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PP y PSOE rompen las normas y entran en la crisis del Partido Regionalista Aragonés (PAR)

ElDiarioAragón

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Existe una norma no escrita por la que los partidos políticos no suelen entrar en las crisis internas de sus adversarios. Será por el refrán de que entre bomberos no se pisan la manguera, o tal vez por aquel que dice que cuando veas las barbas de tu vecino pelar… Pero esta ley tácita no se está cumpliendo en el caso de la crisis interna abierta en el PAR, tal vez la más grave en sus 45 años de historia, tras el fallo de la Justicia en la que se declaraba nulo el último congreso en el que salió reelegido Arturo Aliaga porque, según la sentencia, se produjeron varias irregularidades en el censo de afiliados, la designación de compromisarios y el escrutinio. 

En este caso, el PP y el PSOE han participado activamente de la crisis de un partido que ha ejercido tradicionalmente el papel de comodín para formar los sucesivos gobiernos autonómicos. Los primeros tratan de apuntillar al todavía presidente de los aragonesistas al que no le perdonan que en 2019 optara por pactar con tres formaciones de izquierdas en lugar de con los conservadores.  Los segundos quieren reforzar la posición de un debilitado y muy cuestionado líder del PAR, al que necesitan como puntal principal del pacto de Gobierno que el PSOE mantiene con él y con CHA y Podemos, que han mantenido un significativo silencio en público. 

En la estrategia del PP bien se podría aplicar otro refrán, el de a río revuelto, ganancia de pescadores. Los populares se han marcado como objetivo principal recuperar la Presidencia del Gobierno de Aragón, pero saben que no va a ser una empresa fácil. Y en el caso, más factible, de que fueran la fuerza más votada, necesitarán socios para sumar los 34 escaños que dan la mayoría en las Cortes de Aragón. En 40 años de elecciones, ningún partido ha podido sumarlos por sí solo en el Parlamento más fragmentado del país, en el que las mayorías absolutas siempre han sido ajustadísimas y solo mediante pactos a varias bandas. En estos momentos, con la casi segura desaparición de Ciudadanos, el PP solo tendría como aliado a priori menos deseado a Vox, y no parece que la suma de ambos sea suficiente para alcanzar el Pignatelli. Por tanto, necesitan al PAR y saben que con Arturo Aliaga al frente es algo prácticamente imposible, habida cuenta de que el pacto con Javier Lambán está prácticamente amarrado a perpetuidad. La circunstancia sería bien distinta en el caso de que el sector crítico del PAR -que a la vista del resultado del congreso ahora declarado nulo, podría ser mayoritario en el partido- lograra vencer en el nuevo congreso, convocado para el 25 de enero del próximo año.

Por este motivo, el PP ha emprendido una campaña dura contra Aliaga. Primero fue el presidente de los populares, al considerar que Aliaga debería abandonar el Gobierno de Aragón por “tramposo”. Después, ha sido el grupo parlamentario popular el que ha solicitado un pleno extraordinario en las Cortes para reprobar al también vicepresidente del Gobierno aragonés, en una serie de comparecencias en la que no escatimaron calificativos negativos hacia su figura. Además de aprovecharse de una situación que compromete claramente el futuro político de Aliaga, también hay una parte de vendetta, ya que los populares no perdonan a Aliaga que en el verano de 2019 optara por un pacto con Lambán en lugar del que daba la mayoría al PP a través de un cuatripartito bien distinto al que gobierna actualmente y que también debía contar con el apoyo de Ciudadanos y Vox para llevarse a cabo. La aritmética electoral entonces fue una vez más perversa y no atendía a otras sumas menos endiabladas. Hay una circunstancia que es llamativa: el mayor defensor del acuerdo del PAR con el PSOE fue el expresidente de los aragonesistas José Ángel Biel, que participó activamente de las negociaciones con Lambán para sellar este pacto. Tres años después, Biel es el mayor opositor de Aliaga y también desde la sombra maniobra para ayudar al final político de Aliaga e incluso propiciar un viraje del PAR hacia el PP, cuyo máximo responsable no ha tenido ningún reparo en participar en homenajes públicos a figuras históricas del PAR en actos que se convirtieron en auténticos aquelarres contra Aliaga. La presencia de Azcón, afeada por la actual dirección del PAR, fue un claro guiño de este hacia los partidarios de la “refundación” del PAR, que es parecido a decir un cambio del partido en su política de alianzas, en este caso escoradas a la derecha. Porque Azcón sabe que necesita ganarse aliados si el PP quiere volver a gobernar, y con un Ciudadanos en claro declive y un Vox que no parece que vaya a ser decisivo en los resultados, está incrementando sus guiños a formaciones que posiblemente serán decisivas en la configuración de mayorías, como es el caso del PAR y también de Teruel Existe. Y dada su astucia política, no está escatimando esfuerzos en ganarse a ambas formaciones, que a priori tendrán que tomar decisiones importantes el 29 de mayo.

Las maniobras de Biel, por otra parte, no son nada nuevas en la carrera política del histórico dirigente aragonesista, quien ya en el pasado no tuvo ningún reparo en abandonar su acuerdo con el PSOE de Marcelino Iglesias para pactar con el PP de Luisa Fernanda Rudi. 

Mientras el PAR oficial trata de defenderse mediante ruedas de prensa y comunicados en Twitter hacia la ofensiva pública emprendida por el PP, ante su debilidad le ha salido un apoyo decidido: el del PSOE. Lambán es consciente de que si quiere revalidar por tercera vez el mandato en el Pignatelli no tendrá más remedio que sacar de nuevo la calculadora de las alianzas imposibles, y todas las quinielas pasan por el PAR de Aliaga. De hecho, hay nervios en el PSOE sobre cómo se va a resolver en el próximo congreso del PAR la situación y el daño que puede sufrir en las urnas la formación aragonesista, lo que podría tener una incidencia directa en la posterior configuración de un gobierno socialista. Por eso, tanto el secretario general de los socialistas aragoneses como otros cargos públicos del PSOE han salido públicamente a mediar ante los ataques del PP, defendiendo a Aliaga y criticando duramente la posición de los populares en la crisis de los aragonesistas. Lambán ha gobernado muy cómodamente con una fórmula cuatripartita por la que a priori nadie confiaba demasiado. Aparentemente, resultaba complejo sentar en un mismo consejo de Gobierno a cuatro formaciones tan distintas, y algunas aparentemente tan diferentes ideológicamente como el PAR y CHA y Podemos. Sin embargo, todos han aparcado esas diferencias, lo que ha generado también fuerte contradicciones políticas, resueltas con uno de los hallazgos propagandísticos de Lambán: el de defender la transversalidad ideológica que le ha permitido encajar todas las sensibilidades dentro de un Gobierno que ha optado por el pragmatismo. Y eso es lo que desea cualquier gobernante en el ejercicio de su responsabilidad: pragmatismo y comodidad para llevar a cabo su acción de gobierno. Y todo eso pasa en el PSOE por la continuidad de uno de los líderes políticos más pragmáticos, Arturo Aliaga. Este permanece enrocado en su posición de continuar al frente del PAR, aunque cada vez esté más solo y sean más las voces que le aconsejen dar un paso atrás. Pero Aliaga, cuyo perfil técnico ha sido siempre aplaudido y alabado por los empresarios e incluso por sus oponentes políticos, no está dispuesto a rendirse. Solo los votos pueden apartarlo de su objetivo de volver a ser una pieza clave en el próximo gobierno.  

Existe una norma no escrita por la que los partidos políticos no suelen entrar en las crisis internas de sus adversarios. Será por el refrán de que entre bomberos no se pisan la manguera, o tal vez por aquel que dice que cuando veas las barbas de tu vecino pelar… Pero esta ley tácita no se está cumpliendo en el caso de la crisis interna abierta en el PAR, tal vez la más grave en sus 45 años de historia, tras el fallo de la Justicia en la que se declaraba nulo el último congreso en el que salió reelegido Arturo Aliaga porque, según la sentencia, se produjeron varias irregularidades en el censo de afiliados, la designación de compromisarios y el escrutinio. 

En este caso, el PP y el PSOE han participado activamente de la crisis de un partido que ha ejercido tradicionalmente el papel de comodín para formar los sucesivos gobiernos autonómicos. Los primeros tratan de apuntillar al todavía presidente de los aragonesistas al que no le perdonan que en 2019 optara por pactar con tres formaciones de izquierdas en lugar de con los conservadores.  Los segundos quieren reforzar la posición de un debilitado y muy cuestionado líder del PAR, al que necesitan como puntal principal del pacto de Gobierno que el PSOE mantiene con él y con CHA y Podemos, que han mantenido un significativo silencio en público. 

En la estrategia del PP bien se podría aplicar otro refrán, el de a río revuelto, ganancia de pescadores. Los populares se han marcado como objetivo principal recuperar la Presidencia del Gobierno de Aragón, pero saben que no va a ser una empresa fácil. Y en el caso, más factible, de que fueran la fuerza más votada, necesitarán socios para sumar los 34 escaños que dan la mayoría en las Cortes de Aragón. En 40 años de elecciones, ningún partido ha podido sumarlos por sí solo en el Parlamento más fragmentado del país, en el que las mayorías absolutas siempre han sido ajustadísimas y solo mediante pactos a varias bandas. En estos momentos, con la casi segura desaparición de Ciudadanos, el PP solo tendría como aliado a priori menos deseado a Vox, y no parece que la suma de ambos sea suficiente para alcanzar el Pignatelli. Por tanto, necesitan al PAR y saben que con Arturo Aliaga al frente es algo prácticamente imposible, habida cuenta de que el pacto con Javier Lambán está prácticamente amarrado a perpetuidad. La circunstancia sería bien distinta en el caso de que el sector crítico del PAR -que a la vista del resultado del congreso ahora declarado nulo, podría ser mayoritario en el partido- lograra vencer en el nuevo congreso, convocado para el 25 de enero del próximo año.

Por este motivo, el PP ha emprendido una campaña dura contra Aliaga. Primero fue el presidente de los populares, al considerar que Aliaga debería abandonar el Gobierno de Aragón por “tramposo”. Después, ha sido el grupo parlamentario popular el que ha solicitado un pleno extraordinario en las Cortes para reprobar al también vicepresidente del Gobierno aragonés, en una serie de comparecencias en la que no escatimaron calificativos negativos hacia su figura. Además de aprovecharse de una situación que compromete claramente el futuro político de Aliaga, también hay una parte de vendetta, ya que los populares no perdonan a Aliaga que en el verano de 2019 optara por un pacto con Lambán en lugar del que daba la mayoría al PP a través de un cuatripartito bien distinto al que gobierna actualmente y que también debía contar con el apoyo de Ciudadanos y Vox para llevarse a cabo. La aritmética electoral entonces fue una vez más perversa y no atendía a otras sumas menos endiabladas. Hay una circunstancia que es llamativa: el mayor defensor del acuerdo del PAR con el PSOE fue el expresidente de los aragonesistas José Ángel Biel, que participó activamente de las negociaciones con Lambán para sellar este pacto. Tres años después, Biel es el mayor opositor de Aliaga y también desde la sombra maniobra para ayudar al final político de Aliaga e incluso propiciar un viraje del PAR hacia el PP, cuyo máximo responsable no ha tenido ningún reparo en participar en homenajes públicos a figuras históricas del PAR en actos que se convirtieron en auténticos aquelarres contra Aliaga. La presencia de Azcón, afeada por la actual dirección del PAR, fue un claro guiño de este hacia los partidarios de la “refundación” del PAR, que es parecido a decir un cambio del partido en su política de alianzas, en este caso escoradas a la derecha. Porque Azcón sabe que necesita ganarse aliados si el PP quiere volver a gobernar, y con un Ciudadanos en claro declive y un Vox que no parece que vaya a ser decisivo en los resultados, está incrementando sus guiños a formaciones que posiblemente serán decisivas en la configuración de mayorías, como es el caso del PAR y también de Teruel Existe. Y dada su astucia política, no está escatimando esfuerzos en ganarse a ambas formaciones, que a priori tendrán que tomar decisiones importantes el 29 de mayo.

Las maniobras de Biel, por otra parte, no son nada nuevas en la carrera política del histórico dirigente aragonesista, quien ya en el pasado no tuvo ningún reparo en abandonar su acuerdo con el PSOE de Marcelino Iglesias para pactar con el PP de Luisa Fernanda Rudi. 

Mientras el PAR oficial trata de defenderse mediante ruedas de prensa y comunicados en Twitter hacia la ofensiva pública emprendida por el PP, ante su debilidad le ha salido un apoyo decidido: el del PSOE. Lambán es consciente de que si quiere revalidar por tercera vez el mandato en el Pignatelli no tendrá más remedio que sacar de nuevo la calculadora de las alianzas imposibles, y todas las quinielas pasan por el PAR de Aliaga. De hecho, hay nervios en el PSOE sobre cómo se va a resolver en el próximo congreso del PAR la situación y el daño que puede sufrir en las urnas la formación aragonesista, lo que podría tener una incidencia directa en la posterior configuración de un gobierno socialista. Por eso, tanto el secretario general de los socialistas aragoneses como otros cargos públicos del PSOE han salido públicamente a mediar ante los ataques del PP, defendiendo a Aliaga y criticando duramente la posición de los populares en la crisis de los aragonesistas. Lambán ha gobernado muy cómodamente con una fórmula cuatripartita por la que a priori nadie confiaba demasiado. Aparentemente, resultaba complejo sentar en un mismo consejo de Gobierno a cuatro formaciones tan distintas, y algunas aparentemente tan diferentes ideológicamente como el PAR y CHA y Podemos. Sin embargo, todos han aparcado esas diferencias, lo que ha generado también fuerte contradicciones políticas, resueltas con uno de los hallazgos propagandísticos de Lambán: el de defender la transversalidad ideológica que le ha permitido encajar todas las sensibilidades dentro de un Gobierno que ha optado por el pragmatismo. Y eso es lo que desea cualquier gobernante en el ejercicio de su responsabilidad: pragmatismo y comodidad para llevar a cabo su acción de gobierno. Y todo eso pasa en el PSOE por la continuidad de uno de los líderes políticos más pragmáticos, Arturo Aliaga. Este permanece enrocado en su posición de continuar al frente del PAR, aunque cada vez esté más solo y sean más las voces que le aconsejen dar un paso atrás. Pero Aliaga, cuyo perfil técnico ha sido siempre aplaudido y alabado por los empresarios e incluso por sus oponentes políticos, no está dispuesto a rendirse. Solo los votos pueden apartarlo de su objetivo de volver a ser una pieza clave en el próximo gobierno.  

Existe una norma no escrita por la que los partidos políticos no suelen entrar en las crisis internas de sus adversarios. Será por el refrán de que entre bomberos no se pisan la manguera, o tal vez por aquel que dice que cuando veas las barbas de tu vecino pelar… Pero esta ley tácita no se está cumpliendo en el caso de la crisis interna abierta en el PAR, tal vez la más grave en sus 45 años de historia, tras el fallo de la Justicia en la que se declaraba nulo el último congreso en el que salió reelegido Arturo Aliaga porque, según la sentencia, se produjeron varias irregularidades en el censo de afiliados, la designación de compromisarios y el escrutinio. 

En este caso, el PP y el PSOE han participado activamente de la crisis de un partido que ha ejercido tradicionalmente el papel de comodín para formar los sucesivos gobiernos autonómicos. Los primeros tratan de apuntillar al todavía presidente de los aragonesistas al que no le perdonan que en 2019 optara por pactar con tres formaciones de izquierdas en lugar de con los conservadores.  Los segundos quieren reforzar la posición de un debilitado y muy cuestionado líder del PAR, al que necesitan como puntal principal del pacto de Gobierno que el PSOE mantiene con él y con CHA y Podemos, que han mantenido un significativo silencio en público.