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Beatriz Gracia Arce

Domadora de fieras a tiempo completo en enseñanza secundaria y a tiempo parcial como asociada en Historia Contemporánea en la Universidad de Murcia. Cuando la vida me deja, soy Kamikaze de causas perdidas, historiadora, caminante, aprendiz del paisaje y experimentadora de la palabra y el verso…

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Un mundo nuevo en nuestros libros

A veces, no está de más replantearnos qué somos y qué hemos sido. Son preguntas que os podrán parecer simples o intrascendentales, para las que buscan simplemente el rizo en la palabra y no simplemente detenerse un momento a pensar. En esa pausa, si nos preguntaran ¿Qué es la anarquía? ¿Qué es el anarquismo? Pues posiblemente el imaginario colectivo lo asociaría a la violencia, los bandoleros o, como mucho, al punk, pero lo cierto es que, como dijo Federica Montseny en el programa de La 2 La clave, que podemos ver y escuchar en youtube, “todo se lo debemos al anarquismo” o “el anarquismo es lo más bello”. Lo cierto es que las palabras entusiastas de Montseny tenían una gran parte de verdad.

Posiblemente en el relato de la España que vivimos en la actualidad y, sobre todo, el peso que nos queda del discurso, no solo del 78 sino también de la larga sombra del franquismo, es interesante volver la vista atrás para poder conocer con mirada limpia un movimiento social, político y cultural que fue mayoritario en España hasta el fin de la Guerra Civil española y que constituye una de las miradas con las que enfrentarnos a una realidad que se mueve entre el horizonte de posibilidad de avanzar, pero que realmente nos habla de un cambio conservador, no por reaccionario sino porque el cambio y el progreso se circunscribe a las migajas de conservar los derechos acumulados por el envite de un capitalismo en estado salvaje y el auge de discursos excluyentes.

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`El mundo de ayer´: el retorno de los viejos fantasmas

La Historia se ha utilizado desde el nacimiento de la idea de `nación´ en un arma arrojadiza, que se moldea y manipula hasta retorcerla sólo para ser la piedra sobre la que legitimar ciertos discursos. Muchas veces es difícil invitar a reflexionar sobre la Historia cuando hay que hacer todo un ejercicio de destrucción de ideas aprehendidas previas, que no necesariamente se ajusta a lo que ocurrió. Es difícil ver o aceptar que la Historia, como el propio ser humano, es subjetiva, que no existe una verdad única y que, como cada uno de nosotros/as caemos en contradicciones y nos vemos abocados en reiteradas ocasiones a pensar qué hacer en un cruce de caminos.

Es por todo ello que hoy rescato la obra de Stefan Zweig El mundo de ayer. Memorias de un europeo publicada en 1942, el mismo año de su fallecimiento. Autor prolífico, que en los últimos años está siendo reeditado por distintas editoriales, Zweig, además de cultivar distintos géneros como el ensayo o la novela, también hizo lo propio con la autobiografía, como vehículo para congelar el tiempo histórico que a él mismo le había tocado vivir.

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La palabra exiliada

El exilio tras el fin de la guerra civil tuvo muchos puntos de partida. Dejan huella las palabras de Max Aub sobre "los derrotados" en el puerto de Alicante esperando un barco que los sacara de la barbarie: <<Estos que ves, españoles rotos, derrotados, hacinados, heridos, soñolientos, medio muertos, esperanzados todavía en escapar, son, no lo olvides, lo mejor del mundo. No es hermoso. Pero es lo mejor del mundo. No lo olvides nunca, hijo, no lo olvides>>. Pero también ese último verso caído de Antonio Machado "Estos días azules y este sol de la infancia".

Muchos fueron los destinos, los más afortunados –posiblemente- aquellos que marcharon a México. Más dura fue la realidad de aquellos que cruzaron la frontera francesa en el invierno del 39.

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