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Un bucle de casi 48 años

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Al consejero de Hacienda de Aragón, Roberto Bermúdez de Castro, le faltó tiempo para anunciar que no acudiría a la reunión a la que le había convocado el ministro de Hacienda, Arcadi España. Desde Génova habían decidido que ningún consejero de Hacienda de las comunidades autónomas que gobierna el PP acudiera a reuniones bilaterales sobre un asunto de interés general como lo es la reforma de la financiación autonómica que legalmente tendría que haberse revisado en 2014. Va con 12 años de retraso.

La negativa al diálogo y al acuerdo ha sido una constante durante toda la legislatura, se trate de una pandemia, de una catástrofe natural, de una guerra o de la distribución de menores inmigrantes, para no dar oxígeno o legitimidad, como se prefiera, al Gobierno de Pedro Sánchez. Aún menos en las actuales circunstancias de proximidad de las elecciones locales y autonómicas, y de actuaciones policiales y causas judiciales focalizadas en el PSOE, que una parte de la ciudadanía está percibiendo con doble rasero y velocidad.

El interés partidario ha primado sobre el interés general. El PP no ha presentado alternativa alguna a la propuesta que acordaron previamente el Gobierno de España y la Generalidad de Cataluña como se comprobó en la reciente intervención de Alberto Núñez Feijóo en Barcelona en unas Jornadas del Círculo de Economía.

En presencia de Feijóo, la presidenta del Círculo de Economía, Teresa García Milà, animó a los dos grandes partidos a alcanzar acuerdos en cuestiones estratégicas en el actual contexto internacional que exige visión a largo plazo y grandes consensos: “No se puede construir desde la confrontación permanente”.

El líder del PP continúa sin dar con la tecla con Cataluña y tampoco con Euskadi, atrapado entre el concepto de nación única, que patenta la Comunidad de Madrid por boca de Isabel Ayuso y José María Aznar, y los Gobiernos con Vox. Un partido este último que quiere desmontar el Estado de las Autonomías, ilegalizar a los partidos independentistas, relegar el euskera y el catalán, y que está señalando a los inmigrantes, y en general a los que no son blancos y cristianos, en “abierta colisión” con el Papa León XIV.

Resulta paradójico, permítaseme la ligereza, que en la Comunidad que tiene como una de sus referencias globales más potentes al Real Madrid, ningún jugador de este equipo vaya a jugar con la selección española el inmediato Mundial de fútbol. En la convocatoria definitiva, sí están ocho jugadores del Barcelona y dos de los mejores son hijos de la inmigración africana, Lamine Yamal y Nico Willians

La advertencia de Aznar de que están en grave riesgo la comunidad nacional y el sentimiento de pertenencia conecta directamente con el rechazo a la plurinacionalidad y al federalismo. Nación única. Un concepto que es santo y guía de la Comunidad de Madrid que se presenta como guardiana de las esencias del Estado, también del que actúa desde la sombra, localizado en una línea recta que va desde Atocha hasta la plaza de Castilla con sus consiguientes derivaciones.

Concepto que se exporta a las comunidades próximas a través de la financiación de soportes digitales y contertulios de trinchera política, y, en clave de guerra cultural, de programaciones taurinas en las teles autonómicas como la Feria de San Isidro.

Desde la redacción del artículo segundo de la Constitución camino de los 48 años, continúan enfrentados los conceptos del centralismo, del federalismo y del independentismo. En los últimos tiempos, más enconadamente que nunca. Finalmente, quedó así: “La Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles y reconoce y garantiza el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que la integran y la solidaridad entre todas ellas”. La solidaridad apareció al final.

Cataluña ha sido el primer interlocutor de la propuesta de financiación autonómica de la que el PP no quiere dialogar bilateralmente. En realidad, no quiere hablar de ningún modo hasta después de las elecciones generales. En el caso de Aragón, el acuerdo se simplifica en 630 millones de euros más de aportación del Estado y en una quita de 2.124 millones de euros de deuda del Fondo de Liquidez Autonómica.

Pero es que Cataluña también fue el primer interlocutor para el presidente Aznar y su ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, cuando en 2001 pactaron bilateralmente con Jordi Pujol un nuevo modelo de financiación autonómica que se aplicó a todas las comunidades autónomas de régimen común que, por ejemplo, pasaron a gestionar el 30 por ciento de la recaudación del IRPF. Ese acuerdo fue la continuidad del Pacto del Majestic que había llevado a Aznar a la Moncloa con los votos de Convergència i Unió.

Lo dicho: casi 48 años después de aprobarse la Constitución la organización del Estado continúa inacabada, los españoles estamos cada vez más polarizados y la política representativa en una crisis más profunda que está radicalizando a los electores.

Como mantiene el primer presidente autonómico de Aragón, Santiago Marraco: “falta una definición constitucional de los procedimientos de coordinación, con efectos de obligatoriedad para todas las partes, que forman parte intrínseca de los Estados Federales”. Corresponsabilidad obligatoria en los asuntos de interés general. Por su convicción federalista, él y su Gobierno siempre estuvieron en el punto de mira de Ferraz entre 1983 y 1987.