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Santiago Talavera

Artista plástico y músico, licenciado en Bellas Artes por la Universidad Complutense de Madrid. El eje central de su obra es el paisaje, prestando especial interés a la relación del humano con su entorno natural y los animales no humanos que en él habitan. Manifestación de una explotación y degradación mediante construcciones reflexivas que se materializan a través del dibujo, la pintura, el collage y la instalación. Su obra ha sido expuesta de manera individual y colectiva en diversas instituciones culturales como Centro Centro de Madrid, Instituto Cervantes de Chicago (EEUU), museos como MAC Museo de Arte Contemporáneo de A Coruña, Freires Museum de Berlín (Alemania), Museo de Arte de la Universidad Nacional de Seúl (Corea), y ferias de arte contemporáneo internacionales como Pulse Miami o FNB Joburg Art Fair Sudáfrica, y nacionales como Arte Santander, Just Madrid o Foro Arte Cáceres.

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Arte chino en el Guggenheim: un nuevo evento mediático a costa de los animales

Entre toda la problemática de nuestra relación con los animales no humanos, cabría pensar que la utilización de los mismos en una exposición de arte es un asunto baladí, no comparable al incalculable sufrimiento que les producimos en mataderos o explotaciones ganaderas, y por ello no merece la pena dedicarle tiempo y esfuerzo. Sin embargo, la inauguración de la exposición Arte y China después de 1989: El teatro del mundo en el Museo Guggenheim de Bilbao el pasado viernes 11 de mayo no ha dejado de aparecer en medios y, a pesar del silencio pasivo del gremio artístico, la gran cantidad de muestras de irritación en la red y la  respuesta de activistas muestran que este asunto toca fibra sensible y debería servir para abrir un debate incómodo pero necesario en el seno de una profesión, la artística, tocada por tiempos difíciles para la libertad de expresión.

Para quienes todavía no estén al tanto, el Museo bilbaíno decidió traer dicha exposición tras pasar por el Guggenheim de Nueva York con gran escándalo por tres obras durísimas: la instalación Teatro del mundo, de Huang Yong Ping, A Case Study of Transference, de Xu Bing, y el vídeo Dogs That Cannot Touch Each Other, de Peng Yu y Sun Yuan. Pese a decidir no traer este último vídeo, en el que cuatro parejas de bull terriers enfrentadas en cintas de correr se desgastan al estar sujetos con arneses, la exposición muestra A Case Study of Transference, también el registro de una performance de 1994 en la que dos cerdos con caracteres occidentales y chinos ficticios, estampados en la piel, copulan de manera contínua en un cubículo cerrado bajo la mirada de los espectadores.

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Goya y la abolición de la tauromaquia

Goya no dejó texto alguno sobre el porqué de Tauromaquia, como sí hizo con Los Caprichos o Los Desastres de la guerra. Entender por qué compuso unas imágenes tan descarnadas e inusuales cuando su situación económica era muy complicada, debido a motivos familiares y falta de encargos, es un enigma. Se acercó al mercado de la estampa taurina que estaba en auge debido a asuntos monetarios pero, sobre todo, por la necesidad de superar los duros años vividos durante la guerra mediante un tema mucho más ligero en apariencia. Quizá no previó que en las corridas de toros iba a encontrarse con el germen de la brutalidad y sinrazón humana que denunciaba en sus otras series.

El debate sobre su posición frente a la fiesta podría seguir consumiendo textos y artículos. Hay mucha especulación y, pese a que durante más de un siglo el relato hegemónico fue que Goya era un aficionado a los toros, no fue hasta 1961 cuando un estudio, el del inglés Nigel Glendinning, proponía a un Goya crítico y más cercano al ambiente antitaurino de su época. No es de extrañar que la idea viniera de Inglaterra, país que más de un siglo antes de Goya había prohibido los “hostigamientos de toros” y que había dado lugar al origen de los derechos animales desde el ámbito del pensamiento utilitarista con el principio del tratamiento humano que Jeremy Bentham escribió en 1791. ¿Pudo Goya haber leído el tratado de Bentham donde, sobre si los animales no humanos deben ser considerados moralmente, escribió: “El asunto no es ¿pueden razonar? Ni, tampoco, ¿pueden hablar? Sino, ¿pueden sufrir?" .

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