Los trastornos alimentarios crecen en Aragón: pocas unidades hospitalarias y afectados cada vez más jóvenes
Los trastornos de la conducta alimentaria (TCA), como la anorexia o la bulimia nerviosa, son enfermedades complejas que suponen un alto riesgo para la integridad física y mental de las personas y afectan también a su entorno cercano. En Aragón, la atención hospitalaria dispone de recursos limitados —cuatro camas de hospitalización completa y seis plazas en hospital de día— en un contexto en el que, según alertan los profesionales, la presión estética influye en su desarrollo y los casos se detectan a edades cada vez más tempranas, incluso en menores de nueve o diez años, mientras aumentan también los diagnósticos de bulimia en adultos.
El doctor Pedro Manuel Ruiz ha sido durante años responsable de la Unidad de Trastornos de la Conducta Alimentaria (UTCA) para menores del Hospital Clínico de Zaragoza. Junto a otros profesionales, en 2022 participó en la elaboración de la guía de detección temprana de TCA, el programa Zarima, dirigida a pacientes menores de edad. Este recurso, accesible online, está orientado a la prevención en el ámbito escolar y a la formación de otros profesionales, como monitores de tiempo libre, educadores sociales o personal formativo.
Ruiz explica la evolución de los casos atendidos en los últimos años: “Tras la pandemia aumentaron las personas afectadas, y de los 70 casos en 2019 se pasó a 140 en 2021, un registro histórico en nuestra UTCA de referencia para menores de todo Aragón. Los casos atendidos por la unidad se duplicaron en los meses de aislamiento por el COVID, aunque ahora en 2025 han vuelto a bajar a menos de 100. El problema es que también ha bajado la edad de inicio de estas enfermedades, antes aparecían sobre los 16 y ahora es a los 12 o 13 años”.
Respecto a la evolución de los pacientes, alrededor del 65% logra superar el trastorno a los cinco años del inicio del tratamiento. Los indicadores de recuperación incluyen “un peso dentro de normalidad, el índice de masa corporal entre 18 y 24,9 Kg/M2, una conducta alimentaria sin patología, con dieta variada y en compañía disfrutando de los alimentos y el momento relacional, eutimia (estabilidad emocional) y una buena aceptación corporal y desarrollo emocional y relacional.”
Detonantes multifactoriales y comorbilidad
Tanto Ruiz como el psicólogo Juan Novel coinciden en que los TCA tienen causas múltiples, que pueden agruparse en factores individuales, sociales y familiares. Entre los detonantes más frecuentes señalan el acoso, el bullying, acontecimientos vitales estresantes, duelos o traumas previos. Además, es habitual la comorbilidad con otros problemas de salud mental. Ambos profesionales explican que “van aparejados con depresión, ansiedad, autolesiones no suicidas, trastornos de déficit de atención, de conductas obsesivas, del espectro autista (TOC, TDAH, TEA) o de neurodesarrollo, y los de personalidad”.
Para el psicólogo Juan Novel, que trabaja con pacientes adolescentes y adultos, la presión estética actual influye de forma directa en la aparición de estos trastornos: “Encontramos pacientes cada vez más jóvenes, con una media de edad de doce años pero hemos tenido incluso casos de diez y realizamos intervenciones para que los pacientes reconozcan que tienen un problema”.
En este sentido, señala que influye “el modelo de belleza actual, que ejerce presión social especialmente en las mujeres y adolescentes con referentes sociales muy jóvenes, músicos, actrices, cantantes, o campañas publicitarias con modelos con delgadez extrema o intervenciones quirúrgicas que generan un ideal de belleza inalcanzable”. También apunta a la recuperación de “ideales de belleza de épocas pasadas”, como la “delgadez extrema de los años noventa”.
El psicólogo añade que esta presión también afecta a los adultos, con “imposiciones del ”cuerpo fit“ o estar en forma y hacer mucho deporte pensando en ejercitarse para luego poder comer. Relata que los psicólogos encuentran conductas de ”ortorexia, o adicción al deporte; contabilizar las calorías u obsesión por comer sano. La presión estética en nuestra sociedad es muy potente: por eso hablamos de gordofobia o encontramos estos casos de adicción al deporte“.”
Por su parte, Ruiz recuerda que los TCA son enfermedades psicosomáticas relacionadas con “el manejo de emociones negativas, el control y la identidad. Suelen ser más frecuentes en personalidades perfeccionistas obsesivas-evitativas en anorexia restrictiva, o con inestabilidad emocional e impulsividad en cuadros compulsivos y o purgativos”.
El abordaje de estos trastornos es multidisciplinar, con equipos integrados por psicología, psiquiatría, nutrición, enfermería y trabajo social, y terapias de carácter motivacional y cognitivo-conductual, muchas de ellas basadas en la familia. Pese a su complejidad, los profesionales coinciden en que se trata de un trabajo “muy gratificante”, con dos de cada tres pacientes recuperados.
Ruiz subraya además la importancia de la prevención y destaca que el programa Zarima, impulsado junto al Instituto Aragonés de la Juventud, ha sido pionero en España. Su aplicación en Aragón, Cantabria, Galicia y Canarias ha demostrado su eficacia mediante un ensayo clínico aleatorizado, con una disminución de casos en el grupo de intervención al año de seguimiento.
Falta de medios y continuidad asistencial
El psiquiatra Daniel Pérez describe una evolución similar en adultos, con “casos disparados durante la pandemia por el estrés añadido a los pacientes en tratamiento, y muchos más casos nuevos”. Actualmente, los nuevos diagnósticos han vuelto a niveles “similares a los de 2019, pero la suma total es mayor y también se están dando más en adultos, por trastorno por atracón y en hombres”.
En Aragón, el tratamiento hospitalario de los TCA cuenta con cuatro camas de hospitalización completa y seis plazas en hospital de día, con horario de 09:00 a 14:30. En el caso de pacientes mayores de edad, Pérez añade que “uno de los traumas detonantes puede ser una agresión sexual en todas sus variantes”, una situación que podría afectar a entre el 30% y el 60% de las mujeres con TCA.
El especialista recuerda que “son enfermedades muy peligrosas a nivel físico y mental con un alto grado de mortalidad, y también asociadas a lesiones (cortes)”. Asimismo, advierte de los efectos de la falta de continuidad asistencial: las pacientes no mantienen el mismo psiquiatra durante su tratamiento y “asisten a un continuo desfile de profesionales, con periodos donde suelen quedar plazas sin sustituir durante varios meses, y recortes en verano”.
El periodo estival, añade, es “una época especialmente sensible para estos trastornos y donde perdemos porque se cierra el Hospital de Día al no sustituir al personal en vacaciones.” Aunque coincide en que se trata de un trabajo enriquecedor cuando los pacientes se recuperan, señala que uno de los principales retos es que logren reconstruir un proyecto vital, ya que la enfermedad “afecta a todas las partes de la vida, parejas, familia, carrera laboral. Es una carrera de fondo”. También apunta a la falta de recursos adicionales, como “pisos asistidos donde residir o nutricionista”.
Señales de alerta y detección temprana
Los signos de alerta pueden ser variados. Ruiz recomienda vigilar “cambios de peso; prolongación del tiempo de comidas; saltarse comidas; evitar grasas o hidratos de carbono; comer solo alimentos diet, light o saludables; ir al baño siempre tras comer; cortar alimentos en trozos pequeños y removerlos en el plato”.
Pérez advierte de que estas conductas pueden pasar desapercibidas en fases iniciales: “obvias y muy fáciles, pero es una trampa. Cuando se descubre un TCA normalmente ya es antiguo y casi siempre lleva meses instaurado. Al principio es sutil, comer sano, mejorar la alimentación y cosas similares”.
Insiste en que la “trampa” reside en que los pacientes “se obsesionan con la alimentación, y el deseo de control se convierte en otra cosa. Se pasa a considerar que no comer está bien y comer está mal. No comer es sinónimo de controlar.”
Además de la guía del programa Zarima, la Fundación APE y el Instituto de Investigación Sanitaria de Aragón encargaron en 2023 a la empresa zaragozana Imascono el desarrollo de una aplicación para adaptar el test SCOFF de detección temprana a un formato más accesible e intuitivo. ApeTest es un proyecto piloto gamificado en el que los estudiantes responden a las preguntas del cuestionario SCOFF —acrónimo en inglés de Sick, Control, One, Fat y Food—, que evalúan aspectos como los vómitos, el control de la ingesta, la pérdida de peso, la percepción corporal o la preocupación por la comida. Dos respuestas afirmativas constituyen una señal de alerta. La herramienta se ha utilizado ya en pruebas de detección en varios centros educativos, con la participación de alrededor de 800 estudiantes de secundaria.