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Luis Gallego Mayordomo

Licenciado en Filosofía y Letras por la Universidad de Murcia y Licenciado en Traducción e Interpretación de Lenguas por la Universidad de Alicante. Cursó tres años de Ciencias Políticas en la UNED y un año de Cultura Árabe en la Universidad Autónoma de Madrid, e hizo un curso de postgrado sobre pensamiento político iberoamericano en la Habana en el verano de 1991. Ha publicado artículos en prensa y revistas, últimamente en La Opinión y la Crónica del Pajarito.

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Desconfluyente virtud

La razón electoral tiene vericuetos que el corazón no entiende.

Es por eso que en ocasiones frente al noble impulso de confluir, se nos revela y rebela la incómoda virtud de desconfluir.

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El tren de los pobres

Dicen que Santa Marta tiene tren pero no tiene tranvía. En Murcia aspiramos a lo contrario.  Llevamos años enfrascados en ese rutilante AVE que nunca acaba de llegar, por más que ocupe cientos de declaraciones políticas, empresariales e institucionales; últimamente también judiciales. Tan estratégico proyecto de movilidad ha llenado España de estaciones tan monas como semivacías, al tiempo que ha engrosado el défict público, y de paso los bolsillos de múltiples agentes, incluido algún responsable de ADIF.

Y mientras, la casa sin barrer. Durante años sobre el vetusto tren de Murcia a Alicante he comprobado cómo avanzaban las impresionantes obras de nuestro tramo del AVE. El mismo que pocas veces tomarán la mayoría de quienes aún hoy usan este viejo cercanías. He sido testigo de cómo languidecía y se deterioraba hasta límites insostenibles el servicio que precisamente utilizan las gentes con más magros recursos.

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Aburrimiento; un arma cargada de futuro

El bueno de Gabriel Celaya lo decía de la poesía, el PP lo predica del puro aburrimiento.

Posiblemente hayamos asistido, tras las elecciones generales de junio, y bajo el soporífero calor del pasado verano, al alumbramiento de lo que acaso sea la mayor aportación patria a la práctica, arte y ciencia de la política. No es otra cosa que la puesta en escena y despliegue por parte de los estrategas electorales del PP de un recurso político definitivo: un magistral derroche de aburrimiento, meses y meses de un tedio antológico, casi ontológico.

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Catedral Vieja de Cartagena; Esperpento y Cultura

Me informan que este tórrido verano el esperpento de raíz valleinclanesca dejó su castizo callejón del Gato madrileño para cruzar por el cartagenero callejón de la Aurora e instalar sus deformadores espejos en la mismísima iglesia de Santa María. Sí, la también llamada desde el siglo XVIII catedral vieja de Cartagena. El asunto sería pa jartarse de risa si no fuera porque participaron del elenco figurantes tan singulares como nuestro inefable alcalde, Pepe López, y  miembros de una atrabiliaria entidad de marcada ideología cartagenerista que atiende al alias de Plataforma Ciudadana Virgen de la Caridad. Atendió la función un nutrido público de cientos de cartageneros interesados por su patrimonio y otros tantos visitantes y turistas.

Hacía tiempo que se demandaba la apertura al público de este singular templo erigido tras la Reconquista sobre el graderío del Teatro Romano de Carthagonova. Resulta que por fin este julio su titular, el obispado, tuvo a bien en excepcional cumplimiento de esa normativa que afecta a los BIC (bienes de interés cultural), abrir al público el monumento en cuestión unos días al mes. Pero ahí no quedó la cosa, sino que su ilustrísima se estiró el bolsillo al punto de destinar unas perrillas al contrato de una guía oficial; cosa esta tan loable como inusual en nuestra Región. Aquí es práctica común si un municipio u otra institución decide organizar visitas guiadas, saltarse la normativa en vigor y echar mano del primer amiguete con tan buen pico como nula preparación y acreditación profesional. Pero es que además, loado sea el Señor, el Santo Espíritu pareció guiar sus pasos, pues dieron en contactar con una excelente profesional, debidamente acreditada como guía oficial, licenciada en historia, apasionada del patrimonio, gran comunicadora y entrañable persona.  El caso es que a pesar de darse por una vez, y sin que sirva de precedente, todas las condiciones para ofrecer un servicio cultural gratuito, digno y valioso para cartageneros y visitantes, el asunto no satisfizo plenamente a las huestes cartageneristas concitadas en torno a tan pintoresca plataforma. Y no lo hizo porque lo juzgaron parte de ese supuesto contubernio murciano-masónico cuyo mayor instigador parece ser ahora el obispado. Andan, con el alcalde a la cabeza, a uñas con su ilustrísima a cuentas de la legendaria usurpación de la capitalidad de la sede episcopal carthaginensis y la consiguiente naturaleza catedralicia del templo cartagenero. Y todo en beneficio de ese vulgar edificio de infame y recargada fachada sito en la murciana plaza de Belluga. Sumen a esto la reliquia de los calostros de la madre de Aníbal, la primera misa oficiada en Hispania por el apostol Santiago, allí mismico, frente a las barbas de los magistrados romanos de Carthagonova, y cuanta sandez histórica sirva a su irredento cartagenerismo, y empezaran a entender el ilustre paño intelectual que nos ocupa. El primer día que se abrió el templo entraron pertrechados de velas, vindicativas camisetas y otros enseres. Ignorando a la profesional a cargo del asunto, tomaron posesión del sigular edificio y, entre hostigamientos y menosprecios varios, boicotearon cuanto gustaron su trabajo. Aquel primer día, contaron con la inestimable presencia de nuestro simpar alcalde cartagenerista, quien me dicen que armado de una gran ramo flores, de un saltarín arrebato accedió sin permiso al espacio arqueológico vallado que se halla entre la columna de los mártires y la pretoriana. Ante la perplejidad del resto de público, llegaron a simular una suerte de altar y lo que se antojó un oficio religioso. Siguieron acudiendo en días sucesivos, interrumpían malencarados a la guía, o bien ofrecían tras la visita oficial explicaciones absolutamente carentes de rigor a una asombrada audiencia. Me cuesta reproducir los innumerables disparates que día tras día salieron por esas bocas, las lindezas que dedicaron a la guía profesional encargada, el hostigamiento continuo y el menoscabo a su labor. Tal vez su mayor delito fuese el llamarse Fuensanta, sospechoso nombre donde los haya. Debió encrespar los ánimos el jodío nombresico, pues a pesar de ser mi estimada Santi cartagenera por parte de madre, fue sagazmente interpretado por tan ilustrada grey como la prueba definitiva de hallarse ante una hostil agente de pérfido murcianismo, depredador de las nobles esencias cartageneristas.

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Murcia, una Región en avanzado estado de UCAMización

De tantas lindezas acabadas en "ción": precarización, prevaricación, ...; la que mejor distingue nuestra Región, es sin duda su avanzado estado de UCAMización. Bajo la férula de un trasunto local del Gran Cardenal, se alinean las huestes de nuestro presidente regional y su enigmática sonrisa. Desatados, tras una socorrida victoria electoral, se aprestan a culminar un proceso UCAMizador de bíblicas proporciones. Se suman la mesnada marianil, ballesteros de milicias concejiles afines, y hasta el cabildo catedralicio. Garantizada tienen pues pronta absolución eclesial, ya veremos si judicial. Consejeros y otros responsables del gobierno regional salen y entran ufanos, cual Perico por su casa, del claustro de los Jerónimos al de san Esteban y viceversa, tras una siempre ardua y eficiente labor UCAMizadora en sucesivos gobiernos regionales. ¿Fue tal vez para este garboso ir y venir, que les financiamos un bonito tranvía?

Los diversificados intereses del cardenal y su curia parecen permearlo todo en la Región: economía, desarrollos urbanísticos, educación universitaria, formación profesional, turismo, cultura, deporte. ¡Qué proverbial derroche de ecumenismo empresarial!

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Cada cuarenta y pico años

Ocurre con el compromiso político como con esos ciclos largos de fluctuaciones de la economía que describió Kondrátiev. Cada 40 o 50 años sobreviene una profunda crisis y con ella pareciera que retornasen los mejores al espacio político. A inicios de los años 30, una brillante generación de españoles, gentes de enorme talla personal e intelectual, decidió tomar las riendas del país, asumir su responsabilidad social e implicarse hasta las trancas en la gestión de la res publica. En parte, volvió a ocurrir en los años 70. Éramos apenas adolescentes cuando digeríamos embobados esos memorables debates moderados por Balbín en la Clave de TVE. Había enjundia en las palabras del profesor Tierno, de Aranguren, Carrillo, Herrero de Miñón, Alfonso Guerra, Tamames o Solé Tura; no quiero ser sectario en esta enumeración. Al evaluar lo que vino después, se me cae el alma a los pies. Apenas algún verso suelto, como el califal don Julio o el digno gruñido escatológico de Labordeta. Y llegados a la última hornada, la comparación es necesariamente odiosa. La atildada puesta en escena del apuesto Pedro Sánchez, el bello Rivera junto a la pizpireta Arrimadas, el donaire con peineta en diferido de la Cospedal, la chulería castiza de Espe, ese bigotillo esquivo del dimitido Soria, o el inefable timbre nasal de la aznaridad. No, no es precisamente la luz del entendimiento lo que brilla en sus miradas. Su insulsa jerigonza muestra la triste deriva del debate político patrio.

Hace dos años, sobre esta esteparia meseta mental, un morado nubarrón de mozalbetes de cabeza bien amueblada, desatado desparpajo y verbo atinado descargó una providencial tormenta de materia gris; y arrambló con décadas de mediocridad política. La precipitó la terrible crisis social y moral; o fue el enorme nivel de incuria, corrupción y degradación de la vida pública; o el espacio que permitieron las nuevas redes sociales, o el 15M; no sé. Lo que sí sé es que para esas nuevas generaciones de jovenes preparados, preparados no solo para emigrar, el anodino espectáculo de tanto mediocre al mando del timón resultó insufrible. Lo que sí siento es que la historia ha regalado a nuestras humildes biografías una generosa purple rain. ¡Bendito Prince, que estás en los cielos! Construimos durante años una formidable ineptocracia al servicio de la gran cleptocracia global. Es por ello que destaca tan poderosamente el discurso de los Errejón, Iglesias, Carolina Bescansa, Santiago Alba, Monedero y tantos otros. Si como antaño, vuelven los mejores al espacio público, ¡qué difícil resultará mantener el tipo a tanto mindundi metido a político! Tanto cagapoquico, que decía mi abuelo. Aunque solo fuera por esta razón, por haber elevado el debate político en este país al punto que les confunda aquel mal de altura que tanto afectó a Aznar en su visita a los Andes, merece la pena apoyar su proyecto.

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Desbocada pasión por UNESCO en la Asamblea Regional

Esta semana se ha desatado la locura con el asunto de las declaraciones de Patrimonio de la Humanidad entre la mayoría de grupos políticos en la Asamblea Regional. Cada grupo, salvo Podemos, ha hecho su dudosa y diversificada propuesta. También en el Ayuntamiento de Cartagena. Bienvenido sea tal furor patrimonial si por fin nuestros gobiernos se dedican a proteger la chispica que nos queda de huerta o a hacer algo por esos molinos que languidecen en el campo de Cartagena, o por tantas otras cosas. ¡Descuiden que no caerá tal breva! Se dedican a proponer sin gran tino, pisándose unos a otros, en pos de la medallica en los medios. Y a ver quién da con la chorrada más vistosa para figurar en la foto.

Ciudadanos, que no parece tener la menor idea, ni relación alguna con Asociaciones y agentes culturales locales, nos sale con instar la declaración del patrimonio romano de Cartagena. Mejor les hubiera ido informándose, o derivando alguna de esas facturas que colaron indebidamente al erario público en darse un garbeo por la costa turca, libia o siciliana. ¡Anda que no hay conjuntos romanos entereticos y pa jartarse! Quienes saben, les dijeron que eso era inviable, que España es el segundo país en denominaciones de Patrimonio Universal de la Unesco y que solo tienen recorrido proyectos singulares, y a ser posible transnacionales. Y además su propuesta merma las posibilidades de otros proyectos ante la UNESCO que las gentes con fuste y conocimiento llevan años tratando de armar para Cartagena: básicamente en relación con el patrimonio defensivo, el Arsenal o la ciudad ilustrada del XVIII.

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Ateísmos profundamente religiosos

Definir las fronteras entre fe, Iglesia, religión y tradiciones populares es tarea ardua, por no decir imposible. Es por eso que lejos de aportar luz al asunto, me dispongo a enredarlo más si cabe. No poca razón tenía aquel alumno que ante la pregunta sobre quién era Confucio, respondió sin pestañear: el inventor del confusionismo. Esta religión sin dioses ha conformado la historia y cultura china hasta el punto de convertir comunismo y maoísmo en una evolución casi natural de su milenaria tradición. Tras una larga noche de libaciones en honor a Dionisos, una galopante verborrea y una pizca de confusionismo oriental, afirmé que me consideraba una persona profundamente religiosa a pesar de mi contumaz ateísmo. Porfié con denuedo en argumentar tamaña chorrada. El resultado fue que, amén de aburrir a mis interlocutores, llegué a convencerme a mí mismo del asunto.

Es cierto que siempre me fascinó el sofisticado mundo de ritos, advocaciones marianas, iconogafía religiosa, y en especial la enorme fuerza espiritual que emana de la religiosidad popular. Religión tiene diversas acepciones que van más allá del conjunto de creencias que definen una confesión. Religión en el sentido que me interesa, que no es otro que aquel más cercano etimológicamente a "religare", es aquello que nos religa, que nos une al mundo de nuestros abuelos, a nuestras raíces y al imaginario que compartimos. Las tradiciones de nuestro pueblo quedaron irremediablemente conformadas y ligadas al hecho religioso. No podía ser de otra forma. A uno le podían tachar de descreído pero difícilmente podría tomar distancia intelectual para imaginar un mundo sin Dios. Eso que llamamos religiosidad popular, con sus múltiples manifestaciones culturales y artísticas, era el único espacio que el poder permitía a nuestra gente para expresar su espiritualidad, sus angustias e inquietudes ante los misterios de la vida. Y nada como la Iglesia católica expresa mejor la quintaesencia del Poder, del poder en bruto, a lo largo de los siglos.

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¡Es la Economía, benditos!

A la ardua tarea de desmontar el entramado de creencias presentadas como rigurosa ciencia económica se ha aplicado Ilan Ziv en una reciente serie documental. La llama Capitalismo y recorre de forma amena y didáctica la historia de las teorías económicas y sus autores, con la colaboración de académicos tan sospechosos de ignorancia como Thomas Pikkety, James M. Galbraith, Carol Heim, o un tal Varufakis. Excelente trabajo el de este realizador israelí, si bien  el término capitalismo se me antoja hoy un palabro que sirve poco más que para delatar a quien lo emplea. Sus secuaces lo dulcifican llamándolo economía de mercado o cosas así. Los rojeras de ayer, ahora transversales, y en mi caso atravesaos, hicimos de él la palabra fetiche sobre la que volcar nuestro rechazo a un modelo económico generador de injusticia. Y seguramente sea más eficaz mediáticamente titular Capitalismo que Economía. Pero es hacia ese supuesto cuerpo de sacrosantos saberes que llamamos Economía y no hacia un término cargado de connotaciones peyorativas, cuyo significado se difumina fuera del marco marxista, donde debemos dirigir nuestras prevenciones.

Claro que hay distintas aproximaciones teóricas en Economía, pero resulta que es dentro del paradigma dominante en el que se han formado y se reconocen la abrumadora mayoría de profesores y titulados universitarios. Existe así un corpus central de principios, axiomas troncales surgidos en el XIX, que más parecen prejuicios, creencias nunca demostradas o asunciones caprichosas, a las que se les concede la respetabilidad de lo que llamamos ciencia. Y ciertamente se lo han currao a lo largo de dos siglos, engalanando tal conjunto de interesadas creencias en el libre comercio o en esa suerte de espíritu santo en forma de mano invisible reguladora con un sofisticado andamiaje seudoteórico, trufado luego de un impresionante aparato matemático y salpicado además de muchos, muchos gráficos y dibujicos. Y uno pensaría que para ese viaje no hacían falta alforjas.

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Puro Teatro

Al seguir la actualidad política española tras el 20D, me acompaña de fondo la caribeña voz de la Lupe, quien cantaba aquello de "teatro, lo tuyo es puro teatro, estudiado simulacro...".

La sofisticada representación mediática a que queda reducida la política en estos tiempos del cólera informativo, no cesa de crear emocionantes escenarios a gusto de exigentes consumidores de ficciones televisivas. Las enrevesadas tramas políticas, sus inesperados finales, han de competir con culebrones y esas trepidantes series a que está hoy habituada la clientela.

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