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Victoria Sendón de León

Doctora en Filosofía y escritora. Sus temas principales son feminismo, historia, literatura de vanguardia y paganismo.

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#28AlasfeministasVotamos

Con este hashtag inician las feministas su propia campaña, no como elegibles, pero sí como electoras. En el mismo día, y horas antes del pistoletazo de salida de la campaña electoral de los partidos, 156 agrupaciones feministas del Estado español suscriben un documento con propuestas claras y firmes a los partidos políticos. Es un hecho simbólico que apunta hacia varias novedades políticas: que los electores elaboran sus programas propios, que las mujeres reclaman cuestiones que les atañen de modo específico, y que la soberanía popular también se representa a sí misma y no sólo a través de los partidos políticos. Está claro que el movimiento feminista va marcando ciertas pautas por las que, tarde o temprano, habrá de transitar la política. Primero fue lo personal es político, que marcó la agenda política con reclamaciones que no habían accedido a ella; luego vino aquello de los derechos de las mujeres son derechos humanos, universalizándolos y dando relevancia a injusticias propias olvidadas por los gobiernos; y ahora, en la "cuarta ola", podríamos decir que el feminismo es la política de lo esencial. Y es política de lo esencial porque es la política de la vida.

Leyendo el Manifiesto en forma de decálogo, se percibe que todas las propuestas atraviesan el centro de la vida, y de modo muy especial de la vida de las mujeres, de sus criaturas y del planeta. Es como decir "se acabaron las tonterías, los egoísmos y los abusos masculinos contra la mitad de la población". No es posible que una civilización prospere, que una civilización adquiera la categoría de humana si sus bases se asientan sobre la desigualdad, la opresión, la violencia, la jerarquía dominante y la discriminación generalizada del diferente. El feminismo está poniendo un espejo frente al sistema patriarcal para que se vea como lo que es: una barbarie. Por mucho que presuma de avanzada tecnología, de sorprendentes hallazgos científicos, de creativas obras artísticas, de autopistas fabulosas o sublimes puentes tendidos sobre el vacío, eso es nada si nuestros sistemas de convivencia son violentos, insolidarios, egoístas, egocéntricos, narcisistas, extractivistas, especuladores, crueles, ignorantes, bélicos y definitivamente estúpidos. Por eso hay que volver a la pregunta esencial ¿y todo esto para qué? ¿Para qué si no está en el centro la vida, las personas? Por eso "el feminismo es la política de lo esencial".

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Feminismos sobrevenidos

La realidad del feminismo no es un mero acontecimiento, ni siquiera un acontecimiento histórico como el de la toma de la Bastilla, la del Palacio de Invierno, la caída del muro de Berlín o el atentado de las Torres Gemelas. Estos acontecimientos históricos cambiaron el mundo de su época, pero el feminismo responde más bien al concepto de proceso, con acontecimientos emblemáticos, eso sí, pero en la línea de un movimiento que ha ido avanzando y evolucionando paulatinamente y que ahora tiene uno de sus momentos cumbre con las huelgas y manifestaciones ya establecidas del 8 de marzo.

Las mujeres que se declaran feministas en España son dos de cada tres, y en cinco años se ha duplicado el número de seguidoras. La mayoría son menores de 25 años o mayores de 55. El testigo se ha transmitido. Hace cinco años nada más, algunas señoras decían que no eran feministas, sino femeninas. Había también muchos caballeros que afirmaban que a ellos la mujer les gustaba mujer. No sé si tautología o topicazo. Ahora nadie se atrevería a protagonizar semejante ridículo, por más que alguno pase rozando, aleccionando a las mujeres embarazadas sobre lo que llevan en su vientre.

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Análisis con perspectiva de género: ¿tenemos el mismo derecho a recibir cuidados?

Acostumbramos a hablar de los cuidados que prestamos y a reclamar un reparto más equitativo de la responsabilidad de cuidar a nuestros allegados. Pero, en este contexto, es importante abordar también cuáles son y qué cobertura legal tienen nuestras necesidades de cuidado. Por ejemplo, valorando con perspectiva de género qué derechos de cuidado nos otorgamos monetizados en forma de pensiones, tropezamos con que nueve de cada diez hombres ven reconocidas sus aportaciones a la sociedad a lo largo de sus vidas con pensiones contributivas, mientras que sólo conseguimos lo mismo cuatro de cada diez mujeres. ¿Denota esto una menor habilidad de nuestro género? 

Existen dos modelos de sistemas de pensiones. Algunos países siguen sistemas de capitalización. Las personas ahorran durante todas sus vidas para cuando ya no puedan trabajar. Cuando llega ese momento capitalizan sus ahorros e intentan sobrevivir con ellos. La capacidad de ahorro media de un español, ronda los sesenta mil euros. Preguntémonos cuántos años sobreviviríamos con esta cantidad como único recurso económico. La introducción de planes de pensiones privados camina hacia este modelo. Afortunadamente, en España, aún tenemos un sistema de pensiones de reparto. La pensión de cada generación se paga repartiendo lo contribuido por las generaciones siguientes que, a través de estas aportaciones, adquieren derecho a su propia pensión para cuando ya no pueden trabajar. Es fundamental observar que no se valoran por igual los dos elementos necesarios para que el sistema funcione: trabajo y, lo más importante, personas, trabajadores y trabajadoras que lo realicen.

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Una extraña tarde en Podemos

Llovía sobre Madrid, suave y mansamente. Gran expectativa y profusión de medios a las puertas de la sede de Podemos en Princesa. Sigue la huelga del taxi y las calles aparecen mucho más tranquilas que de costumbre. Uno a uno íbamos llegando a la convocatoria del CCE de Podemos, también silenciosos y un poco con el corazón encogido sin saber qué se iba a escenificar en esa sala en la que nos fuimos sentando, más cercanos que nunca por sus dimensiones no demasiado espaciosas.

Ninguno de los contendientes está presente y eso le da una cierta extrañeza al acto, que va discurriendo en un ambiente sincero y de cierta nostalgia, no sé si de tiempos mejores. Toca hablar a calzón quitado sin la presencia del líder ni la incomodidad de herir al acusado que, extrañamente, no puede comparecer en su propio juicio. De modo difuso percibimos que ha llegado la hora de poner al descubierto una herida latente que supura en las palabras de cada quien, pero cuyas raíces se hunden en la carne más profunda y sensible. Se habla de las inquietudes propias de gente que trabaja a pie de obra, ellas y ellos, como un inventario del mucho esfuerzo dedicado y de los logros conseguidos. Es como si cada quien deseara rendir cuentas de todo lo que ha hecho por Podemos y, de hecho, por la gente a la que nos debemos. Sentí que habíamos madurado, pero a cambio de perder la inocencia o la inconsciencia propia de los cinco años pasados a una velocidad de vértigo en la palestra política en la que nos hemos batido el cobre.

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Carta abierta a Pedro Sánchez: "Estimado presidente, es mucho lo que nos jugamos en 2019"

Estimado Presidente: Me permito escribirte esta carta segura de coincidir con el sentimiento y percepción de muchos conciudadanos, votantes y abstencionistas, en este arriesgado ejercicio de la política democrática. Advierto que no hablo como militante, ni siquiera como votante. Hablo como pueblo.   

Es mucho lo que nos jugamos en este 2019 entrante y eres tú, sin duda, uno de los actores definitivos como capitán de la nave que todas deseamos llegue a buen puerto. A un buen puerto con el rearme ético que necesitamos para vadear los voraces acantilados de Escila y Caribdis en los que, o bien las corrientes nos lanzan contra las rocas, o bien somos engullidos por un feroz torbellino que nos sumerge en las profundidades. El osado Ulises supo mantener el rumbo bandeando de babor a estribor, rozando inevitablemente el peligro e interpelando a los dioses del mar y a su protectora, Atenea. Sólo perdió seis hombres en lugar de perecer con toda la tripulación. 

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¿Por qué la izquierda anda errante?

Están sucediendo cosas raras en política. Situaciones y resultados inesperados que se interpretan con frecuencia cuantitativamente como si todo se resolviera en torno a cuántos votos han sido robados o trasladados de un partido a otro, sin tener en cuenta, a veces, lo que está sucediendo en el imaginario del electorado. Y esto tendría que ver con la percepción actual de qué se entiende por “derechas” y por “izquierdas”, pese a que algunos crean que son dos conceptos inamovibles.

Cierto que los imaginarios se mueven lentamente en la psique profunda de las gentes, pero se mueven. Y se mueven porque nuestro mundo es cambiante, más en épocas de crisis, pero principalmente porque los seres humanos nacimos prematuros y evolucionamos en una búsqueda constante de nuevas comprensiones de lo real para adaptarnos al medio, a nuevas circunstancias siempre itinerantes. Es lo que nos distingue de los otros animales, que nacieron con todo un sistema nervioso y cerebral ya conformado y guiados por el instinto. Son especies que reproducen un modelo ya construido con muy pocas incorporaciones nuevas.

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Espacios de excepción

Freud afirmó que el origen de la Primera Guerra había que buscarlo en ese oscuro instinto de matar que la naturaleza humana lleva inscrito en su psique, el Thanatos. Barbara Ehrenreich descarta esa motivación y afirma que el miedo a los otros –proveniente del hombre cazador en relación a otros depredadores más fuertes que él – es lo que nos ha impulsado a permanecer armados, en guardia y dispuestos siempre a solucionar los conflictos mediante la guerra. En todo caso, serían las peleas individuales o grupales las que responden a una básica agresividad humana, pero no las guerras. Las guerras están minuciosamente preparadas, desde la intendencia al entrenamiento de los ejércitos física y anímicamente. Sin embargo, añade algo interesante Ehrenreich, y es que las guerras se apartan de la normalidad cotidiana, pero también invierten los términos de lo normal y de lo justo. Literalmente: “En la guerra se debe matar, se debe robar, se deben quemar ciudades o granjas e incluso se debe violar a las mujeres y a las niñas”.

Propongo una visión que podría aunar las dos teorías sobre la guerra en un sistema que las contiene. El sistema es el patriarcal, cuyo modelo político hegemónico es el de un estado fuertemente armado en aras de la defensa, que aprovecha las guerras para dar curso a aquellos otros instintos, incluido el de matar, que no están permitidos en la normalidad de un estado civilizado. Es decir, que bajo el modelo hegemónico al que responde socialmente, anida un imaginario atávico que le lleva a cometer todo tipo de atrocidades sin tener que asumir cualquier modo de culpa, sanción o desprestigio por sus actos. Para ello se ha inventado un retorcimiento o torsión al que yo denomino espacios de excepción, uno de los cuales puede ser la guerra.

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El sorpasso de Pedro

Me pregunto cuál ha sido el quid para que tanta gente en España, al margen de su adscripción o simpatía política, en el arco que va de la izquierda hasta el centro, nos hayamos alegrado tan de corazón con la moción de censura del pasado 1 de junio. Lo más obvio correspondía al habernos librado de un gobierno que era ya más un lastre para la democracia que un activo político de cara a una ciudadanía aburrida por la corrupción. Más: abrumada por un ambiente intelectual en el que ni la modernidad como tradición ni la postmodernidad como ruptura han tenido cabida. Una especie de niebla ominosa y triste, esperpéntica y metida en un bucle similar al día de la marmota. Las mismas palabras, los mismos gestos, los mismos prejuicios, los mismos tics, los mismos decretazos de los viernes, los mismos lobbies financieros, el mismo tancredismo, los mismos recortes y mordazas, los mismos horizontes grises. El triunfo de la moción de censura fue como la explosión de un sol de mediodía en pleno Parlamento que disipó todas las nieblas. El mal sueño había terminado. De pronto. Y hasta aquí lo evidente.

El efecto sorpresa desbordó en entusiasmo con el nombramiento del Consejo de Ministras (por goleada). Una alegría redoblada que duró como tres días de fiesta. La gente votante de Podemos estaba especialmente contenta según encuestas. Curioso, porque la cúpula se resentía de una supuesta exclusión. En general, el entusiasmo del progresismo celebraba los últimos acontecimientos políticos y la victoria de Pedro Sánchez. Y no porque el gabinete fuera más o menos de izquierdas, no. Se ha dado un imponderable que desde ahora tendremos que valorar como más relevante que la bipolaridad clásica. Era un gabinete propio para abordar los retos de un siglo XXI que amanece. Un gabinete comprometido con el mundo que viene y no amarrado al que se va. Ya no se trata de escorarse cuanto más a la izquierda mejor, sino de acompasar nuestro ritmo con el tiempo histórico. Los valores que antes apreciábamos en la izquierda tradicional hay que transferirlos desde ahora a la vanguardia, a quienes van delante, a quienes están más preparados profesional y personalmente, a quienes son más capaces de empatía con el mundo, que piensan en la gente que vive en un planeta amenazado y que sabe que las viejas estructuras mueren sin que las nuevas acaben de nacer. La vanguardia está ahí para eso: para ayudar a alumbrar un mundo nuevo. Son como las parteras de ese mundo. ¿Qué ha pasado para que las encuestas reflejen una subida notable del PSOE y un retraimiento de Podemos?

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Carta a las Reinas Magas

Con permiso de Cayetana Álvarez de Toledo, que juró en arameo que no perdonaría jamás a Carmena, voy a dirigirme a unas Reinas Magas, vestidas por Ágatha Ruíz de la Prada, como interlocutoras, en lugar de escribir la carta a los clásicos de Oriente, por más que ahora sepamos que venían de Occidente, de Tartessos en concreto, como escribió el Papa Ratzsinger.

La noche del 31 al 1, fecha inversa, me he dormido con la misma ansiedad ilusionada que cuando de pequeña pasaba agitada la mágica noche. Lo que siento hoy, recién ganada la moción, se corresponde con el temblor y la esperanza con que escribía a sus majestades la famosa carta, aunque nunca hubiera sido lo suficientemente buena ni de lejos. Pero hoy sí, hoy hemos sido, no sé si buenos o tontos, pero sí incomprensiblemente pacientes ante una gobernanza tan férrea como regresiva. Muchas nos preguntamos cómo hemos podido aguantar el saqueo en diferido y los decretazos de cada día. Sin embargo, es comprensible, ya que estos años del gobierno del PP han sido tan pródigos en escándalos económicos, en involuciones democráticas, en mentiras mil veces repetidas, en un tancredismo tan paralizante que cuando estábamos dispuestos a reaccionar ante un gran escándalo… venía otro que lo superaba. Era como estar en una noria con la cabeza girando más enloquecidamente que la de la niña de “el exorcista”. Realmente no nos daba tiempo para respirar hondo y tomar impulso. El tiempo del PP ha sido desolador y depredador, pero en absoluto aburrido.

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Esto no es un chalé

No soy quién para juzgar actos individuales que no trasciendan al ámbito de lo público y que sean personales e intransferibles. Ahora bien, ya que me han hecho responsable de sus consecuencias, al tener que votar como inscrita en Podemos, creo que tengo todo el derecho y el deber de opinar. Porque no se trata de un chalé, sino de su representación, evocando a René Magritte en su obra “Ceci n’est pas une pipe”.

Vaya por delante que la hipoteca que tienen que pagar Irene Montero y Pablo Iglesias durante treinta años es un verdadero yugo para economías que donan gran parte de su sueldo a proyectos sociales como el resto de diputados y cargos de la organización política. Si no fuera así, lo tendrían mucho más fácil. Y eso no se dice, pero es un argumento clave a tener en cuenta. El esfuerzo va a ser brutal. Lo que me extraña es que se liguen al escaño durante tanto tiempo como para convencer al banco prestamista. Claro que tienen recursos de valía personal como para trabajar en otros campos.

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