La ganadería extensiva, el cortafuegos natural que protege los montes andaluces
Cada verano, cuando el riesgo de incendios forestales alcanza su nivel máximo, los esfuerzos suelen centrarse en los medios aéreos, las brigadas de extinción y la capacidad de respuesta del dispositivo INFOCA. Sin embargo, la primera línea de defensa frente al fuego comienza mucho antes de que aparezca la primera llama y tiene como protagonistas a miles de ganaderos que, con su trabajo diario, contribuyen a mantener limpios los montes andaluces.
El trágico incendio sufrido en Los Gallardos (Almería) pone de manifiesto la necesidad de recuperar la colaboración entre la Administración y el sector agrario en materia de gestión preventiva del territorio. La prevención de los incendios no comienza cuando se declara un fuego, sino durante todo el año, mediante la gestión activa del territorio. Por eso, la presencia de agricultores y ganaderos contribuye a reducir la acumulación de biomasa, mantener un paisaje en mosaico que dificulta la propagación de las llamas y conservar un entorno rural habitado y productivo
Más allá del cambio climático y de las imprudencias hay una causa que desde el sector agrario llevan años denunciando: el abandono de las prácticas agrícolas y ganaderas tradicionales y la falta de gestión forestal activa han provocado una acumulación masiva de combustible vegetal en el territorio. La despoblación rural, la desaparición del mosaico de cultivos y pastos y la infrautilización de herramientas como el pastoreo, la trashumancia o las quemas prescritas han generado paisajes continuos y homogéneos, perfectos para que el fuego corra sin freno.
La situación se hace más crítica en los terrenos forestales que cuentan con alguna figura de protección. Es el caso de la provincia de Jaén, que alberga unas 645.000 hectáreas de superficie forestal (alrededor del 48% de su territorio), de las cuales más de 300.000 hectáreas son espacios naturales protegidos, lo que la convierte en la provincia con mayor porcentaje de territorio forestal protegido de España (un 72%).
Los ingenieros forestales recuerdan que cualquier incendio necesita tres elementos para desarrollarse: una fuente de ignición, oxígeno y combustible vegetal. Sobre los dos primeros apenas existe capacidad de actuación, pero sí es posible reducir el tercero mediante una adecuada gestión del territorio
La ganadería extensiva se ha consolidado como una de las herramientas más eficaces de prevención de incendios. El motivo es sencillo: ovejas, cabras, vacas y caballos eliminan de forma natural gran parte de la vegetación que alimenta el fuego durante los meses de verano.
Los ingenieros forestales recuerdan que cualquier incendio necesita tres elementos para desarrollarse: una fuente de ignición, oxígeno y combustible vegetal. Sobre los dos primeros apenas existe capacidad de actuación, pero sí es posible reducir el tercero mediante una adecuada gestión del territorio.
Ese combustible está formado, principalmente, por hierbas secas, matorral y pequeños arbustos que, tras meses sin lluvias y con temperaturas superiores a los 35 grados, se convierten en un material altamente inflamable. Es precisamente esa vegetación la que consume el ganado durante el pastoreo.
“La mejor forma de apagar un incendio es evitar que llegue a producirse”, resumen numerosos especialistas en gestión forestal, que consideran el control de la biomasa una prioridad en la estrategia preventiva.
El papel del ganado va mucho más allá de limpiar el campo. Al alimentarse de la vegetación, rompe la continuidad del combustible, creando zonas donde las llamas encuentran mayores dificultades para avanzar. Esta circunstancia puede reducir considerablemente la velocidad de propagación del fuego y facilitar el trabajo de los equipos de extinción.
Cada especie cumple una función específica. Las cabras destacan por su capacidad para controlar matorrales leñosos como jaras, retamas o aulagas; las ovejas mantienen a raya los pastizales; el vacuno elimina vegetación de mayor porte y favorece la apertura de claros, mientras que los equinos contribuyen al mantenimiento de zonas de montaña y espacios de difícil acceso.
Los expertos consideran que la combinación de diferentes especies constituye uno de los sistemas más eficaces de gestión forestal sostenible.
Con más de 4,5 millones de hectáreas de superficie forestal, Andalucía es una de las comunidades autónomas con mayor riesgo de incendios de España. El clima mediterráneo, caracterizado por largos periodos de sequía, elevadas temperaturas y episodios de viento intenso, favorece la aparición de incendios de gran magnitud.
Además de su función ambiental, la ganadería extensiva mantiene vivo el medio rural. Genera empleo, fija población en municipios amenazados por la despoblación y conserva un modelo productivo estrechamente vinculado al territorio
A ello se suma el abandono progresivo del medio rural y la acumulación de biomasa en amplias zonas forestales, factores que incrementan el riesgo de los denominados grandes incendios forestales, aquellos que superan las 500 hectáreas y cuya extinción resulta especialmente compleja.
La prevención pasa por reducir esa carga de combustible antes de la llegada del verano. En este contexto, el pastoreo dirigido forma parte de las actuaciones de selvicultura preventiva junto a los desbroces, las podas, los clareos y las quemas prescritas.
Además de su función ambiental, la ganadería extensiva mantiene vivo el medio rural. Genera empleo, fija población en municipios amenazados por la despoblación y conserva un modelo productivo estrechamente vinculado al territorio.
La presencia diaria de los ganaderos en el campo supone también una vigilancia permanente. Son, en muchas ocasiones, los primeros en detectar una columna de humo o una situación de riesgo y dar aviso a los servicios de emergencia.
Las administraciones públicas han comenzado a reforzar esta estrategia mediante programas de pastoreo preventivo y medidas de apoyo a la ganadería extensiva, conscientes de que cada hectárea gestionada por el ganado representa una hectárea menos expuesta al avance del fuego.
En un escenario marcado por el cambio climático, con campañas de incendios cada vez más largas y virulentas, la prevención adquiere un valor estratégico. Y en esa labor, la ganadería extensiva demuestra que su contribución va mucho más allá de la producción agroalimentaria: constituye un servicio ambiental esencial para la conservación de los montes andaluces y una de las mejores inversiones para proteger el patrimonio natural de la comunidad.
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