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Victoria Sendón de León

Doctora en Filosofía y escritora. Sus temas principales son feminismo, historia, literatura de vanguardia y paganismo.

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Carta abierta a Pedro Sánchez: "Estimado presidente, es mucho lo que nos jugamos en 2019"

Estimado Presidente: Me permito escribirte esta carta segura de coincidir con el sentimiento y percepción de muchos conciudadanos, votantes y abstencionistas, en este arriesgado ejercicio de la política democrática. Advierto que no hablo como militante, ni siquiera como votante. Hablo como pueblo.   

Es mucho lo que nos jugamos en este 2019 entrante y eres tú, sin duda, uno de los actores definitivos como capitán de la nave que todas deseamos llegue a buen puerto. A un buen puerto con el rearme ético que necesitamos para vadear los voraces acantilados de Escila y Caribdis en los que, o bien las corrientes nos lanzan contra las rocas, o bien somos engullidos por un feroz torbellino que nos sumerge en las profundidades. El osado Ulises supo mantener el rumbo bandeando de babor a estribor, rozando inevitablemente el peligro e interpelando a los dioses del mar y a su protectora, Atenea. Sólo perdió seis hombres en lugar de perecer con toda la tripulación. 

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¿Por qué la izquierda anda errante?

Están sucediendo cosas raras en política. Situaciones y resultados inesperados que se interpretan con frecuencia cuantitativamente como si todo se resolviera en torno a cuántos votos han sido robados o trasladados de un partido a otro, sin tener en cuenta, a veces, lo que está sucediendo en el imaginario del electorado. Y esto tendría que ver con la percepción actual de qué se entiende por “derechas” y por “izquierdas”, pese a que algunos crean que son dos conceptos inamovibles.

Cierto que los imaginarios se mueven lentamente en la psique profunda de las gentes, pero se mueven. Y se mueven porque nuestro mundo es cambiante, más en épocas de crisis, pero principalmente porque los seres humanos nacimos prematuros y evolucionamos en una búsqueda constante de nuevas comprensiones de lo real para adaptarnos al medio, a nuevas circunstancias siempre itinerantes. Es lo que nos distingue de los otros animales, que nacieron con todo un sistema nervioso y cerebral ya conformado y guiados por el instinto. Son especies que reproducen un modelo ya construido con muy pocas incorporaciones nuevas.

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Espacios de excepción

Freud afirmó que el origen de la Primera Guerra había que buscarlo en ese oscuro instinto de matar que la naturaleza humana lleva inscrito en su psique, el Thanatos. Barbara Ehrenreich descarta esa motivación y afirma que el miedo a los otros –proveniente del hombre cazador en relación a otros depredadores más fuertes que él – es lo que nos ha impulsado a permanecer armados, en guardia y dispuestos siempre a solucionar los conflictos mediante la guerra. En todo caso, serían las peleas individuales o grupales las que responden a una básica agresividad humana, pero no las guerras. Las guerras están minuciosamente preparadas, desde la intendencia al entrenamiento de los ejércitos física y anímicamente. Sin embargo, añade algo interesante Ehrenreich, y es que las guerras se apartan de la normalidad cotidiana, pero también invierten los términos de lo normal y de lo justo. Literalmente: “En la guerra se debe matar, se debe robar, se deben quemar ciudades o granjas e incluso se debe violar a las mujeres y a las niñas”.

Propongo una visión que podría aunar las dos teorías sobre la guerra en un sistema que las contiene. El sistema es el patriarcal, cuyo modelo político hegemónico es el de un estado fuertemente armado en aras de la defensa, que aprovecha las guerras para dar curso a aquellos otros instintos, incluido el de matar, que no están permitidos en la normalidad de un estado civilizado. Es decir, que bajo el modelo hegemónico al que responde socialmente, anida un imaginario atávico que le lleva a cometer todo tipo de atrocidades sin tener que asumir cualquier modo de culpa, sanción o desprestigio por sus actos. Para ello se ha inventado un retorcimiento o torsión al que yo denomino espacios de excepción, uno de los cuales puede ser la guerra.

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El sorpasso de Pedro

Me pregunto cuál ha sido el quid para que tanta gente en España, al margen de su adscripción o simpatía política, en el arco que va de la izquierda hasta el centro, nos hayamos alegrado tan de corazón con la moción de censura del pasado 1 de junio. Lo más obvio correspondía al habernos librado de un gobierno que era ya más un lastre para la democracia que un activo político de cara a una ciudadanía aburrida por la corrupción. Más: abrumada por un ambiente intelectual en el que ni la modernidad como tradición ni la postmodernidad como ruptura han tenido cabida. Una especie de niebla ominosa y triste, esperpéntica y metida en un bucle similar al día de la marmota. Las mismas palabras, los mismos gestos, los mismos prejuicios, los mismos tics, los mismos decretazos de los viernes, los mismos lobbies financieros, el mismo tancredismo, los mismos recortes y mordazas, los mismos horizontes grises. El triunfo de la moción de censura fue como la explosión de un sol de mediodía en pleno Parlamento que disipó todas las nieblas. El mal sueño había terminado. De pronto. Y hasta aquí lo evidente.

El efecto sorpresa desbordó en entusiasmo con el nombramiento del Consejo de Ministras (por goleada). Una alegría redoblada que duró como tres días de fiesta. La gente votante de Podemos estaba especialmente contenta según encuestas. Curioso, porque la cúpula se resentía de una supuesta exclusión. En general, el entusiasmo del progresismo celebraba los últimos acontecimientos políticos y la victoria de Pedro Sánchez. Y no porque el gabinete fuera más o menos de izquierdas, no. Se ha dado un imponderable que desde ahora tendremos que valorar como más relevante que la bipolaridad clásica. Era un gabinete propio para abordar los retos de un siglo XXI que amanece. Un gabinete comprometido con el mundo que viene y no amarrado al que se va. Ya no se trata de escorarse cuanto más a la izquierda mejor, sino de acompasar nuestro ritmo con el tiempo histórico. Los valores que antes apreciábamos en la izquierda tradicional hay que transferirlos desde ahora a la vanguardia, a quienes van delante, a quienes están más preparados profesional y personalmente, a quienes son más capaces de empatía con el mundo, que piensan en la gente que vive en un planeta amenazado y que sabe que las viejas estructuras mueren sin que las nuevas acaben de nacer. La vanguardia está ahí para eso: para ayudar a alumbrar un mundo nuevo. Son como las parteras de ese mundo. ¿Qué ha pasado para que las encuestas reflejen una subida notable del PSOE y un retraimiento de Podemos?

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Carta a las Reinas Magas

Con permiso de Cayetana Álvarez de Toledo, que juró en arameo que no perdonaría jamás a Carmena, voy a dirigirme a unas Reinas Magas, vestidas por Ágatha Ruíz de la Prada, como interlocutoras, en lugar de escribir la carta a los clásicos de Oriente, por más que ahora sepamos que venían de Occidente, de Tartessos en concreto, como escribió el Papa Ratzsinger.

La noche del 31 al 1, fecha inversa, me he dormido con la misma ansiedad ilusionada que cuando de pequeña pasaba agitada la mágica noche. Lo que siento hoy, recién ganada la moción, se corresponde con el temblor y la esperanza con que escribía a sus majestades la famosa carta, aunque nunca hubiera sido lo suficientemente buena ni de lejos. Pero hoy sí, hoy hemos sido, no sé si buenos o tontos, pero sí incomprensiblemente pacientes ante una gobernanza tan férrea como regresiva. Muchas nos preguntamos cómo hemos podido aguantar el saqueo en diferido y los decretazos de cada día. Sin embargo, es comprensible, ya que estos años del gobierno del PP han sido tan pródigos en escándalos económicos, en involuciones democráticas, en mentiras mil veces repetidas, en un tancredismo tan paralizante que cuando estábamos dispuestos a reaccionar ante un gran escándalo… venía otro que lo superaba. Era como estar en una noria con la cabeza girando más enloquecidamente que la de la niña de “el exorcista”. Realmente no nos daba tiempo para respirar hondo y tomar impulso. El tiempo del PP ha sido desolador y depredador, pero en absoluto aburrido.

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Esto no es un chalé

No soy quién para juzgar actos individuales que no trasciendan al ámbito de lo público y que sean personales e intransferibles. Ahora bien, ya que me han hecho responsable de sus consecuencias, al tener que votar como inscrita en Podemos, creo que tengo todo el derecho y el deber de opinar. Porque no se trata de un chalé, sino de su representación, evocando a René Magritte en su obra “Ceci n’est pas une pipe”.

Vaya por delante que la hipoteca que tienen que pagar Irene Montero y Pablo Iglesias durante treinta años es un verdadero yugo para economías que donan gran parte de su sueldo a proyectos sociales como el resto de diputados y cargos de la organización política. Si no fuera así, lo tendrían mucho más fácil. Y eso no se dice, pero es un argumento clave a tener en cuenta. El esfuerzo va a ser brutal. Lo que me extraña es que se liguen al escaño durante tanto tiempo como para convencer al banco prestamista. Claro que tienen recursos de valía personal como para trabajar en otros campos.

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La sombra de las cincuenta sombras

Pareciera que el debate hoy sobre mujeres, feminismos, sexualidades y otros ismos vaya aparejado a la lógica más sibilina del neoliberalismo rampante, por más que sus voceras aparezcan como izquierdosas progresistas y liberadas de la rancia moral de tiempos pasados. Ilusión de perspectiva o de paralaje, que diría Zizek. Nada más engañoso que pasar de una orilla a la otra, siguiendo el mismo curso del río que nos lleva, y pensar que se ha dado un salto cuántico.

Cuando el feminismo más joven, y no tan joven, abandera la causa del sexo como punta de lanza de la liberación, abunda en la visión patriarcal de vernos a las mujeres como cuerpo, como sexo, como esa cosa al servicio del deseo masculino, que además insiste en señalarnos como seres vinculadas a la función reproductiva siempre problemática y embarazosa.

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