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Marta Tafalla

Marta Tafalla (Barcelona, 1972) es doctora en Filosofía y profesora en la Universidad Autónoma de Barcelona. Ha publicado el libro Theodor W. Adorno. Una filosofía de la memoria (Herder, 2003), y editado el volumen Los derechos de los animales (Idea Books, 2004). También ha co-editado, junto con M. González, J. Riechmann y J. Rodríguez Carreño el libro Razonar y actuar en defensa de los animales (Los libros de la catarata, 2008). Ha publicado diversos artículos acerca de derechos humanos, derechos de los animales y estética de la naturaleza en revistas académicas. También es autora de las novelas La Biblioteca de Noé (Herder, 2006) y Nunca sabrás a qué huele Bagdad (UAB, 2010).
Página web: http://gent.uab.cat/marta.tafalla/

 
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Razones éticas para prohibir el uso de animales en circos

La celebración de la jornada 'Hacia la prohibición del uso de animales en los circos en España', organizada en el Congreso de los Diputados por la Asociación Parlamentaria en Defensa de los Derechos de los Animales ( APDDA), coincide con el inicio del otoño. Quiero comenzar diciéndolo, porque creo importante señalar y celebrar los ciclos de las estaciones, así como en general los ciclos naturales, que ordenan el tiempo y nos ubican en los ritmos del planeta que habitamos.

Y seguramente me dirán: ¿y qué tiene eso que ver con el uso de animales en los circos? Pues tiene mucho que ver. La civilización que hemos construido y en la que estamos atrapados, está intentando con muchas estrategias distintas y complementarias que olvidemos la naturaleza. Y en gran medida lo está logrando. Un ejemplo: la mayoría de la gente ya no conocemos cuáles son las especies de animales y plantas con las que compartimos los ecosistemas. Al caminar por nuestro barrio en los quehaceres de la vida cotidiana, nos cruzamos con aves y reptiles, mamíferos e insectos, y según donde vivamos también vemos anfibios y peces, pero a menudo no sabemos identificar qué especies son, ni entendemos sus formas de vida, ni las funciones que realizan en los ecosistemas. Tampoco reconocemos las plantas que brotan de manera espontánea, ni sabemos de dónde proceden las plantas exóticas que se cultivan en parques y jardines. Supuestamente, vivimos en la era de la información y estamos todos conectados, y sin embargo, hemos desconectado de la comunidad multiespecie que conforma la biosfera, el mundo real al que pertenecemos y del que dependemos para tener una buena salud física, emocional y mental.

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Las voces de los demás

I

El día que aparecieron había tormenta, el cielo estaba encapotado, y nos pareció ver entre las nubes oscuras unos extraños reflejos. Al principio creímos que era algún efecto óptico. Fue la luz de un relámpago la que nos alertó, porque lo vimos repetido por todo el firmamento, como si las nubes escondieran miles de espejos. La gente se paraba en las calles y se asomaba a las ventanas. Un nuevo relámpago nos permitió volver a ver aquella imagen insólita. 

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El futuro de seis delfines

Hace más de veinte años, cuando era estudiante, me apunté a un curso en el Zoo de Barcelona titulado 'Adiestramiento de mamíferos marinos' porque quería saber cómo lograban los entrenadores que los delfines hicieran acrobacias, cómo se comunicaban con ellos y, sobre todo, cómo lograban que les obedecieran. Los profesores del curso eran dos de los entrenadores. Nos hablaban de los delfines como de individuos con personalidades distintas, y nos contaban los miedos y las preferencias de cada uno de ellos. Nos explicaban que había cosas que les gustaba hacer y otras que no. A veces se estresaban o sentían celos unos de otros. Mantenían relaciones sociales muy complejas entre ellos y también con los entrenadores, a los que trataban reconociendo sus diferentes personalidades.

Así pues, los entrenadores eran conscientes de la inteligencia y las emociones de los delfines y, sin embargo, les obligaban a actuar. Los delfines tenían que aprender a obedecer. A obedecer a otra especie. A actuar para proporcionar placer a otra especie. A frenar sus propios deseos y servir a los deseos humanos.

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Reivindicación del diálogo entre ética y ciencia sobre experimentación con animales

La experimentación científica con animales es un tema de una enorme complejidad, y por ello quiero reivindicar aquí un diálogo razonado, respetuoso y sereno. Un diálogo que debería desarrollarse ante todo entre ética y ciencia, pero que también debería implicar a otras disciplinas como el derecho, a los movimientos animalistas, movimientos ecologistas, movimientos sociales interesados por la ciencia, divulgadores científicos, asociaciones que reúnen a afectados por diversas enfermedades, y a toda la sociedad. El diálogo que necesitamos no son diez minutos en un plató de televisión, sino una conversación sin prisas, que ha de avanzar aclarando conceptos y perfilando argumentos, haciendo un esfuerzo por entender las posiciones de los demás, aprendiendo unos de otros. Aunque no lleguemos a ponernos de acuerdo, el mero hecho de generar un clima de diálogo ya sería una gran victoria.

Como profesora de filosofía en la Universidad Autónoma de Barcelona, llevo años trabajando en ética aplicada a los animales y la naturaleza, y he tenido ocasión de hablar con bastantes científicos que experimentan con animales. Pero este pasado mes de septiembre tuve una oportunidad especial. La Sociedad Española de Neurociencia celebró un  congreso en la ciudad de Granada y tuvo la buena idea de organizar un debate, y la amabilidad de invitarme a participar. Pasé tres días escuchando excelentes ponencias científicas, aprendiendo de investigadores que trabajan para conocer mejor el cerebro y hallar la cura de enfermedades terribles. El último día de congreso se celebró el debate y, aunque formalmente duró solo un par de horas, en realidad se prolongó durante el resto del día por los pasillos. Quiero agradecer a la Sociedad Española de Neurociencia, a su presidenta, Mara Dierssen, y especialmente a José Luis Trejo, organizador de la mesa redonda, su cordial invitación. También a todos los participantes en la discusión, por sus ideas y su entusiasmo. Con algunos de ellos el desacuerdo era profundo y, sin embargo, con otros hallamos sintonía. Sintonía no significa estar de acuerdo en todo, significa que hay un espacio común de encuentro, en el que cada uno se esfuerza por comprender las razones del otro. Me alegró, sobre todo, que con alguna gente joven había ideas compartidas y una sensibilidad similar.

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Proyecto Olvido

¿Por qué programas como '¡Vaya Fauna!' son tan dañinos? ¿Por qué los espectáculos de circo con animales son injustos? ¿Por qué usar un tigre en un videoclip es cruel? La respuesta más inmediata es que todos estos espectáculos causan sufrimiento físico y psicológico a los animales, a los que se arranca de su hábitat y de su familia para obligarles a malvivir en un espacio artificial en el que no pueden realizar sus conductas naturales. A estos animales se les fuerza a aprender una serie de ejercicios cuya finalidad no comprenden, y cuando se resisten a realizarlos se les infligen todo tipo de castigos, desde golpes hasta la privación de comida y agua. Por ello, cada uno de estos chimpancés, osos o tigres usados en espectáculos sufren física y psicológicamente de manera continuada. Y también lo hacen los animales domésticos como caballos o cerdos: aunque en su caso ya estén habituados a convivir con seres humanos, no dejan de sufrir por la manera en que se les imponen unas conductas que van contra su naturaleza.

Pero lo que está en juego en este tipo de espectáculos no es tan solo el terrible e injustificable sufrimiento de estos animales maltratados para divertir a la gente. Lo que está en juego es todavía más grave.

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Un cielo sin animales

Días atrás, nos sorprendía la noticia, reproducida en diversos medios de comunicación, de que el Papa Francisco le había dicho a un niño que lloraba por su perro muerto: “ Un día volveremos a ver a nuestros animales en la eternidad de Cristo”. Y algunos autores, como el biólogo Marc Bekoff, ya han comenzado a reflexionar sobre tales palabras.

La cuestión de si los perros van o no van al cielo puede parecer un asunto menor comparado con los profundos problemas que aborda la teología, y, sin embargo, creo que es ahí donde el cristianismo se juega buena parte de su sentido. Dado que el Papa está escribiendo una encíclica sobre medio ambiente, animalistas y ecologistas han puesto sus esperanzas en que esa frase signifique un cambio de rumbo en las ideas de la Iglesia. Si finalmente el Papa evoca en esa encíclica los valores de Francisco de Asís y muestra una mínima sensibilidad con la naturaleza, podemos predecir el aluvión de elogios que le dedicarán medios de comunicación, intelectuales, científicos, políticos y movimientos sociales. Sin embargo, si al final se da el caso, a mí no me parece que los elogios sean la respuesta más adecuada.

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