Un humedal único cerca de la Puerta del Sol: la lucha vecinal para que el hormigón no llegue a las Lagunas de Ambroz
Miguel Ángel García de la Concha recuerda que descubrió las Lagunas de Ambroz de casualidad, durante el encierro de la pandemia, en la primavera de 2020. Pensando en sitios verdes para pasear y despejar la mente, Rafa, un amigo suyo, compañero de la organización ecologista SEO Birdlife, le sugirió el “humedal escondido”, de difícil acceso, ubicado cerca de su barrio. “No sé de qué sitio me hablas”, fue su respuesta. Horas más tarde, los dos estaban, atónitos, observando el cortejo de dos Somormujo lavanco, una especie de ave acuática. Miguel Ángel volvió a su casa extasiado, sin dar crédito del entorno natural que acababa de disfrutar a solo 600 metros de su hogar. “Así empezó todo”, cuenta seis años después, sobre una inspiradora y tenaz lucha ciudadana de la que forma parte.
Porque a los días siguientes, Miguel Ángel, su mujer, Sara, Rafa y otros integrantes de SEO Birdlife, empezaron a buscar información sobre este punto geográfico del extrarradio este de la ciudad de Madrid: qué usos se le había dado a esos terrenos, casi 700 hectáreas, al lado de la M-40, pertenecientes al distrito de San Blas-Canillejas; por qué se habían formado lagunas; también difundir su existencia, organizando visitas con los vecinos del barrio y con miembros de otras organizaciones amigas. “Esto hay que protegerlo”, fue la conclusión del grupo.
Tirando del hilo, descubrieron que en ese sitio había funcionado una mina a cielo abierto de sepiolita, una arcilla de gran capacidad de absorción que se utiliza en productos industriales. Cuando el proyecto cerró (1977-2007), la emergencia de agua de nivel freático –acumulada en el subsuelo– hacia la superficie originó unas balsas. Con el paso de los años, el lugar, sin ninguna presencia humana, experimentó un proceso de renaturalización que desembocó en un humedal, “un auténtico hotspot de biodiversidad en Madrid”, en palabras de Eva Hernández, coordinadora del área de gobernanza de SEO/BirdLife.
“Un tesoro natural único, un regalo impensado entre tantas carreteras y hormigón”, agrega Miguel Ángel. Las Lagunas de Ambroz, como se ha nombrado a este humedal –el agua proviene del arroyo de Ambroz–, están a 20 minutos en metro de la Puerta del Sol. A menos de diez kilómetros en línea recta. En total, hay tres lagunas. Una grande, en el centro del terreno. Y dos más pequeñas, en los extremos del perímetro.
Madrid tiene los pulmones verdes de Casa de Campo, El Pardo y El Retiro, ubicados en el norte. En el sur y el este, hay muy pocos refugios que alivien el efecto isla de calor urbana. “Estamos hablando de un sumidero de un montón de contaminantes que genera el entorno de la ciudad y que sin duda va en beneficio de la calidad del aire de los municipios cercanos”, describe.
Por eso, explica Yago Martínez, de Ecologistas en Acción, es de vital importancia proteger este humedal, “que representa una infraestructura clave de prevención sanitaria, bienestar y calidad de vida en los barrios del este y el sur de Madrid, zonas densamente pobladas, con un déficit estructural de zonas verdes”.
La lucha ciudadana
Cuando Miguel Ángel y los pioneros de esta gesta advirtieron el valor ecosistémico del hallazgo decidieron organizarse. Primero, crearon un grupo de trabajo para salvar las Lagunas de Ambroz y todo su entorno, hoy conformado por las principales organizaciones de conservación de naturaleza de España, las asociaciones vecinales de San Blas-Canillejas y Vicálvaro y la Federación Regional de Asociaciones de Vecinos de Madrid (FRAVM). Lograron que el Ayuntamiento de Madrid, que no conocía la existencia de este entorno, creara una comisión para analizar el futuro de las lagunas.
Luego, a través de un proyecto de ciencia ciudadana, revelaron la biodiversidad del humedal con el objetivo de conocer su valor ecológico y ambiental. El trabajo, que llevó meses, concluyó con cifras apabullantes: 1.080 especies de invertebrados; 156 de aves; 13 de mamíferos; 449 taxones de flora; 11 especies de herpetofauna y 55 de hongos.
El 41 % de las especies identificadas están incluidas en el Libro Rojo de Aves de España, de las cuales el 20 % de las poblaciones están amenazadas. Miguel Ángel pone el ejemplo del Saga pedo, un saltamontes carnívoro gigante, visualizado en once ocasiones en los últimos 80 años en toda la península, en peligro de extinción. “Hemos observado insectos que son potenciales descubrimientos de especies nuevas para la ciencia. En este entorno, se pueden hallar más especies de orquídeas que en toda la provincia de Valladolid”, revela.
Al tratarse de una zona no alterada por la agricultura y la ganadería industrial –no se han vertido químicos en el suelo–, el humedal contiene especies de plantas que han desaparecido del resto de la Comunidad de Madrid. “Estas lagunas son una oportunidad histórica para integrar naturaleza, biodiversidad y salud pública en el corazón de Madrid”, subraya Hernández.
La primera amenaza: la restauración minera
Con este inventario en la mano, este colectivo ciudadano lucha desde hace tres años para crear un espacio natural de uso público. Una “Casa de Campo del Este”, explica Miguel Ángel. El proyecto pretende incluir las lagunas dentro del catálogo de embalses y humedales de la Comunidad de Madrid. Y forjar un “corredor ecológico” que conecte las lagunas con el Parque Regional del Sureste.
Pero el deseo está plagado de escollos. En 2025 la empresa minera presentó su plan de restauración ante la Comunidad de Madrid, un documento obligatorio para, finalizada la concesión de la explotación, devolver el equilibrio al terreno.
Pero el plan, denuncia Ecologistas en Acción, contempla únicamente el relleno de los huecos dejados, sin considerar la nueva situación medioambiental generada por las lagunas. “En vez de potenciar toda la vida que ha florecido, lo que están haciendo es taparla, la solución más rápida y económica”, denuncia Miguel Ángel.
A finales del año pasado, las máquinas taparon la laguna más pequeña. De extenderse por todo el humedal, la restauración pondrá en peligro los 200 ejemplares de avión zapador que viven en la zona, un ave protegida en la Comunidad de Madrid. “Urge un nuevo plan de restauración que permita mantener y mejorar la biodiversidad instalada en la zona mediante la restauración ecológica en lugar del relleno de la laguna artificial generada por la explotación minera”, pide este vecino.
La segunda amenaza: 18.000 viviendas
En septiembre, el ayuntamiento dio el primer paso para construir un nuevo barrio en el distrito de San Blas-Canillejas. La Nueva Centralidad del Este se encuentra en fase de evaluación técnica y ambiental. Contempla la construcción de 18.000 viviendas en una extensión de 158,83 hectáreas en el entorno de las Lagunas de Ambroz. El humedal quedaría reducido de 700 a 130 hectáreas, integrado en un futuro bosque metropolitano.
En el pleno del 24 de febrero, cuando Más Madrid puso a consideración la propuesta vecinal de darle vida a una nueva Casa de Campo –que fue rechazada–, el delegado de Urbanismo, Medio Ambiente y Movilidad, Borja Carabante, aclaró que el proyecto contempla el “nivel de protección máxima” para preservar las lagunas.
Argumentó que es posible “conciliar la necesidad de crear una oferta de viviendas con la protección del medio ambiente”. “La tarea de proteger las Lagunas de Ambroz tiene que ir de la mano con el desarrollo de la ciudad de Madrid”, justificó en su intervención.
Para Miguel Ángel, el hormigón y las máquinas son incompatibles con la conservación de este ecosistema. Un parque urbano “no preserva la biodiversidad, no lucha contra el cambio climático, no protege la flora y la fauna”. “Hablamos de anillos de jardines, que ya hay muchos en Madrid, cuando lo que se trata es de conservar una zona que tiene valores naturales únicos”, lamenta.
Los vecinos remarcan esta paradoja: un espacio renaturalizado de forma espontánea, sin la intervención humana, necesario para contrarrestar la crisis climática y de biodiversidad, el reto más importante de estos tiempos, amenazado por la intervención humana para seguir edificando en una ciudad a la que le sobra cemento.