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Anastasia Hernández Alemán

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La Ley de Say, “ofréceme todo el suelo que tengas y demandaré aún más”

En economía clásica, la Ley de Say es un principio atribuido a Jean-Baptise Say, que pronostica que cada oferta genera su propia demanda. Hace tiempo que me surgió la inquietud de verificar si realmente el desarrollo que estaban experimentando las zonas interurbanas en toda España, también en Canarias, por supuesto, respondía a una verdadera preferencia social. Esto es, ¿elegimos verdaderamente en qué zona queremos residir? ¿es la oferta allí donde se genera la que decide por nosotros?, ¿o son otros factores?

La cuestión tiene su trascendencia no sólo en términos económicos, sino también sociales, pues si somos los ciudadanos los que elegimos, la satisfacción social será mayor que si solo podemos elegir aquello que nos ofrecen. Además, estas decisiones tienen trascendencia para el medio ambiente. No solo porque se consume un recurso natural escaso como es el suelo y, por tanto, debemos cuidarnos de que la elección sea la óptima, sino porque además la localización de las zonas residenciales condicionan la eficiencia energética, la localización de los servicios asistenciales sean sanitarios o de ocio, los desplazamientos y las consiguientes emisiones de CO2, y un largo etcétera de condicionantes ambientales.

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La duda existencial: “... y para usted, ¿qué es más importante, la economía o el medio ambiente?”

¡Nos sorprendería la fuerte vinculación que hay entre ambas!. La economía sin el medio, no sería posible: ¿se podría ser productivo con frecuentes oleadas de calor o con inundaciones o con vientos huracanados...? o ¿cuánto nos cuesta la transmisión de enfermedades infecciosas, por ejemplo, a través de mosquitos que antes era casi imposible que sobrevivieran en nuestro entorno, y ahora no sólo sobreviven, sino que se reproducen, a consecuencia del cambio climático? o ¿cuánto nos costaría la pérdida de turistas a consecuencia de los mares contaminados o del estrés térmico o de los problemas respiratorios?. ¡Sumemos!. Miren, ya hay bancos que están ajustando su estrategia financiera a los impactos sobrevenidos a las economías a consecuencia del cambio climático. Algunos ya están provisionando las pérdidas porcentuales en el PIB, y que repercuten directa o indirectamente en su negocio, o en el negocio de sus clientes.

Ya sabemos que el "dinero" no pierde el tiempo, y además, se asusta con facilidad. Pero, ¿y nosotros los ciudadanos?, ¿estamos tomando alguna medida de prevención?. Antes de responder a esta cuestión, debemos plantearnos acerca del grado de afecto que sentimos por el medio ambiente, y volviendo a la pregunta del subtítulo: ¿qué es más importante para usted, la economía o el medio ambiente?. Es claro, y así lo dicen los datos, que si no tenemos las necesidades básicas cubiertas, ¡no estamos para reciclar!. Pero esto que observamos a nivel micro, también podemos observarlo a nivel macro: ¿está China interesada o dispuesta en reducir las emisiones de CO2 a cambio de una pérdida en el PIB porque los occidentales estamos preocupados por el cambio climático cuando ellos están en pleno desarrollo?. Pues es lo mismo a nivel micro, y viceversa: ¿se le puede pedir a un hogar que apenas llega a fin de mes que adquiera el producto de limpieza más ecológico porque contamina menos a pesar de que su coste es mayor? Pobreza y medio ambiente van de la mano.

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Tasa social de descuento

¿Qué legado queremos dejar a nuestros hijos?. ¿Es la ecotasa la única alternativa posible para conservar nuestro patrimonio natural?. ¿Cuánto estamos dispuestos a sacrificarnos?. ¿Nos lo comemos todo ahora o dejamos un poquito para mañana?

Pues sí, mis queridos lectores. Esto es lo que refleja la tasa social de descuento: ahora o mañana. Algunos de ustedes ya se estarán cuestionando ¿qué es esto de la tasa social de descuento?, ¿otro tributo más? ¡No, no se alarmen! No es más que una tasa de descuento. Muchos de los consumidores que acuden a un préstamo saben que deben pagar un interés por consumir hoy lo que podrían consumir en el futuro pero que han decidido adelantarse el consumo al momento presente por las razones que fueran.

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¿Cuál es el grado de conciencia ambiental de los ciudadanos? ¿es sólo preocupación o tomamos parte activa en el problema?

Uno de los factores que contribuye al deterioro medioambiental es sin duda un patrón de consumo insostenible. Este patrón de comportamiento obedece a múltiples factores. Tantos como los que afecta a nuestra conciencia ambiental como ciudadanos. Las diferentes dimensiones que integran este concepto abarcan: la cognitiva (información y conocimiento), la afectiva (creencias, valores, sentimientos de preocupación), la conativa (actitudes) y la activa (comportamientos individuales y colectivos). Estas dimensiones serían la base de una estrategia ambiental basada en el conocido modelo de Chuliá (1995) desde el ámbito de la psicología ambiental. 

Desde la perspectiva económica nos plantearíamos la cuestión en otros términos: ¿cuánto nos cuestan las conductas ciudadanas irresponsables medioambientalmente?; ¿es rentable invertir en prevención?, o por el contrario, ¿es mejor asumir los costes de los daño ambientales cuando ocurra el suceso?. ¿A cuánto asciende el valor de la pérdida de bienestar social por no ser responsables ambientales?. Por desgracia lo que no se paga no se valora. Sencillamente no está expuesto en el mercado para su intercambio. Pero cambiemos el planteamiento, ¿se han planteado alguna vez cuánto estaríamos dispuestos a pagar individual y colectivamente porque nuestros mares estén limpios, no huelan mal o podamos disfrutar del mismo sin los incómodos ruidos de las motos acuáticas y un sinfín de artilugios marinos?. 

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