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Iker Armentia

Iker Armentia es periodista. Desde 1998 contando historias en la Cadena Ser. Especializado en mirar bajo las alfombras, destapó el escándalo de las "preferentes vascas" y ha investigado sobre el fracking. Ha colaborado con El País y realizado reportajes en Bolivia, Argentina y el Sahara, entre otros lugares del mundo. En la actualidad trabaja en los servicios informativos de la Cadena Ser en Euskadi. Es adicto a Twitter y tiene un blog: nosinmimochila.com.

Menos mal que no me toca votar en Madrid

Aquí cada uno tiene lo suyo y no se trata de dar lecciones a nadie, pero menos mal que no me toca votar en Madrid. Por avatares de la vida, nací donde nací y ahí me quedé, y me toca votar en otro lado. Menos mal. Y eso que donde yo suelo votar, en Euskadi, gana casi siempre el mismo, aunque en mi pueblo hay emoción porque no se sabe quién va a ganar. Casi tanta emoción como en Madrid. Pero, buf, menos mal que no me toca votar en Madrid.

Menos mal que no voto en Madrid porque si quisiera votar a la derecha no tendría una opción moderada que elegir y a falta de una, tendría que elegir entre tres opciones que dejan a Mariano Rajoy como discípulo de Lenin tumbado echándose la siesta: 1) derecha-sin-complejos-cayetana 2) derecha-aplaudida-por-Vox, y 3) extrema-derecha-acoge-nazis. Vaya plan. La opción 2) dice que es un partido liberal como son la mayoría de los liberales en España: siendo todo lo contrario (¿alguien lee a Lasalle en la sala?).

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Andoni el pescatero y los votos ultras

El otro día el candidato del PNV a la reelección como diputado general de Bizkaia, Unai Rementería, se fue al mercado. Allí conoció a Andoni el pescatero, que tiene un segundo trabajo y se levanta a las cuatro de la mañana y no para hasta las diez de la noche. Todo un ejemplo para Unai Rementería porque Andoni “no se queja” y, citando a Maroto, “no pide ayudas”.

El político lo tuiteó con orgullo junto a los consabidos hashtags de campaña y el lema “esta gente merece intentarlo” que no se sabe muy bien a qué se refería, pero en todo caso no era precisamente a que Andoni merezca dormir al menos siete horas por la noche.

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El drama nacional de tener que pagar las horas extras

Perdón, ¿pero no habíamos quedado en que el currela español es siestero y con tendencia genética al escaqueo, que si puede se pasa la mañana leyendo el Marca, que enferma sospechosamente, que el café se le alarga tanto como la última de los Vengadores y no hay charla motivacional que lo saque de su zona de confort? A mí los portavoces empresariales, los coachers y los eufemismos laborales en inglés que publican los periódicos habían terminado por convencerme de que los trabajadores en España éramos lo suficientemente jetas para meter menos horas que las que estipulan nuestros contratos y que, por nuestra irresponsabilidad, la economía estaba al borde del abismo, mientras los dueños de las empresas se jugaban su patrimonio para darnos trabajo de forma desinteresada y, a veces, por nuestra culpa se veían obligados incluso a veranear en Benidorm con la chusmilla.  

Pero fue llegar el Gobierno de Pedro Sánchez y anunciar que en España las empresas estarían obligadas a registrar las jornadas laborales de sus trabajadores, y los primeros en quejarse no fueron los trabajadores vagos sino los afanosos empresarios -y sus portavoces mediáticos- que empezaron a ver problemas por todos los sitios. Que si el teletrabajo no se puede controlar, que si el mismo café para todos no funciona, que si va a suponer un caos y un perjuicio. Que vaya drama nacional. Que si la abuela fuma.

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Todos mis amigos se llaman Cayetana

Por lo general, uno se suele arrepentir de lo que ha votado tiempo después de que se hayan conocido los resultados, pero los que ya hemos votado por correo -yo lo hice ayer- vivimos con la incertidumbre de arrepentirnos de nuestro voto antes incluso de que llegue la jornada oficial que la democracia nos regala para reflexionar.

Para los que hemos votado por correo, la campaña electoral vivida hasta ahora ha sido un día cualquiera en Gran Hermano: bastante show, dos o tres sandeces al día, poca chicha y el pollo del debate. Como artefacto de entretenimiento, la campaña está siendo exitosa: Atresmedia y Mediaset -que han normalizado la ultraderecha en España, por cierto- no se podrán quejar ni tampoco los periodistas de las cloacas del Estado a los que invitan a sus tertulias. Como campaña política en la que contrastar, aunque sólo sea un poquito, lo que unos y otros proponen, está siendo todo un erial. Espero que vuestra campaña -lo que queda a partir de hoy de la campaña- sea mejor.

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El marrón de la democracia

Nunca antes la policía municipal en Vitoria se había enfrentado a tal rebelión ciudadana. Desde hace dos semanas la gente no abre la puerta a la policía. Literalmente. Los agentes llaman al teleportero y no les abren. Y cuando consiguen superar el acceso del portal y golpean en la puerta de las casas -"¡Policía, abra!"-, la gente sigue sin abrir. Dentro, los vecinos le dan al mute en el televisor, caminan descalzos para no meter ruido y aguantan la respiración. Tras unos momentos de tensión, la policía se tiene que volver por donde ha venido.

Y la culpa la tiene Pedro Sánchez.

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Perro no come perro: la ley del silencio del periodismo

La mejor manera de conocer lo que de verdad se cuece en el periodismo es coincidir con un sobrino periodista en la cena de Nochebuena. O tener un amigo de la infancia que es un plumilla en un periódico. O una simple coincidencia una noche de borrachera. Porque los periodistas no suelen escribir sobre periodistas. O mejor, dicho, los medios no suelen hablar de los medios. Perro no come perro, se suele decir en el mundillo.

Y David Jiménez ha roto ese tabú con la publicación de El Director. Secretos e intrigas de la prensa narrados por el exdirector de El Mundo. "Los periodistas legítimamente hacemos nuestro trabajo, hablamos de los políticos, de los empresarios, criticamos a futbolistas, a los restaurantes si no nos gustan y, en cambio, jamás hablamos de nosotros mismos. Hay una ley de silencio que ha perjudicado mucho", explicaba este viernes David Jiménez en una entrevista en eldiario.es.

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El regreso de La Polla Records en la era de Vox

Vivo en Vitoria, un sitio que es como todos los sitios. Lo único que uno de cada ocho es policía. Y a menudo llueve. En el sitio donde yo vivo, nos tragamos la ficción de que somos más conocidos en el mundo que las pipas Facundo, pero hemos tenido que poner un logo de musgo con el nombre de la ciudad para que puedan identificarnos sin problemas. Seamos sinceros, del lugar en el que vivo, Vitoria y su provincia Álava, hay muy pocas cosas que tengan éxito fuera de nuestro reconfortante ombligo: el Baskonia, La Polla Records y Santiago Abascal. Iñaki Urdangarin estaba en la terna -se crió en Vitoria- pero desde que lo cazaron borboneando, preferimos precisar a los turistas que Urdangarin nació en Zumárraga. No somos nada.

Ha vuelto La Polla Records, los de Agurain. Ha vuelto Santiago Abascal, el de Amurrio. Y lo están petando. Los punkis anarcos y los fascistas están de moda. La nostalgia por el cagüendios y el franquismo ha coincidido en el tiempo y no sé si es casualidad, pero no lo parece. Se están agotando las entradas de unos punkis que cantan que las banderas son trapos de colores cuando estamos a punto de fallecer de sobredosis de banderas de todos los colores, y las listas del partido ultra de moda se llenan de adoradores de las banderas con aguilucho. Han vuelto la Polla y El Pollo.

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La prueba del algodón de la lucha contra la corrupción: los denunciantes están desprotegidos y sufren represalias

A las dos semanas de empezar a trabajar en Osakidetza, Manoel ya sabía cómo funcionaban las cosas. "¿No querrás estudiar para sacar tu plaza?", le decían algunos compañeros. "Si no tienes padrino, no te bautizas", le avisaban. Estaba todo bien conchabado. Se filtraban los exámenes de las OPEs y los adjudicatarios de las plazas estaban elegidos de antemano. Era una práctica extendida desde hace años en las especialidades médicas, no sólo en la suya de anestesistas. Manoel, un vigués que acababa de establecerse en Euskadi, se juntó con Roberto y Marta. Los tres decidieron hacer saltar la banca por los aires. Fueron a un notario y registraron los nombres de los agraciados. La profecía se cumplió y saltó el escándalo. Las irregularidades están siendo ya investigadas por un juzgado, hay varios imputados y esta misma semana ha dimitido el consejero de Salud del Gobierno Vasco, Jon Darpón

A estos tres médicos no se lo pusieron fácil. No les perdonaron que hubieran denunciado públicamente los amaños. En la investigación inicial de Osakidetza, a Roberto le preguntaron qué motivaciones había tenido para denunciar lo que estaba ocurriendo. Querían saber quién más estaba detrás de ese movimiento. Más tarde, Osakidetza acusó a los denunciantes de cometer una "tentativa de actuación fraudulenta" porque habían intentado recabar pruebas del fraude en los exámenes. El Servicio Vasco de Salud lo llevó a la Fiscalía que, finalmente, no actuó contra los denunciantes y puso en marcha una investigación sobre el fondo del asunto.

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La penecracia vasca

El lehendakari es hombre. Los que ostentan las alcaldías de las capitales del País Vasco son hombres. Los mandatarios principales de las tres diputaciones vascas también son hombres. En 40 años de democracia ninguna mujer ha sido alcaldesa de Vitoria, Bilbao o San Sebastián. En 40 años de democracia ninguna mujer ha sido diputada general de Álava, Bizkaia y Gipuzkoa. En Ajuria Enea siempre ha mandado un hombre en democracia.

Un artículo de El Correo lo recordaba este jueves. Vivimos en la penecracia vasca.

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Dime algo, chica: ¿eres feliz en este mundo moderno?

En estos tiempos líquidos en los que la realidad parece tan inaprensible y la ideología para explicar lo que nos pasa ha sido desplazada por la no ideología –esa ideología del sistema que es la peor de las ideologías–, quizás la ficción sea una de las pocas amarras que nos queden para acercarnos a lo que es verdad. Lo explicaba, creo, Rodrigo Cortés: ¿por qué JFK de Oliver Stone es una obra maestra? La conspiración que relata es más rocambolesca y disparatada de lo que en realidad fue. Y, sin embargo, es incuestionable que el magnicidio de Kennedy no fue la idea de un lobo solitario. La película no pasa la prueba del fact-checking y sin embargo hay en ella mucha verdad. Por eso funciona tan bien JFK.

En la reciente Green Book hay una historia real, pero ¿cuánto hay de verdad sobre el segregacionismo que se vivió en Estados Unidos en los años sesenta? La película habla del viaje al sur de un músico negro de clase alta que contrata a un italoamericano para que haga de conductor durante una gira de conciertos para blancos ricachones. La película es conciliadora, dicen los críticos: la amistad vence a los prejuicios raciales. Yo me aventuraría a decir que es complaciente. En Green Book el racismo es un problema personal más que un conflicto político, y los buenos sentimientos –y no la conciencia colectiva y la lucha fraternal– parecen ser la solución. El resultado es una película edulcorada e inofensiva que gusta a todo el mundo –también a mí– porque reconforta en vez de incomodar.

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    Bienvenido, Míster Ébola: la película

    #5 En el artículo hay una frase que es incorrecta. Llevo toda la mañana intentando corregirla pero el sistema editorial no me lo permite. Donde digo "un hospital en Alcorcón donde la atienden sin medidas de precaución", tendría que poner "un hospital en Alcorcón donde la atienden sin todas las medidas de precaución suficientes". Esas medidas de precaución insuficientes son el traje de protección que llevaba el médico al que le quedaban las mangas cortas ("y no fue hasta las cinco de la tarde cuando se puso de la vestimenta de mayor nivel de seguridad que había en el hospital, que además no era de su talla") http://politica.elpais.com/politica/2014/10/08/actualidad/1412800362_996180.html Además el médico cuenta: "Aunque la primera muestra es positiva no tengo conocimiento de ella directa salvo por la prensa", La confirmación de positividad de la paciente (el doble positivo) vuelvo a enterarme antes por medios periodísticos que directamente con la autoridad competente". Además hoy cuenta El País que Sanidad desoyó la alerta del camillero que recogió a Teresa en su casa para llevarla en ambulancia al hospital de Alcorcón: "El camillero, asustado, llamó directamente al centro coordinador, pero le insistieron en que debía trasladar a la paciente al Hospital de Alcorcón. La llamada se cortó. Los dos sanitarios se mostraron entonces bastante nerviosos a pesar de “haber seguido todos los pasos del protocolo, pero sin EPI [equipo de protección adecuado]”. "La ambulancia recorrió Alcorcón durante 12 horas y recogió a siete pacientes después de trasladar a Romero".

  • Al margen

    La política es sólo para los políticos

    #5 Por supuesto, el sentido de mi artículo critica a las élites políticas, en concreto, a esa práctica de intentar monopolizar el ejercicio de la acción política. Probablemente, tendría que haber sido más específico. Me refería a ese caldo social -eso que se oye en la calle todo el rato- de que todos los políticos son iguales, unos chorizos... Una visión que, muchas veces, procede de una falta de compromiso político (no en el sentido partidista sino en el de interés por la cosa pública) muy preocupante en nuestra sociedad, de un nihilismo individualista que en mi opinión puede ser peligroso. A eso me refería y no al análisis crítico de las ciencias sociales sobre las elites políticas, que me parece muy interesante y oportuno.

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    España explicada en diez series de TV

    #2 Gracias Harry_Haller Efectivamente, son salchichas, no salsas. La frase de Los Soprano juraría que es de Tony. Este verano me he tragado la serie entera y recuerdo la escena perfectamente, pero lo voy a comprobar de nuevo. Gracias por todo.