eldiario.es

9

Alberto Carrio Sampedro

Alberto Carrio Sampedro es profesor de filosofía del Derecho de la Universitat Pompeu Fabra de Barcelona. Sus líneas de investigación básicas son la teoría del derecho y la filosofía política. Trabaja, sobre todo, los temas relacionados con la validez de la ley en el moderno constitucionalismo, la justicia distributiva o el impacto de las nuevas biotecnologías en la igualdad social. Es autor del libro titulado “Valor de ley. Un análisis de la validez de la ley en la democracia constitucional” publicado por el Congreso de los Diputados.

  • Reacciones a sus artículos en eldiario.es: 14

Las “esteladas” y la regla del fuera del juego: ¿por qué competir es incompatible con abusar?

El deporte siempre ha sido un campo propicio para la exhibición de simbologías que reclaman adhesión incondicional o, lo que es lo mismo, que exigen supeditar la cabeza al corazón. Piénsese, por ejemplo, en el desfile deportivo por excelencia: el olímpico. En él los abanderados lucen las insignias de Estados, cuya legitimidad política tiene en no pocos casos difícil justificación; y, desde luego, guarda escasa relación con aquel ideal de Coubertain de convertir el deporte en un instrumento de transformación social. Es decir, de una nueva sociedad en la que el mérito fuera lo importante y no los privilegios y/o discriminaciones basadas en el color o ascendencia social.

Prohibir la exhibición de símbolos políticos en las competiciones deportivas, como ha hecho recientemente la UEFA, tan solo puede ser entendido como una decisión apresurada que a buen seguro no tardará en ser corregida. No tanto porque la propia UEFA organice competiciones entre selecciones nacionales, que exhiben su simbología con patrocinio oficial. Ocurre, más bien, que la prohibición que establece el art. 16 de su reglamento disciplinario, a saber, “el uso de mensajes que no sean adecuados para un encuentro deportivo, y en especial los de carácter político”, es políticamente insostenible. ¿Prohibiría la UEFA la exhibición de mensajes contra el racismo, el machismo o la homofobia? La respuesta no puede ser más que negativa. A salvo, claro está, de que la UEFA decidiera abdicar de los valores del olimpismo que se ha comprometido a respetar. Pero esto tan solo nos confirma que la prohibición de la UEFA es errónea, pero legal. A fin de cuentas, la UEFA es una asociación privada con plena capacidad para desarrollar su propia legalidad.

Seguir leyendo »

Europa, un negocio criminal

El dinero europeo ha perdido todo su interés. Así de rotundo lo anunció Mario Draghi hace apenas un par de semanas. Si la situación no fuera tan patética, sería de agradecer el esfuerzo poético con el que Draghi describe el profundo descrédito en el que se sume Europa. La crisis migratoria que las instituciones europeas se han negado continua e irresponsablemente a afrontar es mucho más sostenida y terrible que la económica. Pero las carencias de la economía doméstica, aunque matan menos, asustan más.

Bien lo sabe Draghi, que sin rubor aparente nos invita, una vez más, a ser convidados de piedra en el esperpéntico banquete de la liquidez total. Dinero gratis para los bancos a cambio de que sigan insuflando valor a esta crisis estructural. A fin de cuentas, no es más que la confirmación de lo que siempre intuimos pero nos empeñamos en ignorar: el valor del dinero cotiza únicamente al alza en el mercado de la estabilidad social. Pensemos primero en nosotros y veamos después si queda algo que repartir entre los demás. Esta máxima, que hoy recorre Europa por las vías de la alta velocidad, es la demostración palmaria de nuestra genuina deflación moral. Bien está ser interesados y competir de igual a igual. El problema se encuentra en habernos desentendido de quien se encuentra en desventaja debido a la miseria que hemos contribuido a generar.

Seguir leyendo »

Arriba las manos

El anuncio de la abdicación del rey Juan Carlos I ha reabierto el debate, latente desde la transición, sobre la forma política del Estado. Como es sobradamente conocido el anuncio viene precedido, y no cabe descartar que al menos motivado en parte, por la reclamación de la sociedad catalana del derecho a decidir su futuro político. La reclamación se extiende de este modo al conjunto de la sociedad española y la negativa a celebrar una consulta popular consiste en apelar a la vigencia de la legalidad constitucional. Como quiera que esta es una  aspiración genuinamente democrática, lejos de ser motivo de preocupación, debería ser recibida como un claro síntoma de normalidad política y, como acertadamente señaló el presidente Rajoy en el reciente debate sobre la ley de abdicación, requiere ser abordada con seriedad.

A pesar de que la aspiración soberanista y la republicana no caminan necesariamente en paralelo, tienen en común dos aspectos básicos: i) la exigencia de mayor participación democrática en los asuntos públicos y, ii) la tajante oposición de quienes abogan por el mantenimiento del statuquo amparándose en la vigencia del sistema de reglas consensuado en la Constitución. No resulta ocioso por tanto traer a colación aquí algunas consideraciones básicas al respecto. La finalidad no es otra que comprobar cuál es la solución más plausible a una cuestión de indudable trascendencia para nuestro futuro político, que ha sido absurdamente banalizada en el espectáculo mediático representado en la Cámara baja.

Seguir leyendo »