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Helena Uran Bidegain

Helena Uran Bidegain es asesora parlamentaria en el Bundestag alemán, miembro del grupo de trabajo sobre memoria y exilio del conflicto armado colombiano, el Colectivo Creando Memoria-Berlin. Escribe de manera independiente y sin ataduras.

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Si no es nada nuevo, ¿por qué la sorpresa, Alemania?

Es como si Alemania hubiera tenido que llegar al punto en que uno de sus jugadores de fútbol del equipo nacional renunciara para que medios de comunicación, políticos y la opinión pública escuchara las quejas sobre racismo y discriminación cotidianas que se viven en el país. Se ignoró durante años el llamado de muchos; y hoy la extrema derecha, con sus discursos de odio ( Ausländer rauß y Wir sind das Volk: Fuera extranjeros y nosotros somos el pueblo) en sintonía con el resto en Europa, está en alza en todo el país, con manifestaciones más extremas como las recientes en Chemnitz, donde periodistas, personas que piensan diferente, y alemanes y extranjeros no blancos, fueron objeto de ataque. Lo que no entiendo es que todavía muchos se sorprendan.

Mucho tiempo se estuvo discutiendo si Alemania es o no país de emigración, ignorando que precisamente desde este país empezaron grandes movimientos migratorios que inevitablemente generan flujos en doble sentido. Al mismo tiempo, se creaba un imaginario construido de que el racismo era cosa del pasado, pero, mientras tanto, se seguía y siguen utilizando términos como Migrationshintergrund, o sea, trasfondo migratorio, para referirse a personas con raíces étnicas en otro país, por lo general personas no blancas. El término, con una connotación negativa y de inferioridad, se usa incluso hasta más allá de la tercera generación, lo que impide  que los así definidos generen un sentido de pertenencia común, a la vez que señala que aquel, aunque alemán, no pertenece al grupo.

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El estado lo llama entrega digna

Hace unos días volví de una visita a Colombia. Fui para atender lo que la Fiscalía General de la Nación llama “entrega digna”. 

“Entrega digna”, en este caso, de un cuerpo que fue víctima de un crimen de Estado. Entrega de los restos óseos de quien antes de ser ejecutado también fue torturado por miembros del Estado colombiano. 

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Del fútbol alemán a la resistencia: Mesut Özil

La semana pasada y cerrando con broche de oro el desastroso papel que jugó la selección alemana de fútbol en el mundial, uno de sus jugadores decidió no querer jugar más para este país y renunció, por primera vez en su historia, a ella. La razón: Racismo y falta de respeto.

Alemania es conocido mundialmente por su fuerte historia de antisemitismo y racismo. Este caso del que quiero hablar, empezó con una foto donde aparece el jugador Mesut Özil posando junto al presidente Turco Erdogan. En cuanto la vi, supe que llegarían las críticas de todos los rincones de Alemania, no solo por tratarse de un presidente muy pero muy cuestionable, sino porque en el imaginario colectivo alemán, que poco entiende de biculturalidad y binacionalidad, un jugador de su selección solo podría posar con Merkel y esta foto era simplemente muy poco alemana.

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Lo que un presidente quiere esconder

¿Por qué quiere el partido del presidente electo de Colombia, el Centro Democrático (CD), evitar que los militares declaren ante la Justicia Especial para la Paz (JEP), y que la verdad sobre los crímenes de guerra salga a la luz?

¿No es de entrada sospechoso que este partido se haya opuesto al acuerdo de paz firmado en 2016 y haya manipulado a los electores con mentiras, que incluso ellos mismos confesaron después haber divulgado, para que el pueblo votara en contra de la paz en el plebiscito? ¿Cualquier sociedad quiere vivir en paz, porque Colombia no?

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Colombia: el país del autogol

Es maravillosa la forma alegre que tienen los colombianos, siempre con una sonrisa en la cara, su manera amable de relacionarse, su capacidad para disfrutar de la vida aún en momentos difíciles; todo esto es realmente admirable y de lo que muchas otras sociedades pueden aprender. Por eso, es que resulta tan perturbador, que cuando de fútbol se trata, afloren tantas emociones nacionalistas entre los colombianos, pero que con el dolor de sus connacionales se perciba tan poca empatía.

Algo bueno del fútbol es, sin duda, que borra las diferencias ideológicas, religiosas, étnicas o de clase dentro del grupo, o por lo menos las pone en un segundo plano para poner por delante el deseo de todos de que su selección llegue lo más lejos posible en la carrera del Mundial. Lo triste en ello, hablando del caso colombiano, es que esta preocupación por el fútbol logre más unión que el deseo de construir un país donde quepan todos y todas con la misma oportunidad de salir adelante y de triunfar.

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Libertad de prensa, sí; respeto y responsabilidad, también

Vivo en Alemania y cuando me quiero informar sobre lo que sucede en Colombia o cualquier país de la región, prefiero hacerlo a través de los medios locales más que los internacionales. Creo que son finalmente estos los que están en medio del suceso. Soy consciente  que el estilo periodístico colombiano dista mucho del de otros países, sobre todo del alemán, algo que también tiene que ver con un asunto cultural y puede a uno gustarle o no. Sin embargo, lo que tuvimos que soportar quienes queríamos informarnos a través de los medios de comunicación colombianos durante las elecciones presidenciales de ese país fue, lamentablemente en varios casos, una experiencia aberrante.

Es la labor del periodista la de cuestionar las acciones y proyectos de los políticos. Su función es llegar hasta la raíz del asunto. Una entrevista debe por eso contener preguntas atrevidas o fuertes, lo que permite en el mejor de los casos que todos podemos estar mejor informados. La idea finalmente es destapar la verdad, lo que entonces convierte al periodismo casi que un activista de Derechos Humanos.

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