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Victoria Sendón de León

Doctora en Filosofía y escritora. Sus temas principales son feminismo, historia, literatura de vanguardia y paganismo.

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Los pavos reales

No hace mucho, Iñaki Gabilondo hablaba, en su espacio de la Cadena SER, sobre los "pavos reales" que negocian o se niegan a negociar acerca de la posibilidad de investir al Presidente en funciones, a formar gobiernos de cooperación o de coalición, a abstenerse o no, a sentarse simplemente a platicar, a renunciar a los cordones sanitarios y a las líneas rojas o a mantenerlos, pero nadie plantea aquello de despojarse de las vistosas plumas que adornan sus egos y que, realmente, no les dejan levantar el vuelo. Qué diferencia con el águila real, que vuela a gran altura, planea y va directa a por su presa. El pavo real se pasea, despliega sus vistosas plumas cuando lo miran y vuela a ras de suelo lanzando agudos e histéricos graznidos.

Creo que todo pavo lleva dentro un águila real. Fue un sueño muy junguiano que tuve en una época en la que era víctima de mis propias pavadas. Mi pavo interior, vulgar, ni siquiera real, se puso delante de mí y, poco a poco, se transformó en una majestuosa y feroz águila, con su plumaje henchido, que me miraba dispuesta a destrozarme. Reaccioné apretándole el cuello para defenderme: inútil. Era mucho más poderosa que mi ridículo pavo. Entonces comprendí que ese águila era mi otro yo. No tuve más remedio que congraciarme con ella, solté mi mano, le miré a los ojos y la amé, reconociéndome en aquella poderosa y noble rapaz. Cambió su violenta expresión y me hizo comprender que yo era ella y ella era yo. Ese sueño me ayudó mucho a superar mis miedos, mis pavadas de entonces. Supongo que se trataba de una crisis de crecimiento y su sueño significativo.

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La foto de familia

La verdad es que supone una tristeza para la izquierda que Podemos haya sufrido la debacle que se anunciaba, la misma que mucha gente del partido veíamos venir desde hace tiempo, desde Vistalegre II exactamente. Pero no es sólo eso, porque para mí, y para otras militantes de Podemos, ha supuesto un desgarro profundo el contemplar 'la foto de familia' de quienes han aparecido representándonos en la comparecencia después del recuento electoral. Es como si en una de aquellas fotos antiguas en la que aparecían los abuelos, los tíos, padres, madres, hermanos y primas te la cambiaran en un foto-montaje alevoso por unos parientes desconocidos, algún que otro cuñado y hasta el portero de la finca. Nada que ver. No puedes cambiar el recuerdo de la que fue tu familia por unos personajes que pretenden sustituirlos. Se pueden cambiar las caras, pero no el afecto vinculado a aquellos seres, que eran los tuyos, a los cuales vinculaste tus raíces y tu identidad. Esta noche de elecciones hemos entendido por qué Podemos ha perdido 30 escaños en tan poco tiempo y ha borrado su presencia en el Senado. Es que aquel Podemos, al que nos vinculamos tantas y tantos, ya no es el mismo. No había más que ver las caras de unos personajes desconocidos y, por tanto, no amados. ¿Dónde estaban aquellas y aquellos compañeros queridos y cercanos? Para Pablo han muerto. Y no parece estar muy afectado por mucho que se haya golpeado el corazón en esta campaña, puro postureo.

Ha sido sorprendentemente doloroso, porque en el resto de los partidos reconocía a las personas del staff, sólo del mío no sabía quiénes eran. Y eso, Pablo, es suficiente para que mucha gente que se entusiasmó con el Podemos original no te haya votado. Lo has conseguido. Has conseguido rescatar a IU de su insignificancia, al igual que al viejo PC, que fue la moneda de cambio para conseguir sus votos en Vistalegre II y poder derrotar la vía Errejón, mucho más fiel a los orígenes y las esencias propias del 15M. Sí, antes de aquel Congreso, mucha gente de CCOO y del viejo PC se inscribieron en Podemos para iniciar el asalto dentro de la panza de aquel caballo de Troya bajo apariencia de la más prístina democracia. Nadie pronunció entonces la frase de Virgilio en la Eneida: Timeo Danaos et dona ferentes (Temo a los griegos/dánaos hasta cuando traen regalos) Son los mismos inscritos que te exigen la enorme responsabilidad de estar de jefe hasta el 2021. ¡Vaya por Dios, las gabelas de la democracia! Y luego vendrá la feminización del Partido ¿no? ¿La vice tal vez? 

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#28AlasfeministasVotamos

Con este hashtag inician las feministas su propia campaña, no como elegibles, pero sí como electoras. En el mismo día, y horas antes del pistoletazo de salida de la campaña electoral de los partidos, 156 agrupaciones feministas del Estado español suscriben un documento con propuestas claras y firmes a los partidos políticos. Es un hecho simbólico que apunta hacia varias novedades políticas: que los electores elaboran sus programas propios, que las mujeres reclaman cuestiones que les atañen de modo específico, y que la soberanía popular también se representa a sí misma y no sólo a través de los partidos políticos. Está claro que el movimiento feminista va marcando ciertas pautas por las que, tarde o temprano, habrá de transitar la política. Primero fue lo personal es político, que marcó la agenda política con reclamaciones que no habían accedido a ella; luego vino aquello de los derechos de las mujeres son derechos humanos, universalizándolos y dando relevancia a injusticias propias olvidadas por los gobiernos; y ahora, en la "cuarta ola", podríamos decir que el feminismo es la política de lo esencial. Y es política de lo esencial porque es la política de la vida.

Leyendo el Manifiesto en forma de decálogo, se percibe que todas las propuestas atraviesan el centro de la vida, y de modo muy especial de la vida de las mujeres, de sus criaturas y del planeta. Es como decir "se acabaron las tonterías, los egoísmos y los abusos masculinos contra la mitad de la población". No es posible que una civilización prospere, que una civilización adquiera la categoría de humana si sus bases se asientan sobre la desigualdad, la opresión, la violencia, la jerarquía dominante y la discriminación generalizada del diferente. El feminismo está poniendo un espejo frente al sistema patriarcal para que se vea como lo que es: una barbarie. Por mucho que presuma de avanzada tecnología, de sorprendentes hallazgos científicos, de creativas obras artísticas, de autopistas fabulosas o sublimes puentes tendidos sobre el vacío, eso es nada si nuestros sistemas de convivencia son violentos, insolidarios, egoístas, egocéntricos, narcisistas, extractivistas, especuladores, crueles, ignorantes, bélicos y definitivamente estúpidos. Por eso hay que volver a la pregunta esencial ¿y todo esto para qué? ¿Para qué si no está en el centro la vida, las personas? Por eso "el feminismo es la política de lo esencial".

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Feminismos sobrevenidos

La realidad del feminismo no es un mero acontecimiento, ni siquiera un acontecimiento histórico como el de la toma de la Bastilla, la del Palacio de Invierno, la caída del muro de Berlín o el atentado de las Torres Gemelas. Estos acontecimientos históricos cambiaron el mundo de su época, pero el feminismo responde más bien al concepto de proceso, con acontecimientos emblemáticos, eso sí, pero en la línea de un movimiento que ha ido avanzando y evolucionando paulatinamente y que ahora tiene uno de sus momentos cumbre con las huelgas y manifestaciones ya establecidas del 8 de marzo.

Las mujeres que se declaran feministas en España son dos de cada tres, y en cinco años se ha duplicado el número de seguidoras. La mayoría son menores de 25 años o mayores de 55. El testigo se ha transmitido. Hace cinco años nada más, algunas señoras decían que no eran feministas, sino femeninas. Había también muchos caballeros que afirmaban que a ellos la mujer les gustaba mujer. No sé si tautología o topicazo. Ahora nadie se atrevería a protagonizar semejante ridículo, por más que alguno pase rozando, aleccionando a las mujeres embarazadas sobre lo que llevan en su vientre.

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Análisis con perspectiva de género: ¿tenemos el mismo derecho a recibir cuidados?

Acostumbramos a hablar de los cuidados que prestamos y a reclamar un reparto más equitativo de la responsabilidad de cuidar a nuestros allegados. Pero, en este contexto, es importante abordar también cuáles son y qué cobertura legal tienen nuestras necesidades de cuidado. Por ejemplo, valorando con perspectiva de género qué derechos de cuidado nos otorgamos monetizados en forma de pensiones, tropezamos con que nueve de cada diez hombres ven reconocidas sus aportaciones a la sociedad a lo largo de sus vidas con pensiones contributivas, mientras que sólo conseguimos lo mismo cuatro de cada diez mujeres. ¿Denota esto una menor habilidad de nuestro género? 

Existen dos modelos de sistemas de pensiones. Algunos países siguen sistemas de capitalización. Las personas ahorran durante todas sus vidas para cuando ya no puedan trabajar. Cuando llega ese momento capitalizan sus ahorros e intentan sobrevivir con ellos. La capacidad de ahorro media de un español, ronda los sesenta mil euros. Preguntémonos cuántos años sobreviviríamos con esta cantidad como único recurso económico. La introducción de planes de pensiones privados camina hacia este modelo. Afortunadamente, en España, aún tenemos un sistema de pensiones de reparto. La pensión de cada generación se paga repartiendo lo contribuido por las generaciones siguientes que, a través de estas aportaciones, adquieren derecho a su propia pensión para cuando ya no pueden trabajar. Es fundamental observar que no se valoran por igual los dos elementos necesarios para que el sistema funcione: trabajo y, lo más importante, personas, trabajadores y trabajadoras que lo realicen.

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Una extraña tarde en Podemos

Llovía sobre Madrid, suave y mansamente. Gran expectativa y profusión de medios a las puertas de la sede de Podemos en Princesa. Sigue la huelga del taxi y las calles aparecen mucho más tranquilas que de costumbre. Uno a uno íbamos llegando a la convocatoria del CCE de Podemos, también silenciosos y un poco con el corazón encogido sin saber qué se iba a escenificar en esa sala en la que nos fuimos sentando, más cercanos que nunca por sus dimensiones no demasiado espaciosas.

Ninguno de los contendientes está presente y eso le da una cierta extrañeza al acto, que va discurriendo en un ambiente sincero y de cierta nostalgia, no sé si de tiempos mejores. Toca hablar a calzón quitado sin la presencia del líder ni la incomodidad de herir al acusado que, extrañamente, no puede comparecer en su propio juicio. De modo difuso percibimos que ha llegado la hora de poner al descubierto una herida latente que supura en las palabras de cada quien, pero cuyas raíces se hunden en la carne más profunda y sensible. Se habla de las inquietudes propias de gente que trabaja a pie de obra, ellas y ellos, como un inventario del mucho esfuerzo dedicado y de los logros conseguidos. Es como si cada quien deseara rendir cuentas de todo lo que ha hecho por Podemos y, de hecho, por la gente a la que nos debemos. Sentí que habíamos madurado, pero a cambio de perder la inocencia o la inconsciencia propia de los cinco años pasados a una velocidad de vértigo en la palestra política en la que nos hemos batido el cobre.

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Carta abierta a Pedro Sánchez: "Estimado presidente, es mucho lo que nos jugamos en 2019"

Estimado Presidente: Me permito escribirte esta carta segura de coincidir con el sentimiento y percepción de muchos conciudadanos, votantes y abstencionistas, en este arriesgado ejercicio de la política democrática. Advierto que no hablo como militante, ni siquiera como votante. Hablo como pueblo.   

Es mucho lo que nos jugamos en este 2019 entrante y eres tú, sin duda, uno de los actores definitivos como capitán de la nave que todas deseamos llegue a buen puerto. A un buen puerto con el rearme ético que necesitamos para vadear los voraces acantilados de Escila y Caribdis en los que, o bien las corrientes nos lanzan contra las rocas, o bien somos engullidos por un feroz torbellino que nos sumerge en las profundidades. El osado Ulises supo mantener el rumbo bandeando de babor a estribor, rozando inevitablemente el peligro e interpelando a los dioses del mar y a su protectora, Atenea. Sólo perdió seis hombres en lugar de perecer con toda la tripulación. 

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¿Por qué la izquierda anda errante?

Están sucediendo cosas raras en política. Situaciones y resultados inesperados que se interpretan con frecuencia cuantitativamente como si todo se resolviera en torno a cuántos votos han sido robados o trasladados de un partido a otro, sin tener en cuenta, a veces, lo que está sucediendo en el imaginario del electorado. Y esto tendría que ver con la percepción actual de qué se entiende por “derechas” y por “izquierdas”, pese a que algunos crean que son dos conceptos inamovibles.

Cierto que los imaginarios se mueven lentamente en la psique profunda de las gentes, pero se mueven. Y se mueven porque nuestro mundo es cambiante, más en épocas de crisis, pero principalmente porque los seres humanos nacimos prematuros y evolucionamos en una búsqueda constante de nuevas comprensiones de lo real para adaptarnos al medio, a nuevas circunstancias siempre itinerantes. Es lo que nos distingue de los otros animales, que nacieron con todo un sistema nervioso y cerebral ya conformado y guiados por el instinto. Son especies que reproducen un modelo ya construido con muy pocas incorporaciones nuevas.

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Espacios de excepción

Freud afirmó que el origen de la Primera Guerra había que buscarlo en ese oscuro instinto de matar que la naturaleza humana lleva inscrito en su psique, el Thanatos. Barbara Ehrenreich descarta esa motivación y afirma que el miedo a los otros –proveniente del hombre cazador en relación a otros depredadores más fuertes que él – es lo que nos ha impulsado a permanecer armados, en guardia y dispuestos siempre a solucionar los conflictos mediante la guerra. En todo caso, serían las peleas individuales o grupales las que responden a una básica agresividad humana, pero no las guerras. Las guerras están minuciosamente preparadas, desde la intendencia al entrenamiento de los ejércitos física y anímicamente. Sin embargo, añade algo interesante Ehrenreich, y es que las guerras se apartan de la normalidad cotidiana, pero también invierten los términos de lo normal y de lo justo. Literalmente: “En la guerra se debe matar, se debe robar, se deben quemar ciudades o granjas e incluso se debe violar a las mujeres y a las niñas”.

Propongo una visión que podría aunar las dos teorías sobre la guerra en un sistema que las contiene. El sistema es el patriarcal, cuyo modelo político hegemónico es el de un estado fuertemente armado en aras de la defensa, que aprovecha las guerras para dar curso a aquellos otros instintos, incluido el de matar, que no están permitidos en la normalidad de un estado civilizado. Es decir, que bajo el modelo hegemónico al que responde socialmente, anida un imaginario atávico que le lleva a cometer todo tipo de atrocidades sin tener que asumir cualquier modo de culpa, sanción o desprestigio por sus actos. Para ello se ha inventado un retorcimiento o torsión al que yo denomino espacios de excepción, uno de los cuales puede ser la guerra.

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El sorpasso de Pedro

Me pregunto cuál ha sido el quid para que tanta gente en España, al margen de su adscripción o simpatía política, en el arco que va de la izquierda hasta el centro, nos hayamos alegrado tan de corazón con la moción de censura del pasado 1 de junio. Lo más obvio correspondía al habernos librado de un gobierno que era ya más un lastre para la democracia que un activo político de cara a una ciudadanía aburrida por la corrupción. Más: abrumada por un ambiente intelectual en el que ni la modernidad como tradición ni la postmodernidad como ruptura han tenido cabida. Una especie de niebla ominosa y triste, esperpéntica y metida en un bucle similar al día de la marmota. Las mismas palabras, los mismos gestos, los mismos prejuicios, los mismos tics, los mismos decretazos de los viernes, los mismos lobbies financieros, el mismo tancredismo, los mismos recortes y mordazas, los mismos horizontes grises. El triunfo de la moción de censura fue como la explosión de un sol de mediodía en pleno Parlamento que disipó todas las nieblas. El mal sueño había terminado. De pronto. Y hasta aquí lo evidente.

El efecto sorpresa desbordó en entusiasmo con el nombramiento del Consejo de Ministras (por goleada). Una alegría redoblada que duró como tres días de fiesta. La gente votante de Podemos estaba especialmente contenta según encuestas. Curioso, porque la cúpula se resentía de una supuesta exclusión. En general, el entusiasmo del progresismo celebraba los últimos acontecimientos políticos y la victoria de Pedro Sánchez. Y no porque el gabinete fuera más o menos de izquierdas, no. Se ha dado un imponderable que desde ahora tendremos que valorar como más relevante que la bipolaridad clásica. Era un gabinete propio para abordar los retos de un siglo XXI que amanece. Un gabinete comprometido con el mundo que viene y no amarrado al que se va. Ya no se trata de escorarse cuanto más a la izquierda mejor, sino de acompasar nuestro ritmo con el tiempo histórico. Los valores que antes apreciábamos en la izquierda tradicional hay que transferirlos desde ahora a la vanguardia, a quienes van delante, a quienes están más preparados profesional y personalmente, a quienes son más capaces de empatía con el mundo, que piensan en la gente que vive en un planeta amenazado y que sabe que las viejas estructuras mueren sin que las nuevas acaben de nacer. La vanguardia está ahí para eso: para ayudar a alumbrar un mundo nuevo. Son como las parteras de ese mundo. ¿Qué ha pasado para que las encuestas reflejen una subida notable del PSOE y un retraimiento de Podemos?

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