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Alberto Penadés

Sociólogo/politólogo. Enseño en la Universidad de Salamanca y he trabajado en el CIS. Profesionalmente me interesa la opinión pública, la política comparada y la teoría política. Blogueo sobre política y encuestas; a veces sobre historia y crítica de libros.

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Verde, que no populista

El espacio político de Más País existe en todas partes, de forma más o menos holgada, dependiendo un poco de lo que permita el sistema electoral, y en casi toda Europa está poblado por algún miembro del Partido Verde Europeo (que no siempre se llama verde). Ese espacio está claramente diferenciado del resto de la izquierda, es un espacio que desborda la categoría "verde", bastante trasversal dentro de la izquierda, con una afinidad relativa importante hacia ciertos partidos de ámbito regional o subestatal y con una clara tendencia a convertirse en partidos de gobierno, pese a sus raíces en movimientos sociales y a ser partidos de minorías. En realidad, se parece poco o nada a la idea que durante años ha defendido Errejón de trasversalidad y de conquista de la mayoría, y que él mismo ha identificado como populista, pero nadie dice que las derrotas no enseñen. Sobre todo, cuando la lección – que se es una minoría que quiere influir en una sociedad compleja- necesita poco más que un vistazo.

Como los partidos se juntan entre sí de la forma que mejor les parece a ellos, nos facilitan mucho las cosas y limitan los debates bizantinos sobre quién es de verdad qué. El panorama organizativo de la izquierda en Europa es este: Los partidos que los politólogos, sin otro fin que clasificar, llaman de "izquierda radical" se unen entre sí en tres partidos, Ahora el Pueblo (al que pertenece Podemos), el Partido de la Izquierda Europea (IU) e Izquierda Anticapitalista Europea (idem en España). Todos ellos se reúnen en un solo grupo parlamentario en Estrasburgo: Izquierda Unida Europea-Izquierda Verde Nórdica. Los socialdemócratas, como el PSOE, forman el Partido Socialista Europeo. Los partidos nacionalistas y regionalistas que se dicen progresistas forman la Alianza Libre de Europa. Los partidos de tipo "radical" (a sí mismo llamados, esta vez) o liberales progresistas, se sitúan fuera de todo esto y muchos no tienen organización internacional. Y después están los verdes.

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Plagios

Cuando el poeta romano Marcial acusó a su rival Fidentino de robar sus versos lo llamó "secuestrador"; en latín, plagiarius. Es la primera vez, que se sepa, que se empleó la palabra en ese sentido, en unos epigramas satíricos. Se puede añadir que en latín plagio se refería al secuestro de esclavos, y que se necesitó un poeta para usarlo de manera metafórica, que es como nos ha llegado. Tal vez un poeta que supiera griego y recordara el sentido original de plagios (oblicuo). La palabra está relacionada con una raíz indoerupea "plak" presente en playa, pleito o placer, todo cosas vastas. Igual hasta con Platón, el filósofo de las espaldas anchas. Pero es algo moderno. El término se introduce en inglés en 1601, resucitado por Ben Jonson -el rival de Shakespeare, por si acaso. En francés es posterior. En castellano está atestiguado con esa acepción desde el Diccionario de Esteban de Terreros y Pando, en el año 1788.

El párrafo anterior tal vez pasara la prueba del Turnitin (uno de los programas detectores de plagio más conocidos), pero tiene mucho de pastiche, un refrito de cosas que he leído en varios sitios. Lo de Platón es ocurrencia mía, así que a lo mejor es un original falso y no un falso original. De lo demás, creo que solo coletillas como "todo cosas vastas" y algún otro adorno quedarían sin marcar por un omnisciente anti robo. La primera frase la he copiado tal cual de The Perfectly Acceptable Practice of Literary Theft, del profesor Jack Lynch, que está disponible en la red. La he traducido, literalmente, y eso disimula y despista. Una de esas copias en las que un autor piensa que, venga, no hay tantas formas de decir una cosa simple y así acabamos antes. El párrafo tiene un contenido alto en plagio incluso si no me he puesto a copia-copiar, pero es casi todo reescritura sin créditos. En principio, la cura sería citar las fuentes, pero claro, uno no quiere citar la Wikipedia, un foro de internet, o un compendio del que ha sacado varias morcillas que le hacen quedar bien, un libro que ya se ha citado demasiado, o que da vergüenza haber leído, o cosas que se supone que podría saber, o tal vez debería saber…. En fin, que las ocasiones son muchas para simplemente seguir haciendo embutido y, en el mejor de los casos, citar luego alguna fuente aceptable [1].

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¿La izquierda de la izquierda en el gobierno?

¿Por qué es tan difícil -al punto de ser ya improbable- un pacto entre el PSOE y Podemos? Conviene pensar en las razones, quizá más especialmente si se desea, pues no lo vuelve más sencillo el tomarlo por natural, atribuyendo su fracaso a la mala uva, la falta o exceso de cualidades como el sentido de la responsabilidad, la confianza, las químicas personales o incluso la simple ambición (que no es que esté ausente, pero es algo que, como explica todo, no explica nada en particular). Cuando no la cultura de pactos y otros especímenes de argumentos low cost. El paso previo de todo esto siempre es gesticular con el sonsonete de "pero si es fácil", "pero si en Libertonia esto es lo más normal", "qué país", "y se dicen de izquierdas"...  

Es una coalición muy difícil y por eso no es nada aventurado predecir que no va a llevarse a cabo. Creo que basta para ese pronóstico la observación de que no se están produciendo ni mucho menos los esfuerzos y cautelas necesarias para poder afrontar algo tan extraordinario, salvo que esté negociando gente que no conozcamos o lo hayan externalizado a una empresa de recursos humanos.  La coalición de la Comunidad de Madrid era mucho más fácil y ha llevado bastante más tiempo del que se dispone o se ha dispuesto, además de reuniones, documentos, una teatralización mucho más discreta de las desavenencias, exigencias y concesiones, y una mucho más clara ausencia de alternativas, reales o contempladas, por parte de los actores. Y, con todo, la oposición lo considera un gobierno roto y débil desde su primer día y parece apostar por su incapacidad y su ruptura.

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El reparto de carteras y la ley de Gamson

Según se cuenta en los medios, Podemos ha pedido una entrada en el gobierno con un número de carteras proporcional a sus votos, aproximadamente 1 por cada 2 de los socialistas. La vicepresidenta en funciones ha respondido que el reparto proporcional de carteras no es la "fórmula de la democracia"; y ha hecho notar que los dos partidos no suman mayoría absoluta para pensar en tales repartos.

No quisiera yo recomendar lo que deben hacer, pero es interesante saber que cierto reparto proporcional sí es la fórmula habitual de distribución de los ministerios, aunque no proporcional a los votos, sino a los escaños. Lo regular, en este caso, sería más bien un ministro de Podemos por cada tres o cuatro socialistas (1), no uno por cada dos. Al menos si formaran mayoría. Tiene razón la vicepresidenta en hacer notar que una coalición que todavía tiene que sumar otros apoyos no puede repartirse cargos como si no los necesitara. 

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La redistribución de la izquierda en la Comunidad de Madrid

La comunidad de Madrid se encamina a un sistema de seis partidos. Para ser una Comunidad Autónoma donde no hay particularidades nacionales, ni culturales, ni lingüísticas no está mal. (Aunque la cuestión identitaria tiene su papel, y no por el madrileñismo, sino porque en Madrid el nacionalismo desmoñado, en este caso el centralista, también divide).  La oportunidad la brinda el sistema electoral con distrito único (129 escaños), atemperado por un umbral de entrada del 5%, pasado el cual los partidos obtienen representación más o menos proporcional a sus votos.

Como caber, los partidos caben. En el supuesto extraterrestre de que todos tuvieran idéntico número de votos cabrían hasta 20; en condiciones realistas deben de caber como diez (son viables los partidos que tengan una expectativa racional de superar el 5% -teniendo en cuenta un margen de incertidumbre- y cuando esto pueda ser creído por los votantes, que también descuentan el margen de error).  Lo que pasa es que diferenciar diez partidos solo con el eje izquierda-derecha tiene su miga. Quiero decir, de toda la vida, en la extrema izquierda encuentran trivial el juego de buscar las diferencias, y en pocos centímetros de la escala algunos pueden detectar divergencias que parecen ser casi de vida o muerte. Pero luego entre la gente (incluso entre “la gente”) todo eso no se entiende.  Cosas del sistema.

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28A: ganadores, medias victorias y batacazos

Los nacionalpopulistas han invadido Europa. Incapaces de recoger el voto de los descontentos con la automatización y la globalización, la izquierda tradicional se ha derrumbado en todo el continente. Pero, en las esquinas, tanto en la península escandinava como, sobre todo, en la península ibérica, así como en la ínsula británica, los viejos partidos socialdemócratas, resisten el avance de los populistas de extrema derecha, como versiones modernas de Astérix y Obélix. En los últimos meses, el SAP en Suecia y SDP en Finlandia se han consolidado en el poder; y, en los próximos meses, se pueden consolidar el PS en Portugal y el PSOE en España. Y, cuando haya elecciones en el Reino Unido, los laboristas podrían volver a Downing Street. ¿Por qué? ¿Cuál es la poción mágica de esta neo-socialdemocracia?

La crisis económica y las políticas de austeridad pueden explicar la victoria de los socialistas portugueses y españoles. Pero no es suficiente. Otros países del sur de Europa, como Italia o Grecia, han padecido una crisis tan o más notable y, sin embargo, sus partidos socialdemócratas fueron barridos hace tiempo. Mientras, ni en el Reino Unido ni en los países nórdicos han experimentado un severo apretón del cinturón, y, sin embargo, también parecen resistir, aunque desgastados, los socialdemócratas.

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El sistema electoral ya no es el que era

En tiempos de bipartidismo (imperfecto) el sistema electoral parecía encauzar el comportamiento de los votantes (y de los líderes de los partidos y de los potenciales startups electorales) de una manera bastante efectiva. Aparte del nutrido contingente de minorías territoriales, los llamados "panes", o partidos de implantación no estatal, de los que hoy no vamos a ocuparnos, en estas lides solo había dos tipos de peces, los grandes y los muy pequeños. Antes de 2015 nadie había sacado más que el PCE en 1979 (10,8%) pero menos que AP en 1986 (26%). De hecho, por debajo de cierto nivel ningún partido había aguantado más de dos guantazos electorales -salvo el PCE/IU, naturalmente- y todos desaparecían del mapa (PSP, UN, UCD, CDS, UPyD…) a la tercera como mucho; y salvo AP, que a la tercera saltó el umbral de rentabilidad. Pasado ese umbral uno cambiaba de liga: entraba en la de gobernar, y esa era cosa de dos.  [1]

El gráfico 1 presenta el perfil de proporcionalidad del sistema electoral entre 1977 y 2011. El eje vertical es la ratio entre la fracción de escaños y de votos o "tasa de ventaja" de cada partido. La línea de ventaja igual a uno indica la proporcionalidad perfecta, por encima hay ventaja y por debajo desventaja. Una métrica interesante, pero difícil de obtener, de un sistema electoral es su "umbral de rentabilidad", mencionado más arriba (breakeven point en el inglés de los autores que idearon estos gráficos) [2] En los sistemas proporcionales el umbral de rentabilidad es bajo (puede ser el 5% o menos) y pasado ese umbral el perfil es plano, los partidos apenas obtienen ventajas por encima de la unidad.  En los sistemas mayoritarios el umbral es alto (puede ser  del 25% o más) y pasado ese umbral la ventaja normalmente se eleva bien claramente por encima de la unidad.  La línea discontinua es solo una aproximación, una ayuda visual. Aunque no había datos para corroborarlo, antes de 2015 la distribución de los resultados en España hacía esperar que el umbral de rentabilidad estuviera más allá del 20% de los votos.

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Políticos historiadores

¿Historia como guerra cultural?

Es natural preguntarse, como cuestión de curiosidad profesional, por qué los políticos, o algunos de ellos, muestran tanto interés en hablar de historias y geografías más bien alejadas de la vida corriente y las preocupaciones productivas de la gran mayoría de sus representados: de la Conquista de América, de la Guerra Civil, de Venezuela o de Arabia Saudita, por ejemplo. Entiéndase, no es que no sea importante la memoria histórica -y, sobre todo, la recuperación de desaparecidos en la guerra- o que no sea saludable discutir sobre democracia en perspectiva comparada, o que no se pueda tocar la bola de la leyenda negra. Pero de los políticos generalmente sacamos poco al respecto: al fin y al cabo, una leyenda blanca no es menos sandía que una negra, y la cosa suele dar poco más de sí.  

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Sociología y parasociología

Recordarán o sabrán algunos de nuestros lectores que en 1996 el físico Alan Sokal escribió un maravilloso artículo daliniano, Trasgrediendo los límites: hacia una hermenéutica trasformativa de la gravedad cuántica , que derramaba salsa posmoderna sobre la física contemporánea con argumentos tan deliberadamente ridículos como compactos y seductores para quienes tuvieran el oído hecho a las boludeces, y el más cuestionable hábito de tomárselas en serio. Su objetivo era exponer, por vía de la burla, la debilidad intelectual de los “estudios culturales”, cosa que un poquito logró cuando el trabajo fue publicado porSocial Text, una revista académica relevante dentro de ese área, que picó en la broma.

Habrán sabido ya que tres académicos con bastante sentido del humor, James Lindsay, Helen Pluckrose, y Peter Boghossian, se han pasado casi un año escribiendo 20 artículos igualmente delirantes e intentándolos publicar, con bastante éxito, en determinadas revistas académicas. Ahora veremos cuáles. Han explicado el proyecto en Areo, una revista digital dirigida por Pluckrose. 

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Los dictadores muertos

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