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José Coy

 Parado murciano y miembro de la Mesa Estatal del Frente Cívico Somos Mayoría.

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300 días en las vías

Sí, se dice pronto, pero el pasado domingo 8 de julio se cumplieron 300 días de lucha vecinal en los barrios del sur de Murcia contra un muro infame. La zona cero del conflicto, el paso a nivel del barrio de Santiago se ha convertido en el punto de las vías más fotografiado de todo el sistema ferroviario del país. Así ha sido al menos estos últimos diez meses. En esas miles de imágenes hay una buena muestra de lo que en esta “tierra abandonada” y de “segunda categoría” se ha vivido, un fantástico resumen de una lucha vecinal ejemplar que al parecer está dando sus frutos.

La esperanza ha vuelto a los barrios. Lejos quedan esas duras semanas de levantamiento de la pasarela de hierro que dañaba a la vista, a la lógica y al sentido común. Fueron duras, pero más duras han sido las sensaciones de impotencia, de que todo estaba perdido. También por la actitud represiva de un delegado del Gobierno conocido por 'Paco el Uvas' o 'Paco el del Látigo', que ya se fue, pero en los breves meses de su gestión dejó para la memoria las multas (muchas de ellas ridículas como la de 1000 'pavos' a Paco el Carnicero por comer pipas delante de la policía), la represión, las metralletas, los señalamientos a personas y organizaciones concretas, las detenciones, etc. Sólo eso formara parte de su informe de gestión, además de los titulares durísimos que ha dejado para la historia. "Aviso a navegantes, el que la hace la paga", entre otros. Aunque lo que se llevan la palma son esos tuis 'fantásticos'  que tanto cachondeo han  generado.

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24-M, Pablo Iglesias y el 'Tercer Espacio'

Tras los resultados de las elecciones autonómicas y municipales, caben múltiples interpretaciones y lecturas según desde el ojo desde donde se mire. Personalmente, los resultados los miro desde los ojos de un activista social afectado por la crisis y la hipoteca, que ha participado en los llamados movimientos sociales emergentes de estos últimos cinco años.

Sin estos movimientos sociales como la PAH, las mareas ciudadanas, el 15M, las Marchas de la Dignidad, el trabajo de base del sindicalismo alternativo como el que practica el SAT entre otros, el movimiento estudiantil, las huelgas generales y un largo etc., no estaríamos en un nuevo escenario político. Son muchas las personas que han formado parte del corazón y la cabeza de la conflictividad social de estos años, que ahora van a estar en los ayuntamientos o parlamentos autonómicos. El exponente más conocido es Ada Colau, pero hay un sinfín de activistas que ahora forman parte de una nueva generación de representantes políticos, que van a trabajar al servicio de otras políticas a favor de la gente y no al servicio de los caciques locales de turno.

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25-M: La rebelión de todas las bases

Previamente al 25-M hemos sido muchas las personas que hemos participado en las resistencias sociales contra los recortes, los desahucios, el paro, la precariedad y la exclusión social; hemos sido mucha gente la que hemos invertido muchas horas e ilusión en el 15-M, las mareas ciudadanas o las recientes Marchas de la Dignidad 22-M. Y lo cierto es que teníamos miedo a que el bipartidismo, ese bipartidismo que sustenta las políticas austericidas y que sigue los dictados de la Troika y de los banqueros, saliera inmune de las pasadas elecciones europeas. Pero, afortunadamente, ese 49% en el que ha quedado el PP-PSOE nos demuestra que la lucha paga y que sirve para desgastar a los poderosos, lo que desde los movimientos sociales se vive con mucha alegria y optimismo.

Y es que la caída del bipartidismo tiene mucho que ver con el fuerte conflicto social que estos últimos años se ha vivido en nuestro país. Un conflicto que, desde mi punto de vista, hay que fortalecer, haciendo confluir de forma estable las luchas y los sectores afectados por la crisis. Porque una cosa debemos tener clara: esto no lo arregla ningún político (aunque el cambio en las instituciones sea esencial), esto lo arreglamos los pueblos, lo arreglamos los trabajadores y trabajadoras en la calle con desobediencia activa, movilizando a millones de personas de forma estable y continuada. El 22-M fue un ensayo de lo que somos capaces como ciudadanía. Ese día dimos un ejemplo de dignidad y estoy convencido de que sólo con dignidad todas las personas a las que la crisis nos ha destrozado la vida podremos salir adelante.

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22M, la dignidad y la violencia

Quienes llegamos andando a Madrid el pasado 22M, después de dejar atrás a nuestras familias y problemas durante más de dos semanas, llegamos con las mochilas llenas de dignidad y esperanza. Dignidad porque no nos resignamos a vivir en precario, en la exclusión social o en la pobreza extrema a la que nos ha llevado esta crisis que no hemos provocado. Esperanza porque pensamos que, tras el 22M, tienen que confluir todas las luchas y conflictos sociales  que se están dando desde el comienzo de la crisis en unos objetivos y espacios comunes, así como en un calendario de movilizaciones continuadas y potentes. Esperanza en que seamos capaces de autoorganizar por abajo un movimiento unitario contra el paro y la precariedad que nos permita forzar otras políticas socioeconómicas que favorezcan a las personas y no sólo a los bancos y a las grandes empresas multinacionales.

En nuestras mochilas no llevábamos piedras, ni objetos punzantes, ni rodamientos, ni tirachinas y sí mucho deseo de que todo transcurriera en paz. A lo largo de todos y cada uno de los actos, reuniones y asambleas que hemos ido realizando en los meses, semanas y días previos a lo largo y ancho del país, no hemos dejado de repetir que esta movilización era radicalmente no-violenta. Desobediente, pero pacífica, a pesar de que quienes hemos estado en las carreteras estamos sometidos a una violencia diaria estructural de un sistema que nos ha dejado abandonados en la cuneta.

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