No olvides sacar la basura
Sale caro dar la cara. Hace unos días, la politóloga oscense Carmen Lumbierres participó en un programa de radio a nivel nacional con motivo de las elecciones en Aragón. Una opinión bien argumentada –que se puede compartir o no– sobre la necesidad de invertir más en las infraestructuras ferroviarias desató en redes sociales una catarata de miles de mensajes con insultos, injurias, amenazas de agresiones físicas y hasta deseos de muerte. Cinco minutos de argumentación. Más de 2.000 post de infamia.
Muchos de esos mensajes llegan directamente al buzón de Lumbierres, a una cuenta con nombre y apellidos, de una persona a la que se puede identificar perfectamente en su perfil o en cualquier búsqueda en internet. Lo que no es tan sencillo es conocer la identidad de quienes profieren amenazas graves contra ella. En la mayoría de los casos esas cuentas no tienen ni la foto ni el nombre del autor de semejantes barrabasadas. El anonimato es la catapulta perfecta para el odio y el cobarde se maneja bien allí.
Desplegar los mensajes de casi cualquier noticia no es el peor lugar al que asomarse hoy en las redes. Grok, la IA de X, la red de Elon Musk, permite crear imágenes sexualizadas de personas sin su consentimiento. Es capaz de desvestirlas o ponerlas en posturas sexuales. Según 'The New York Times' y el Centro para Contrarrestar el Odio Digital (CCDH), X ha compartido unas 190 imágenes sexualizadas por minuto generadas en 11 días (del 29 de diciembre al 8 de enero) y más de 23.000 son de menores. La Fiscalía francesa ha registrado esta semana la sede de X en París y ha citado a declarar a Musk mientras se investigan delitos sobre la complicidad en la posesión de imágenes de menores de carácter pedopornográfico o la manipulación de algoritmos para la injerencia extranjera.
Parte de la ingente cantidad de imágenes de pornografía infantil que circulan por la red se obtienen también a través del 'grooming', una forma de engaño digital en la que el adulto oculta que lo es y se gana la confianza del menor a través de las redes sociales para conseguir imágenes, captarlo para la prostitución o abusar de él. El material se comparte, por ejemplo, en grupos de Telegram en los que participan miles de usuarios de varios países. Hace seis meses Francia imputó al dueño de esa plataforma, Pável Dúrov, en una investigación que acumula 12 delitos sobre transacciones ilícitas, pornografía infantil, fraude y negativa a comunicar información a las autoridades. Está en libertad bajo fianza.
Francia y España lideran la iniciativa para restringir el acceso a las redes a menores de edad –de 16 en el caso de España, 15 en el de Francia–, los 'deepfakes' (fotos, vídeos o audios modificados con IA) o la manipulación del algoritmo. Porque poco o nada de lo que articula esas plataformas es inocente. Lo que te ofrecen no se basa en tus gustos sino en sus intereses. Ya saben, si algo es gratis el producto eres tú. La posibilidad de perder ese público ha enfurecido a los megamillonarios Musk y Pável. Un tesoro demasiado valioso. El hombre más rico del mundo ha ilustrado su ira hacia el presidente del Gobierno de España con el que podría ser sin duda el logo de su corporación: el emoticono de la caca. Al fin y al cabo, ¿en qué se ha convertido esa red social sino en un pozo de mierda? Que se lo digan a Lumbierres. Así que a estas alturas de la película lo mejor que pude hacer uno es sacar la basura de su propia casa, desinstalar esas aplicaciones y dejar de ser útiles a quienes están emponzoñando el precioso mundo en el que vivimos.