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Susana Ruiz

Profesora de artes plásticas, ilustradora, diseñadora gráfica e interiorista. Con la política por vocación (coordinadora del Comité Ciudadano de Santander Sí Puede) y la escritura por salud mental, voy sobrellevando la vida.

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Cositas de fascistas

Karl Popper formuló en 1945 la Paradoja de la tolerancia en la que expresa que la capacidad de tolerancia ilimitada de una sociedad con los intolerantes pasa por la destrucción de esa misma sociedad a manos de quien les defiende. Y en esas estamos.

En Cantabria hemos tenido unos días moviditos en cuanto a ideas intolerantes se refiere. A principios de esta semana conocíamos que la Asociación filo-fascista Alfonso I iba a celebrar sus jornadas de La Galerna de este año en la Universidad de Cantabria, finalmente canceladas por la institución gracias la respuesta de la sociedad cántabra.

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La chaqueta regionalista

Ya sé que los os voy a decir no es nada nuevo: tenemos un presidente de Cantabria molón. Sí, molón. No hay persona de a pie en este país que no conozca a este cántabro universal. De hecho, calculo que es más fácil verle por los platos de las televisiones patrias que en el despacho del Gobierno. Cada vez que salgo fuera de Cantabria o que alguien de otras comunidades viene de visita, la pregunta es obligada: "Con Revilla bien, ¿no? Con lo majo, lo campechano y las verdades que dice en la tele…ya me gustaría a mí que fuera presidente de mi comunidad". Y la respuesta suele ser la misma: "Os lo envolvemos en papel de regalo y lo enviamos para allá rapidito".

A mí, personalmente, me gustaría que entre programa y programa, entre firma y firma de autógrafos, se centrara un poquito en gobernar la tierra de la que presume. Esta semana hemos conocido el dato del paro del mes de septiembre y podemos jactarnos de ser los primeros en algo. Tristemente lideramos la subida del desempleo en España con un 6,77% más que en agosto, un 6% superior a la media nacional. Nada, precioso todo. Y nuestro dicharachero presidente, como si de un mal sin remedio se tratase, nos cuenta que es "lo esperado" al acabar el turismo de verano.

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Ecologismo de clase

La semana pasada se llenaron las calles en diferentes ciudades de todo el orbe para celebrar la Huelga por el Clima y Cantabria no fue menos. Miles de personas gritaron en Santander y otras ciudades cántabras, alto y claro, que queremos otro modelo productivo, que estamos agotando el planeta, que no tenemos otra 'casa' donde vivir.

Pero en pureza, debemos especificar qué demandamos, a qué nos referimos con esas peticiones tan generalistas y hacia qué modelo de planeta queremos ir. De entrada definir como 'huelga' algo que es una manifestación es, cuando menos, confuso. Solo hubo parones en ciertos sectores, entre ellos el educativo, que se unieron a las concentraciones por la mañana o detuvieron su actividad para realizar alguna acción reivindicativa. Y no lo digo como una crítica al movimiento, que considero más que necesario; es que tengo la costumbre de llamar a las cosas por su nombre.

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Vuelves a ser el jefe

Soy autónoma. Sí, una de esas personas que es su propia jefa. No voy a explicarles lo que eso significa ni a llorarles sobre la precariedad del trabajo por cuenta propia. Una opción que la mayoría elegimos por purita necesidad y no por ese mantra del emprendimiento que nos quieren vender los coach con corbata y tazas de Mr. Wonderful. Tampoco les voy a hablar de pensiones, bases de cotización, impuestos, gastos y demás cosillas que arrastramos cual almas en pena durante todo el año.

El caso es que estaba yo dando vueltas al tema para la columna de opinión de esta semana cuando me atropelló un email de propaganda en mi correo electrónico. No será porque no tengamos asuntos de los que hablar con el bloqueo político, las nuevas elecciones, inundaciones, crisis económica inminente, asesinatos machistas...quizás demasiados. Y yo voy a fijarme en un simple email. O no tan simple.

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Vuelta al cole

Finaliza el verano –poned aquí todas las lágrimas de cocodrilo que queráis- y toca recomponer la vida que dejamos suspendida. Reencuentros y despedidas, intentando retener en la memoria las tardes al sol, las risas de madrugada en lugares que no nos pertenecen y los olores que nos harán recordar que a veces todo puede ser mucho más sencillo. No sé vosotras, pero este año tengo la sensación de que nada se ha movido desde que marchamos a zambullirnos en los placeres del estío.

Santander cerró, gracias a una oportuna llamada en el tiempo de descuento de un Albert Rivera hacedor de pactos derechiles, un gobierno municipal que auguraba de todo menos vientos de cambio, a pesar de que Ciudadanos se empeñase en vender regeneración a cambio de sentarse en el puesto de mando de la Casona. Y poco han tardado en entender los naranjas que el PP santanderino es mucho PP. Cuentan que Javier Ceruti anda penando por los pasillos del Consistorio, quizás ya consciente de que hacerse con el poder urbanístico en la capital cántabra es como poseer el Anillo Único de Tolkien: un Anillo para gobernarlos a todos, un Anillo para encontrarlos, un Anillo para atraerlos a todos y atarlos en las tinieblas. Y si sustituís 'Anillo' por 'PGOU' la frase quizás cobre sentido para los no iniciados en cosmogonía friki.

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Madres delincuentes

Este articulo podría haberse escrito hace un mes, un año o diez. Habrían cambiado los nombres, las caras o los contextos. Pero los hechos habían sido los mismos. Un maltratador ha asesinado a su hijo. En este caso hablamos de Laura, Gabriel y Daniel, el asesino. Hablamos de una madre que se vio obligada a que su hijo siguiera viendo a un padre condenado porque no se había suspendido el régimen de visitas. Con orden de alejamiento mediante e informe de la Guardia Civil sobre la extrema vulnerabilidad del menor y su incapacidad de protegerlo. Gabriel acabó siendo asesinado, víctima de un monstruo y de un sistema que no protege a los menores.

Desde 2013 han sido asesinados 29 menores. Niños y niñas usadas por los victimarios para golpear a sus madres donde más les duele. Porque no hay dolor más desgarrador que perder lo que más quieres y saber que tu seguirás viviendo, que tú eras el objetivo, que murieron porque alguien decidió odiarte tanto como para robarte en nombre de ese odio tu mayor tesoro.

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La memoria de las palabras

George Steiner nos dijo que “lo que no se nombra no existe”. Pero quiero sumar hoy otra reflexión suya que no viene sino a reforzar la idea que quiero transmitir: “Babel es tal vez una bendición misteriosa e inmensa. Las ventanas que abre una lengua dan a un paisaje único. Aprender nuevas lenguas es entrar en otros tantos mundos nuevos”. Sirva esto de entrada, de aperitivo o de “hamaiketako” como dicen en mi tierra.

Vaya por delante que soy vasca, porque no quiero dar lugar a equívocos y malas interpretaciones, que aun así se harán precisamente por ello. Mi familia paterna proviene de las tierras campurrianas; ni abuelo nació en Arroyo y mi abuela en Malataja (en Los Riconchos) y la casa familiar se asienta a los pies del Pantano del Ebro, en Las Rozas de Valdearroyo. Mi familia materna es medio vasca por parte de abuelo (Derio) y andaluza por parte de abuela (Carmona). Y yo me crié en Getxo (Vizcaya). Despliego mi genealogía, que probablemente le importe un chiflo a cualquiera que no sea yo misma, para ilustrar por qué defiendo el cántabru como una seña de identidad propia que es imprescindible conservar.

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De parodias

"Teatro, lo tuyo es puro teatro, falsedad bien ensayada, estudiado simulacro", cantaba La Lupe, poniendo voz a la letra de Tite Curet Alonso. Y así es la vida, un enorme teatro en el cual cada una de nosotras asume el papel de protagonista de su propia representación, de directoras de la misma, de guionistas, e incluso de público en algunos momentos. Vamos escribiendo nuestras pequeñas historias, cambiando de papeles y reescribiendo las partes que nos duelen para poder seguir representando hasta que cae el telón de forma definitiva. Sin bises finales.

La política es aún más teatro. Aunque en muchas ocasiones entra de lleno en el terreno de la parodia. Las parodias surgieron en la antigua literatura griega, como poemas que imitaban de forma irrespetuosa los contenidos o las formas de otras obras. Y eso es lo que nos está tocando vivir en el tiempo de los pactos post electorales. Una suerte de relato satírico, dirigido al gran público de los votantes, que deja ver la tramoya detrás del escenario.

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Tiempo de espera-nza: análisis musicalizado

He escrito este artículo tres veces. Más por necesidad que por cumplir ese mandato que nos obliga a analizar los resultados electorales, a pedir disculpas, a hacer autocrítica y llorar muy mucho por las oportunidades perdidas. En tiempos del fast food intelectual y mediático, cualquier opinión es válida siempre que se pueda consumir en tiempo real. Estamos demasiado acostumbradas a analizar la política sin espera, sin darnos margen a construir un pensamiento crítico y ponderado, sin esa mirada de amplio espectro que necesita algo que va más allá del corpus ideológico del opinador en cuestión y se intrinca en movimientos sociológicos profundos. Este texto tiene banda sonora. Os pido que me acompañéis escuchándola.

Que la izquierda transformadora ha sufrido un varapalo de proporciones bíblicas no es opinable. Los datos están ahí, tozudos, y por más que los queramos disfrazar de unicornios voladores, no van a mutar. La mayoría de los 'ayuntamientos del cambio' han caído, la mayor parte de las candidaturas sin responsabilidades de gobierno también. Tanto donde iban en confluencia, como donde iban solas como plataformas de independientes, no asociadas a partidos tradicionales. Santander resiste con un solo concejal y está por ver si los partidos que han estado en la oposición más de cuarenta años son capaces de aunar fuerzas para desbancar un nuevo gobierno municipal, apoyado en la más rancia ultraderecha.

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¿Santander animalista?

Abrir un debate sobre los derechos de los animales como seres sintientes en nuestra ciudad es más que necesario. Pero suele significar abrir también la caja de los truenos. No faltará quien diga que tenemos cosas más importantes de qué preocuparnos; quien diga que, en una ciudad con una tasa de pobreza y exclusión social como Santander, los derechos de las personas deben primar por encima de otras cosas; quien diga que por qué perdemos al tiempo ayudando a que se respeten las necesidades de los animales cuando ni siquiera se respetan las nuestras. Como si fueran compartimentos estancos. Como si reivindicar el bienestar animal fuera excluyente. Como si nos olvidáramos de otras luchas sociales.

Frente a las visiones simplistas de un problema que nos preocupa a muchas, quizás deberíamos ampliar el foco, subir la mirada más arriba. ¿A qué nos referimos cuando hablamos sobre bienestar animal? Nos referimos principalmente a derechos. Y sobre todo a respeto.

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