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Marcelo Expósito

Artista y activista. Secretario tercero de la mesa del Congreso de los Diputados y diputado de En Comú Podem por Barcelona. Miembro de la dirección ejecutiva de Barcelona en Comú.

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Una red global de ciudades sin miedo

En el encuentro Ciudades Sin Miedo nos reunimos con hermanos y hermanas de 180 ciudades de cuatro continentes de todo el mundo. El encuentro tuvo su apertura significativamente en una plaza del barrio del Raval, territorio histórico de la exclusión y de la rebeldía, hoy al cuidado de una mujer extraordinaria, nuestra concejala de distrito, la comandanta Gala Pin. Barcelona viene siendo un laboratorio político excepcional desde hace al menos un siglo y de cuya imaginación política para la rebeldía nosotras, Barcelona En Comú, nos sentimos humildemente herederos.

El título de este encuentro muestra al menos dos caras. "Ciudades sin miedo" porque, como se afirmó una y otra vez en las hermosas intervenciones en la plaza de Ada Colau, de Manuela Carmena, de Caren Tepp, de Rena Dourou, de Helen Gym y de Áurea Carolina de Freitas, somos ciudades valientes en las que estamos intentando ejercer políticas audaces. Pero mencionar el miedo significa también que reconocemos su existencia. Nuestras fuerzas políticas surgen en un clima mundial de ansiedad para las mayorías sociales que debemos mirar de frente. Nos encontramos, una vez más en la historia, en un mundo situado en la encrucijada entre la esperanza de la vida a plena luz y la incertidumbre de la oscuridad.

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Pere Portabella i Metromuster: d'on venim i per què estem aquí

La velocitat de les informacions polítiques en aquests dies fa semblar que les notícies de demà deixen enrere, molt llunyanes, les d'ahir. Resulten per això importants els relats que ens permeten prendre perspectiva des del darrere, impedint que oblidem qui som i d'on venim. Perquè una revolució democràtica segueixi oberta és vital que es multipliquin les narracions que l'empenyen. Els relats en forma d'imatges, de músiques, de cançons i de pel·lícules són imprescindibles a l'hora d'explicar els processos socials de canvi, al mateix temps que funcionen com un motor que els impulsa.

He assistit aquests dies passats a l'estrena de dues pel·lícules que ningú s'ha de perdre, ambdues produïdes a Barcelona. Una és "Informe General II. El nou rapte d'Europa", de Pere Portabella; l'altra, "Tarajal. Desmuntant la impunitat de la frontera Sud", del col·lectiu Metromuster. Són dues pel·lícules que tenen precisament la virtut de recordar-nos els malestars i també les emocions de les que sorgeixen nostres processos col·lectius recents.

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Pere Portabella y Metromuster: de dónde venimos y por qué estamos aquí

La velocidad de las informaciones políticas en estos días hace parecer que las noticias de mañana dejan atrás, muy lejanas, las de ayer. Resultan por eso importantes los relatos que nos permiten tomar perspectiva desde atrás, impidiendo que olvidemos quiénes somos y de dónde venimos. Para que una revolución democrática siga abierta es vital que se multipliquen las narraciones que la empujan. Los relatos en forma de imágenes, de músicas, de canciones y de películas, son imprescindibles a la hora de contar los procesos sociales de cambio, al mismo tiempo que funcionan como un motor que los impulsa.

He asistido en estos días pasados al estreno de dos películas que nadie debe perderse, ambas producidas en Barcelona. Una es 'Informe General II. El nuevo rapto de Europa', de Pere Portabella; la otra, 'Tarajal. Desmontando la impunidad de la frontera Sur', del colectivo Metromuster. Son dos películas que tienen precisamente la virtud de recordarnos los malestares y también las emociones de las que surgen nuestros procesos colectivos recientes.

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Los efectos de la cultura como recurso

Los dos Planes Estratégicos de Cultura de Barcelona, lanzados respectivamente en los años 1999 y 2006, enmarcan simbólicamente un ciclo histórico en la ciudad. Se trata de casi dos décadas durante las cuales las políticas oficiales han otorgado a la cultura un papel relevante como motor económico y herramienta de integración ciudanana. Al leer hoy el Plan del 2006, nos damos cuenta sobre todo de la incapacidad de las élites políticas de la ciudad para focalizar de manera global la doble crisis económica y de régimen político en la que estamos sumidos. Una crisis a la que no es ajena la propia práctica de la gestión pública ejercida por esas mismas élites a lo largo del tiempo.

La concepción del papel de la cultura que destilan estos Planes oscila entre un idealismo reformulado por los intereses institucionales y un tecnocratismo indisimulado. Como explicábamos en un artículo anterior, la cultura ha servido ejemplarmente en la ciudad de Barcelona como un "recurso", depositándose en las políticas culturales la función de operar como un ejercicio de "excelencia" creativa individual, como una "industria" activadora de la matriz productiva y como una práctica "cohesionadora" del tejido social. Pero debemos a fecha de hoy someter a un severo diagnóstico las tendencias generales que dichos Planes han producido, empezando por cómo la cultura ha sido utilizada como una forma de gobierno urbano que homogeneiza la ciudad a la que se dice querer promover en su diversidad.

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La cultura cuenta

"La cultura cuenta". Así lo afirmaba James D. Wolfensohn en 1999 cuando, siendo presidente del Banco Mundial, impulsó una concepción de las políticas culturales como recurso para el desarrollo económico. Desde entonces hasta ahora, hemos asistido a la creciente aplicación internacional de parámetros económicos neoliberales a la producción, distribución y consumo de bienes y servicios culturales. Pero antes del cambio de siglo, la cultura venía cumpliendo también una función dinamizadora en ciertos modelos neoliberales de desarrollo urbano y regional. En suma, hace varias décadas que la cultura ha venido sirviendo como instrumento para gobernar nuestras sociedades y para mercantilizar nuestras ciudades. No escasean los ejemplos cercanos. Ahí tenemos las diversas políticas culturales que después de la Transición Democrática sirvieron en España para construir un imaginario de modernización socialdemócrata, en Cataluña para reforzar un esencialismo identitario nacionalista y en Barcelona para rehacer la ciudad y hacer de ella una marca.

Barcelona ha sido reconocida internacionalmente como un laboratorio de la cultura en tanto que recurso para la remodelación urbana y para vender una identidad propia en el mercado competitivo de las ciudades globales. Exactamente el mismo año de las declaraciones arriba citadas sobre la nueva función de la cultura en las políticas del Banco Mundial, el Ajuntament de Barcelona aprobaba su primer Plan Estratégico de la Cultura, inmediatamente posterior a la creación del Institut de Cultura de Barcelona (ICUB) en 1996. El plan buscaba fomentar que toda una serie de recursos culturales tuviera un papel central en la construcción de Barcelona como una capital global. Este Plan suponía una adaptación de la visión que entonces era hegemónica sobre las "industrias creativas" como estrategia política y de mercado, de acuerdo con el modelo anglosajón que instauraba ese documento ya histórico que fue el Creative Industries Task Force emitido en 1998 por el primer Gobierno británico de Tony Blair. Dicho informe ejecutaba una reversión crucial: transformaba el concepto de "industria cultural" (un enfoque crítico sobre la función de la cultura en la manipulación de masas, propuesto en la década de 1940 por los filósofos marxistas alemanes Adorno y Horkheimer durante su exilio en Estados Unidos), convirtiéndolo en las "industrias creativas". No se trataba de un cambio conceptual meramente especulativo: las industrias creativas venían en auxilio de la incertidumbre económica, el desempleo masivo y la tensión social que provocaban las oleadas de desindustrialización requeridas por la mutación del modelo de producción capitalista a escala global.

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