Año de nieves, año de bienes: la cuenca del Ebro encara la primavera con reservas por encima de la media
La cuenca del Ebro ha pasado en apenas dos meses de la preocupación a la tranquilidad. Tras un inicio de invierno marcado por indicadores de sequía y embalses en niveles comprometidos, las lluvias de enero y febrero han dado un vuelco a la situación. A este escenario se suma un factor clave: la nieve acumulada en el Pirineo aragonés registra su mejor dato de los últimos 25 años. A las puertas de la primavera, los principales sistemas vinculados a Aragón presentan reservas por encima de la media histórica y dibujan un escenario favorable para la campaña de riego.
Según los indicadores publicados en enero, el embalse de Yesa llegó a situarse por debajo del 30% de su capacidad, en situación de emergencia por escasez. También estaban en alerta las unidades del Gállego-Cinca, con los embalses de El Grado y Mediano, y La Sotonera, Búbal y Lanuza, en situación de alerta y en prealerta el Bajo Ebro (embalses de Mequinenza, Ribarroja y Flix). Hoy el panorama es radicalmente distinto.
Las previsiones de la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) para el trimestre febrero-marzo-abril no apuntan a un escenario claramente más húmedo ni más seco de lo normal. En cuanto a temperaturas, existe un 60% de probabilidad de que sean superiores a la media del periodo 1991-2020.
Por su parte, la Dirección General del Agua, en colaboración con AEMET, estima que las aportaciones a la cuenca del Ebro entre enero y junio podrían situarse en torno al 89% de un año medio. Un dato ligeramente por debajo de la media, pero que parte de una situación de embalses muy sólida.
Recuperación generalizada
El Embalse de Yesa, en la cuenca del Aragón, se encuentra al 85% de llenado, con 378 hectómetros cúbicos almacenados. Aunque ligeramente por debajo del 90% del año pasado (412 hm³), supera la media de los últimos ejercicios, situada en 371 hm³.
En el sistema Cinca-Gállego, la mejora es igualmente significativa. El Embalse de Mediano alcanza el 83% (361 hm³), muy por encima de su media de los últimos cinco años (65%). El Embalse de El Grado roza el lleno técnico con un 95% de capacidad (380 hm3), con valores similares al año pasado. Los embalses del Gállego, como Embalse de Búbal y Embalse de Lanuza, también presentan niveles muy favorables tras haber estado en alerta hace apenas unas semanas.
En la cuenca del río Noguera Ribagorzana, los datos consolidan la tendencia positiva. El embalse de Canelles se sitúa al 84%, muy por encima de su media histórica, mientras que Embalse de Santa Ana (al 80% con 188 hm3) y embalse de Escales (al 68% con 103 hm3) también superan con claridad sus registros habituales. Canelles, junto al embalse del Ebro en Cantabria, es uno de los dos grandes embalses plurianuales de la cuenca, capaces de amortiguar mejor los ciclos secos.
El Bajo Ebro y la margen derecha también se encuentran en parámetros de normalidad. El sistema Mequinenza-Ribarroja-Flix también refleja la recuperación. El embalse de Mequinenza está al 98% de su capacidad, con 1.349 hm³, claramente por encima del pasado año (88%) y de la media histórica (77%).
En la margen derecha aragonesa, embalses como el de Calanda, en la cuenca del Guadalope, alcanzan el 72%, superando tanto el dato del año pasado (38 hm3 ), como su promedio habitual (61%).
Un registro de nieve histórico
La nieve acumulada en el Pirineo aragonés registra valores que la CHE considera históricos. Las estimaciones sitúan en torno a 1.200 hectómetros cúbicos el agua almacenada en forma de nieve, el mejor registro desde que existen datos comparables en la Confederación Hidrográfica del Ebro, a comienzos de los años 2000.
Las nevadas han llegado antes este año, lo que permitirá un deshielo progresivo. Aproximadamente, el 60% de ese volumen podría transformarse en aportaciones efectivas durante el deshielo, que se extenderá previsiblemente hasta junio. Este colchón natural refuerza las garantías hídricas para la primavera y el verano.
Vigilancia tras las crecidas
Las intensas lluvias de febrero provocaron dos crecidas consecutivas del Ebro después de la crecida de los afluentes pirenaicos, lo que obligó a realizar desembalses para laminar avenidas. Algunas motas en puntos como Movera, El Burgo o Alfajarín resultaron dañadas y permanecen bajo vigilancia ante el riesgo de nuevas crecidas asociadas al deshielo.
Las obras en la mota de Alfajarín, junto con la mota de El Burgo, se integran en un proyecto más amplio y ambicioso que se presentó al Ayuntamiento de El Burgo y que se espera acometer en breve para aminorar los daños en los cultivos en caso de crecidas ordinaria
Se vigilan ambas motas y todo el cauce del Ebro durante la avenida, por si hubiera que actuar de emergencia, como ocurrió este mismo mes en El Burgo, donde tuvo que abrirse una lámina de agua. En el caso de la mota de Villafranca, que protege campos de cultivo, se vigila también“
Pese a estos episodios puntuales, la fotografía global es positiva. Tras meses de incertidumbre, la cuenca del Ebro encara la primavera con reservas por encima de la media histórica y con el mejor año de nieve en un cuarto de siglo. Un escenario que, de mantenerse, garantiza una campaña de riego con mayor margen y estabilidad en Aragón.