Ni de mi madre, una santa
Los periodistas, tan deslenguados, tenemos sin embargo nuestro propio código de conducta. Como los mafiosos, sin ir más lejos. Al Ojo le gusta mucho ese precepto que ordena que si tu madre te dice que te quiere, compruébalo. El sano ejercicio de la duda, ese es el tuétano que tiene por los adentros el buen profesional de la comunicación. Ante cualquier documento, desde el prospecto de la aspirina hasta el sumario del caso Gürtel, el periodista riguroso -los hay a paletadas, los conozco- se armará de valor, y comenzará a trabajar. Verá los folios uno a uno, los párrafos uno a uno y las palabras una a una. En silencio. Y tratará de comprobar, siguiente paso, lo allí escrito. Difícil unas veces, imposible otras. Resultado: la duda, ser o no ser, cortado o con leche, al punto o poco hecho. Sabemos que al periodista bocachancla -también los hay a paletadas- le bastará con un primer ojeo o, lo que aún es más usual, lo que le dice su señorito, líbreme de tanto julepe. Y las conclusiones, luego. Cuando hayan avanzado las investigaciones. Mientras, pies de plomo, déjenme que confirme la veracidad de esa prueba que ahora, lo dice la policía, parece irrefutable.
Sencilla traducción. El Ojo duda de todo quisque, señor, señora, joven o maduro, incluso anciano. O sea, que no se fía de Santos Cerdán, Ábalos, Koldo, Zapatero, Leire y del portero de Ferraz. En la estela, hace lo propio con Pedraz, Marchena, Peinado, Hurtado, los tenientes coroneles de la guardia civil y los altos mandos policiales, qué peligro, ni de los ujieres del Tribunal Supremo y la Audiencia Nacional. También los políticos tendrán su propio código, pero a los periodistas nadie nos va a decir que debemos creer a los expresidentes, honor intachable, pero tampoco a respetar la sacrosanta figura de los señores magistrados, víctimas como son de juanetes y ardor de estómago. Con letras gigantescas: hay jueces que ejercen su tarea de manera deplorable. ¿Políticos corruptos? Claro. ¿Jueces arbitrarios o inmorales? Por supuesto. ¿Queda claro?
Decía recientemente Eduardo Madina a raíz de las acusaciones de parcialidad a los jueces por parte del PSOE, que ocurriría igual si se diera la circunstancia de que a políticos de la derecha se le amontonaran los casos judiciales. Es posible. Pero qué casualidad, esta circunstancia no ocurre nunca. Jamás. Estos falsos paralelismos gustan mucho a los dizques analistas moderados. La famosa polarización. Qué horror, dicen. Pero es que no es verdad. No ha habido y no hay una recua de jueces progresistas persiguiendo a políticos del PP y de Vox. ¿Recuerdan algo así contra la derecha en tiempos de González? ¿Y de Zapatero? ¿Incluso de Pedro Sánchez? Pues no, claro. En absoluto. Pero es obvio y evidente que hay una manada de jueces conservadores -¿han visto qué fino se ha vuelto el Ojo?- persiguiendo hasta el ensañamiento irresponsable a políticos, y familiares de políticos, progresistas. ¿Les hago la relación o les basta con mirar a su alrededor?
Por ejemplo. Banquillo de acusadores del hermano de Pedro Sánchez, de nombre David, alineación que prácticamente se repite en todas las causas abiertas contra la dirigencia socialista: Manos Limpias, Hazte Oír, Abogados Cristianos, Liberum, Iustitia Europa, Vox y, naturalmente el PP. Exacto: la Santa Compaña. Incluso lucen trapos negros. Ánimas en pena, tétricos espectros, encabezados por un vivo portando una cruz y un caldero de agua bendita. Para mí, y creo no equivocarme, que el mortal que dirige la procesión se me parece mucho a Alberto Núñez Feijóo. ¿A ustedes también? Miedo no, pánico es lo que dan.
Sorprende que algún periodista televisivo con amplia audiencia entre el progresismo como Antonio García Ferreras, equipare la Operación Kitchen del PP, qué asco ver a esos encorbatados policías, todos bailando al son macabro de la flauta pastoril del delincuente y a la vez comisario, qué cosas, José Manuel Villarejo y sus sucias grabaciones, con la chapuza de Cerdán y Leire. Ni hartos de vino se creen semejante patraña estos tergiversadores de la realidad. Un ministro del Interior, bendecido por todas las vírgenes que a ustedes se les ocurran, todos sus acólitos y aún más, intentando salir de las aguas ponzoñosas que ellos mismos envenenaron para dañar a las izquierdas y los nacionalismos. Mentirosos, falaces, echacuervos, falsarios. Como los jueces que dejaron pasar, con la impunidad de los desahogados, a los M. Rajoy o a las Cospedales. Vaya, ahora que recuerdo, también hay amigables conversaciones del pirata Villarejo con el periodista que considera del mismo tamaño el kayak que el Titanic. Mera coincidencia.
Ocurre igual con la prensa. Esas almas cándidas que antes citábamos intentan equiparar el lenguaje de la prensa seria con el de los panfletos de la fiel infantería. Son lo mismo y escriben igual, pero desde distinta posición ideológica. Otra vez la polarización, dicen. Huimos de los extremismos, afirman. Pero es mentira. Y lo saben. Los que insultan de manera feroz, los que denigran, los que se inventan bulos, los que engañan con títulos falsos y datos inventados son ellos. Jamás encontrarán los lectores esa bazofia en la prensa seria. A ver, ¿de verdad han leído alguna vez en La Vanguardia, en El País, en elDiario.es, en Infolibre, en Público o en otros medios conocidos como progresistas, o simplemente serios, las salvajadas que de vez en cuando les trae el Catavenenos de OKdiario, Libertad Digital, Abc, El Mundo, El Debate o The Objective? No, no son iguales, de ninguna manera. Caballero, no me agravie.
Porque esto del lawfare no es nuevo. La justicia de derechas contra la política de izquierdas. Siempre es conveniente echar la vista atrás, que seguro que nos traemos para hoy alguna enseñanza. Un artículo de este mismo diario de Marta Borraz de agosto de 2024 daba cuenta de la aparición de un libro del experto en Historia del Derecho Rubén Pérez Trujillano titulado Jueces contra la República. Abundante en datos y de rigurosa investigación, el resumen de su lectura es evidente: el poder judicial “decidió no acompañar” las reformas de carácter social de la Constitución de 1931 y contribuyó a “cortocircuitar” el nuevo régimen. Como resumía el mismo Pérez Trujillano, “la instrumentalización política de la justicia fue sin duda generalizada, y tuvo el objetivo de frenar desde los tribunales el constitucionalismo social y democrático del periodo de entre guerras y cortocircuitar el régimen”. Por supuesto que hubo jueces progresistas, “pero las tendencias jurisprudenciales de aquellos años (1931-1936) fueron bastante uniformes y homogéneas sin grandes diferencias entre unos tribunales y otros”, añade. Alguna vez, sugiere el Ojo, habrá que horadar el muro. A como dé lugar.
También deberíamos plantearnos, con la misma urgencia y similar intensidad, que el Gobierno de Pedro Sánchez, de una vez por todas, erija de verdad un edificio de comunicación como es debido. Cuánto mejor hubiera hecho el manoslargas de Santos Cerdán en gastarse la pasta en un buen equipo de comunicación y no soltar las perras a una indocumentada como la pequeña Nicolasa, la llamada Leire Díez, para circular por esos mundos como un pelele tratando con empresarios, abogados, fiscales, charolados tricornios y otras singulares piezas del mosaico patrio. ¿Tantos másteres, tantas tesis doctorales en los mil y un asesores de la Moncloa y todo lo que se les ocurre es Leire? ¿Estamos locos? Esa chapuza de traca en lugar de articular una eficiente y profesional guardia de corps informativa que sepa responder e informar en los momentos precisos. Y hoy, meses después y con la que está cayendo, seguimos en las mismas. Grita Óscar Puente airadas razones desde un rincón y Óscar López suelta salidas ingeniosas, la secretaria de Organización balbucea cosas, Pedro Sánchez da la cara un minuto, pero el terremoto Zapatero, y su réplica Leire les han vuelto a pillar en procaz desnudez. Balines contra misiles intercontinentales. El respetable exige, y con razón, explicaciones sensatas y documentadas. Y enfrente solo encuentra al ejército de Pancho Villa. ¿Comparecencia dentro de quince días? No entienden nada.
La lengua se le va a caer al Ojo de repetirlo, pero quizá algún día la portavocía del Gobierno, o incluso la Secretaría de Estado de Comunicación sirvan para algo.
Ya, me temo, batalla perdida.
Y sí, lo de Israel es tremendo y no hay nadie en el mundo capaz de parar al gran asesino. Y a su ejército de fanáticos enloquecidos arrasando todo lo que encuentran a su paso, vidas y haciendas. Criminales impunes.
Adenda. Mal vamos si queremos que el Papa, el Espíritu Santo, o sea la paloma, los milagros, los brazos incorruptos, las catedrales llenas de tesoros y baúles a reventar de oro y joyas, el salto del Rocío, las capuchas de Semana Santa y esas cosas nos den las pautas necesarias para enfrentarnos a la Inteligencia Artificial, ese enorme avance científico, una aberración mortal en manos de los enloquecidos tecnomillonarios en perpetua adoración mutua con el monstruo Trump. Sí, sí, por supuesto que mejor un Papa como León XIV o Francisco, capaces de plantar cara al mismísimo Trump, que aquel polaco que se llamó Juan Pablo II, el tercero para armar el famoso trío ultra reaccionario de Thatcher, Reagan y Wojtyla. Denos la tabarra en España, huyamos a la selva recóndita o a la España vaciada, pero seamos sensatos, hágannos el favor, y que sean los científicos de verdad y los ministros del ramo quienes piloten la resistencia civil.
Bienvenidas sean sus oraciones y sus encíclicas, sumo pontífice de los suyos, está muy bien que se sitúe en el lado correcto de la historia, pero deje que los comecuras confiemos más en que alguien llegue a convencer a los políticos europeos para que suelten los sacos de millones que se necesitan para frenar la nueva invasión yanqui. Y quizá china.
Materialistas que somos. Sin remedio.