español, inglés, alemán o francés. Está considerado el máximo experto en este pájaro, a lo que alega que es que él fue “el único loco que se metió en eso”, en intentar localizar al torillo. Se llevó tres años (entre 2005 y 2008) “sin parar de buscar” y pateándose por encargo de la Junta 7.000 hectáreas con los mejores perros de caza para encontrar su rastro, pero nada de nada.
Pese a todo, se considera que pudo estar por Andalucía hasta los 90, pero si fue así, nadie lo vio. El certificado de defunción llegó vía BOE en 2018, cuando casi nadie se había enterado de su extinción.
El macho, encargado de la prole
Esto último “no es tan así”, rebate al periodista el ambientólogo y conservacionista Javier Salcedo, que argumenta que es verdad que “el conjunto de la sociedad no lo conoce y no es tan llamativo como que desaparezca un lince”, aunque admite que cuando se dio por desaparecido “no salió la noticia por ningún lado, despertó poco interés”. Salcedo es ahora el responsable del plan para su recuperación, que lidera la Junta de Andalucía junto a otros actores entre los que están los gobiernos de España y de Marruecos, y es también el encargado de los proyectos para la supervivencia de otras dos especies muy significativas, el lince y el águila imperial.
Y antes de continuar, vamos con el porqué de ese nombre que parece venirle tan grande a un pajarito que pesa entre 60 y 70 gramos. Pues la cosa es tan sencilla como que la hembra emite un sonido similar al de un mugido, una particularidad más en una especie en la que los roles están invertidos con respecto a lo habitual en la naturaleza: es el macho en solitario el que se encarga de incubar los huevos y cuidar y alimentar a los polluelos. La hembra, además, es la que se esmera en buscar pareja, de ahí que sea de mayor tamaño y plumaje más vistoso.
Volvamos ahora a nuestros torillos jerezanos, que vinieron al mundo a mediados de octubre después de que sus padres llegaran desde Marruecos apenas un mes antes. “Se pueden reproducir de manera explosiva, como los ratones y los conejos”, apunta Carlos Gutiérrez. Todo lo que hace cada uno de estos “fundadores”, como los define la Junta de Andalucía, es una novedad para los investigadores, que no quitan ojo de sus baños de arena, sus cantos o las zonas que les gustan más dentro del recinto de cría.
Las urbanizaciones se comieron su hábitat
Pero surge una duda: si tienen tanta facilidad para reproducirse, ¿por qué se extinguieron? Pues básicamente porque se quedaron sin hábitat, ya que sus zonas preferidas han sido colonizadas por cultivos y, encima, les gustan las zonas costeras de una Andalucía en la que brotó una legión de urbanizaciones a pie de playa. Para más inri, fue presa de los cazadores por su parecido con la codorniz, factores que se juntaron para convertirla en la primera ave en desaparecer en Europa tras el adiós del alca gigante en 1844 en Escocia, en el Mar del Norte.
Y eso que nuestro protagonista hace todo lo posible para no llamar la atención. “El torillo no lo pone fácil, quiere pasar desapercibido”, señala Javier Salcedo, que define a este pájaro como “críptico, muy difícil de detectar y observar”. “Es un bicho muy discreto”, abunda Carlos Gutiérrez, quien tras años buscándolo en Andalucía supo por referencias y antiguas grabaciones de vídeo de una posible colonia en Marruecos, en un campo de calabazas, donde literalmente un ejemplar le saltó a los pies. “Llevaba 15 minutos hablando con el dueño del terreno y teníamos un nido a centímetros, ni nos dimos cuenta”.
Un núcleo a cada lado del Estrecho
Gutiérrez es consultor de la empresa Rifcon, que junto a la Fundación Migres ha participado en este proceso de reintroducción, “una de las actuaciones de conservación de fauna más relevantes del contexto internacional”, resalta el Gobierno andaluz. El camino no ha sido para nada fácil y ha incluido complejas negociaciones diplomáticas con Marruecos. Al final, todos ganan con este plan de reintroducción, ya que Andalucía recupera a un autóctono –el libro genealógico además estará centralizado en el Zoobotánico de Jerez– y al otro lado del Estrecho habrá un segundo núcleo de conservación ex situ en el Parque Zoológico de Aïn Sebaâ, en Casablanca.
Esto ayudará a sostener la colonia marroquí de la que salieron los padres de los polluelos jerezanos, muy a la baja en cuestión de años hasta el punto de que para ellos es también una operación de rescate in extremis. El periplo fue delicado al estar prohibida la exportación de huevos, así que –ya con todas las bendiciones diplomáticas– se envió una expedición desde Andalucía a localizar nidos, coger huevos e incubarlos hasta el nacimiento (ahí ya sí pudieron viajar con todos los cuidados del mundo) de los que han sido los 18 fundadores del núcleo andaluz.
La idea es repetir todo lo anterior al menos cuatro veces más, para aumentar la riqueza genética de los pollos andaluces. A partir de ahí, empezará otro momento delicado en el que ya se trabaja, como es encontrar un hábitat idóneo para su reintroducción en la naturaleza. “Estaban en Doñana, pero allí es muy difícil que vuelvan”, admite Javier Salcedo, que apunta a que el foco se pondrá en la costa atlántica, mientras que Carlos Gutiérrez señala que la cosa no es sencilla porque “vivimos donde vivían, las zonas buenas para ellos son buenas también para las urbanizaciones de playa”.
Del dibujo a lo digital
La experiencia ha demostrado que sabemos hacer linces, ¿ocurre lo mismo con los torillos? “Sabemos cosas, pero queda mucho por hacer”, reconoce Salcedo, que es el responsable de los programas de recuperación de ambas especies. “Ahora tenemos que generar conocimiento, porque necesitamos saber mucho más”.
“Criarlos puede ser fácil, lo difícil de verdad va a ser encontrarles un buen hábitat”, apostilla Gutiérrez, que defiende que el torillo tiene todo el derecho del mundo a ser rescatado por muy poca cosa que sea. “Es como el tornillo pequeño que sujeta el retrovisor, pero al final es una parte importante del coche”, por no hablar de que es un “indicador buenísimo de la calidad de los ecosistemas” y que es una criatura que llevaba millones de años en la Tierra “y nos la cargamos en menos de un siglo”.
¿Y cuándo sabremos si este pequeño repatriado arraiga en la que fue su casa? “En conservación no podemos ponernos plazos, serán los que tengan que ser porque las prisas no son buenas consejeras”, postula Javier Salcedo. En todo caso, resalta Carlos Gutiérrez, no es muy frecuente en la naturaleza disfrutar de esta “segunda oportunidad” que tiene este pequeño y misterioso pájaro, que fue grabado en vídeo por primera vez en 2011. “Es una especie de la que no hay fotografías analógicas, porque pasamos de los dibujos de ilustradores de finales del siglo XIX a las imágenes analógicas actuales”.