Huesca se llena de biogás: 31 plantas en tramitación convierten a la provincia en uno de los mayores focos nacionales
Cuando la planta de biogás de Zaidín empezó a funcionar en marzo de 2024 parecía una excepción. Dos años después, el Alto Aragón se ha convertido en el principal foco de expansión del biometano en Aragón. El Instituto Aragonés de Gestión Ambiental (INAGA) tramita actualmente 31 proyectos en la provincia, una cifra que por sí sola supera las previsiones que el Plan Energético de Aragón Horizonte 2030 manejaba para toda la comunidad autónoma. Esto convierte a la provincia en uno de los territorios en los que más expansión experimenta esta industria.
La dimensión del fenómeno queda reflejada en los datos recopilados por el Gobierno de Aragón. De los aproximadamente 75 proyectos de biogás y biometano registrados en distintas fases de tramitación en la comunidad autónoma, 31 se localizan en territorio altoaragonés. La cifra supone cerca de la mitad del total de la comunidad y sitúa a la provincia como el principal laboratorio de una tecnología que aspira a transformar residuos ganaderos y agroalimentarios en gas renovable.
El crecimiento resulta especialmente significativo porque rompe las previsiones oficiales realizadas hace apenas unos años. El Plan Energético de Aragón contemplaba la implantación de entre 17 y 19 plantas en toda la comunidad para el horizonte de 2030. Hoy, Huesca por sí sola ya supera ampliamente esas estimaciones.
La explicación se encuentra en una combinación de factores. Aragón dispone de una de las mayores cabañas ganaderas de España, especialmente en el sector porcino. A ello se suma una potente industria agroalimentaria y la existencia de grandes volúmenes de residuos orgánicos susceptibles de ser aprovechados energéticamente. Además, el impulso europeo al biometano tras la crisis energética derivada de la invasión rusa de Ucrania ha convertido esta tecnología en una de las grandes apuestas de la transición energética.
Las plantas proyectadas comparten un mismo esquema de funcionamiento. Utilizan purines, estiércoles y residuos agroalimentarios como materia prima. Mediante un proceso denominado digestión anaerobia, esos residuos generan biogás. Posteriormente, el gas se depura hasta obtener biometano, un combustible renovable con características similares a las del gas natural convencional y que puede inyectarse en la red gasista.
La disponibilidad de residuos explica que buena parte de las iniciativas se concentren en comarcas con una elevada actividad ganadera como La Litera, Bajo Cinca, Los Monegros, el Somontano o la Hoya de Huesca.
Las empresas promotoras defienden estas instalaciones como una herramienta de economía circular. En abril de 2025, durante un foro agroalimentario celebrado en Aragón, la directora de Comunicación y Sostenibilidad de IAM Carbonzero, Miriam G. Armesto, resumía esa visión: “No hablamos solo de producir energía, sino de mejorar los suelos, proteger los acuíferos y gestionar residuos mediante economía circular”.
Ese planteamiento aparece de forma recurrente en las memorias técnicas presentadas ante la administración. El objetivo es convertir residuos que actualmente generan costes de gestión en recursos capaces de producir energía y fertilizantes.
Zaidín, la referencia que abrió el camino
La principal instalación operativa de la provincia se encuentra en Zaidín. Gestionada por el grupo Griñó, tiene capacidad para tratar unas 205.000 toneladas anuales de residuos procedentes de explotaciones ganaderas, industrias agroalimentarias y actividades agrícolas. Su historia refleja también la complejidad administrativa de este tipo de infraestructuras. Las instalaciones llevaban años construidas cuando finalmente comenzaron a funcionar en marzo de 2024. Durante ese tiempo se sucedieron distintas fórmulas de gestión y procedimientos administrativos hasta que la planta pudo entrar en explotación.
La instalación se ha convertido en la principal referencia del sector en Aragón. Su funcionamiento es observado con atención tanto por las empresas que impulsan nuevos proyectos como por las administraciones encargadas de evaluar los expedientes que continúan llegando al INAGA.
El mapa del biogás se extiende ya por buena parte de la provincia. Entre los proyectos más avanzados destacan las iniciativas promovidas por Glide Energy en Candasnos y Esquedas. Ambos fueron declarados de interés autonómico por el Gobierno de Aragón dentro de una inversión conjunta próxima a los 87 millones de euros.
La planta prevista en Candasnos contempla el tratamiento de unas 184.500 toneladas anuales de residuos orgánicos para producir biometano, fertilizantes y dióxido de carbono biogénico. El proyecto forma parte de una estrategia empresarial basada en el aprovechamiento de residuos ganaderos y agrícolas de la zona sureste de la provincia.
En Esquedas, a escasos kilómetros de la capital oscense, se proyecta otra instalación de características similares. La cercanía a Huesca ha contribuido a aumentar la visibilidad pública del proyecto y a situar el debate sobre el biometano en el entorno de la ciudad.
A estos expedientes se suman otros promovidos en municipios como Vencillón, San Esteban de Litera, Esplús, Barbastro o Loporzano. Algunos se encuentran todavía en fases iniciales de evaluación ambiental. Otros ya han pasado por periodos de información pública y esperan nuevas autorizaciones administrativas. La propia documentación autonómica permite observar que las iniciativas se distribuyen principalmente por las comarcas donde existe una mayor concentración de actividad ganadera, especialmente porcina.
Inversiones millonarias para el medio rural
La dimensión económica constituye uno de los principales argumentos utilizados por las empresas promotoras. Las memorias técnicas contemplan inversiones que en muchos casos superan los diez millones de euros por instalación. Algunos de los proyectos de mayor tamaño se acercan a los treinta millones. La planta promovida por Columbus Biogás en Esplús prevé una inversión aproximada de diez millones de euros. Por su parte, el proyecto impulsado en San Esteban de Litera forma parte de un paquete inversor superior a los sesenta millones de euros respaldado por el Ejecutivo autonómico.
En los acuerdos de declaración de interés autonómico, el Gobierno de Aragón destaca también la capacidad de estas instalaciones para generar actividad económica en municipios rurales. En el caso de las plantas promovidas por Glide Energy, la administración autonómica estimó la creación de 36 empleos directos y 105 indirectos durante la fase de explotación.
El elevado número de proyectos registrados no significa que todos vayan a convertirse en realidad. La experiencia acumulada durante los últimos años demuestra que la distancia entre la presentación de un expediente y la entrada en funcionamiento de una planta suele ser considerable. Los proyectos deben superar procedimientos ambientales, autorizaciones urbanísticas, informes sectoriales y, en muchos casos, nuevas infraestructuras asociadas al transporte del gas.
La planta de Zaidín constituye un ejemplo paradigmático de esos plazos. Aunque las instalaciones estaban terminadas desde años antes, no comenzaron a operar hasta 2024. Actualmente, según los datos facilitados por el Gobierno de Aragón, trece de los 31 expedientes identificados en Huesca han alcanzado ya fases de información pública o las han superado. Los dieciocho restantes continúan en distintas etapas previas de tramitación.
Esa situación explica que resulte difícil anticipar cuántas de las iniciativas anunciadas llegarán finalmente a construirse. Aunque buena parte del debate se desarrolla en el ámbito administrativo, algunos proyectos han generado una notable movilización social. Los casos más visibles son los de Barbastro y Loporzano. En ambos municipios se han constituido plataformas ciudadanas y se han presentado alegaciones durante los procedimientos ambientales. En Barbastro, vecinos y colectivos locales han expresado sus dudas sobre la ubicación elegida y sobre las consecuencias derivadas del transporte de residuos.
Contestación ciudadana
La contestación ciudadana continúa organizándose en la Hoya de Huesca. Vecinos de Loporzano, Tierz, Siétamo y Quicena han constituido recientemente la asociación vecinal Estrecho Quinto, una plataforma creada para defender el territorio, el medio ambiente y la calidad de vida de los pueblos afectados por los proyectos industriales de biogás. La entidad surgió tras conocerse en enero el proyecto de instalación de una planta industrial en Loporzano y fija como primer objetivo la paralización de esta infraestructura.
Sus integrantes sostienen que el número de proyectos previstos en Aragón podría exceder las necesidades reales de gestión de residuos del territorio y denuncian la ausencia de una regulación autonómica específica que ordene el despliegue de estas instalaciones. Además, reclaman una mayor participación vecinal en la toma de decisiones y consideran que los municipios afectados deben tener más capacidad para evaluar el impacto acumulado de unas infraestructuras que, aunque se presentan como una solución para la valorización de residuos, están generando un creciente debate social en numerosas zonas rurales de España.
La cuestión ha llegado también al debate político. El concejal socialista en el Ayuntamiento de Huesca Fernando Sarasa advertía recientemente de la necesidad de ordenar el despliegue de estas instalaciones y señalaba que “estamos hablando de instalaciones que pueden afectar directamente al día a día de nuestros vecinos. No es un debate lejano ni teórico”.
La situación que vive Huesca encuentra paralelismos en otros territorios con una importante actividad ganadera, aunque pocas provincias concentran tantos proyectos en tan poco espacio. Castilla y León se ha convertido en la comunidad autónoma con mayor desarrollo previsto del sector, superando el centenar de iniciativas en distintas fases de tramitación, especialmente en provincias como Zamora, Valladolid, Segovia o Soria.
En Zamora, donde se acumulan más de una veintena de proyectos, la expansión del biogás ha provocado una fuerte movilización vecinal y la aparición de plataformas ciudadanas que reclaman una planificación más estricta. También Cataluña está experimentando un crecimiento notable, sobre todo en la provincia de Lleida, donde la elevada concentración de explotaciones porcinas ha favorecido la llegada de numerosas iniciativas vinculadas al biometano.
En Castilla-La Mancha destacan los proyectos promovidos en Toledo, Cuenca y Ciudad Real, mientras que en Andalucía el desarrollo se concentra principalmente en Sevilla, Córdoba y Jaén. Sin embargo, los 31 proyectos que actualmente tramita el INAGA en la provincia de Huesca convierten al Alto Aragón en uno de los territorios con mayor densidad de iniciativas de toda España, una cifra que supera el volumen total registrado en muchas provincias españolas y que explica la creciente preocupación social que ha comenzado a surgir en distintos municipios altoaragoneses.