Es tan descomunal la sombra de Trump, tanta su brutalidad, que cualquier otro acontecimiento que acaece en las rúas de por acá se queda convertido en anécdota insignificante. Cuando vienes de que el presidente del país más poderoso de la Tierra se vanagloria como un patán de haber bombardeado a otro país, sin permiso interior ni exterior, secuestrar a su presidente y su esposa, asesinado a más de ochenta personas, robar por las bravas los productos que en este país se producen, y tras ello amenazar a media humanidad -Cuba, Colombia, Groenlandia- con más ataques de igual grado de ferocidad, llegas a Alberto Núñez Feijóo, a María Guardiola y sus acuerdos con Abascal y te da la risa. Ellos, que adelantaron elecciones para librarse de Vox y ahora aparecen atados con cadenas al cuello. ¡Criaturas, qué grandes estrategas tiene ese partido! Tremendo salto, pues: de leones a mosquitos, de osos salvajes a hámsteres, de grandes rocas a minúsculo cascajo de pequeñísimas guijas, de gigantescas secuoyas a ridículas astillas. De diplodocus, en fin, a ácaros.
Cuesta, de verdad, entender en toda su magnitud cómo es posible que en el país que tanto presume de democracia, esos otrora grandiosos Estados Unidos de América, unos bárbaros funcionarios del Servicio de Inmigración, pertrechados con ropa civil, armamento galáctico y enmascarados, atemorizan a todo Estados Unidos con maneras de cruentos matones, capaces de cargarse de dos tiros en la cabeza, a bocajarro, a una inocente René Nicole Good, 37 años y madre de tres hijos en Minneapolis, asesinada en la más absoluta impunidad a la vista de medio mundo. Decíamos de la brutalidad exterior pero ahora lo hacemos de la interior. Es difícil encontrar una mejor equivalencia para esos tipos feroces que aquellas tropas de asalto, los camisas pardas, las SA, Sturmabteilung, surgidas en Múnich en 1920 con la misión de prestar servicio de protección en actos nazis, claves para que Adolf Hitler se hiciese con el poder en Alemania en enero de 1933. Es el reino del terror, que si en aquellos años esos tipos brutales buscaban judíos, hoy hacen esa misma labor de acoso, de persecución degradante, contra los inmigrantes. Mismo odio al diferente, mismos salvajes sentimientos consentidos y empujados desde el poder. Otra vergüenza de Trump, ese individuo que es en sí mismo una plaga terrorífica.
Pero con ello hay que convivir, que los plumillas no podemos escribir mil veces la misma columna para denunciar la vesania de Trump, ese monstruo naranja. Tenemos aquí, por ejemplo, a un Gobierno que a pesar de sudar tinta, tiene los arrestos, sin duda forzado por sus pactos para sobrevivir, para presentar un plan de financiación autonómica que significa, entre otras cosas, elevar los recursos a disposición del sistema, a repartir entre todas las autonomías, en unos 21.000 millones de euros para el primer año de su funcionamiento, 2027. Doce años encallada la reforma, y hoy ya hay, cuando menos, un nuevo sistema de reparto, obsoleto el anterior. El detalle es complejo y esta columnilla no puede entrar al menudeo so pena de agotarse en esas detalladísimas disquisiciones. Con todo, un par de apuntes. Uno, ¿protestan en el PP por haber negociado antes con Cataluña que con el resto? Pregúntenle a Aznar, lo tienen ahí, a un paso, para saber qué hizo el gran timonel con Pujol. Y Page. ¡Ah, Page, qué honestidad con su partido, con su presidente, que a pesar de recibir 1.248 millones más de la última propuesta de financiación autonómica, pide elecciones anticipadas ante este gravísimo desmán de Sánchez, uno más en la lista de agravios al socialismo verdadero!
Seguro, eso sí, que les sorprende que el PP rechace con vehemencia el plan, casi con furia, como hubiera hecho con cualquier borrador que presentara el Gobierno de Sánchez. Al enemigo ni agua, y como ya hemos recordado en alguna otra ocasión, repitamos las palabras de aquel entrenador argentino del Sevilla, epítome de la dignidad y la ética del deportista, Carlos Bilardo, aquellas de al rival “pisálo, pisálo”, gran lema adoptado desde entonces por Núñez Feijóo y su ejército de lobos feroces, que si Tellado, que si Gamarra, que si Cayetana. ¿Que la Comunidad Valenciana renuncia a recibir más ingresos para hacer frente a los desastres de la DANA? Tanto da, que no queremos billetes sucios del perrosanxe, que sufran los ciudadanos de mi autonomía, pero yo no me como el rancho. Es una situación esperpéntica, todos los presidentes lampando por los pasillos, una limosnita por amor de dios, pero esos miles de millones que me ofrece se los guarda usted donde le quepa. Mejor, mucho mejor, mantenerse en el insulto y la búsqueda de la cárcel para los socialistas, que solo así, con todos ellos encerrados en mazmorras, y Sánchez a pan y agua, seremos felices y comeremos perdices. En El Ventorro, verbigracia.
Porque esa es otra. El espectáculo de Feijóo, tras la performance del grosero Mazón en el caso de la DANA es de campanillas. ¡Qué tipos tan repugnantes, ambos dos dirigentes del PP, de acendrados sentimientos religiosos, que saben que están sufriendo penalidades horrorosas sus vecinos y no se les mueve un músculo para interesarse por ellos durante horas! Feijóo declaró ante la jueza -por videoconferencia, no nos molestemos en ir en persona- que el día de la tragedia no recibió “ninguna información” de Mazón “ni se la pide el martes 29”. “Ni la recibo, ni la pido”, aclara. Y que hasta las ocho de la noche no hablaron uno con otro. ¡A las ocho de la noche! Entrevista con el alcalde de Utiel -del PP, por cierto- con Carles Francino, de la cadena SER antes de las 16.30 de aquel fatídico 29 de octubre de 2024, que ya le advierte que han visto imágenes terribles de lo que está ocurriendo en la zona: “Lo que nos preocupa”, declara un angustiado alcalde “no es que se haya desbordado el río, es la vida de nuestros conciudadanos… Están encerrados en sus viviendas, nos están llamando desesperadamente… es algo descomunal que yo no había visto en mi vida”.
En esa misma conversación pública confirma dos aspectos más: que ya ha hablado con la delegada del Gobierno y con la UME, que les han asegurado su ayuda pero que a esa hora aún no habían podido llegar. Y hay más. Inicio del boletín formativo de esa cadena a las seis de la tarde: “Hay al menos tres personas desaparecidas en Letur, Albacete, debido al temporal”. In crescendo, a las siete ya se hablaba de desaparecidos en Alcudia y se repetían las angustias por las que pasaba Utiel “a causa de las fuertes lluvias”. Aimar Bretos aportaba datos de última hora: “Muy grave, Carles, el panorama”. Y describía, ayudado por los corresponsales en la zona, una situación dantesca, agravada por el desbordamiento del barranco de El Poyo.
Uno, el desahogado Mazón, en la comida que todos conocemos, encerrado con prohibición de que se le molestase, el otro, Feijóo, ocupado en no se sabe qué importantísimos asuntos, incapaz de levantar el teléfono para hablar con el presidente de la Comunidad cuando toda España ya sabía de la tragedia. Ni a las cinco, ni a las seis, ni a las siete. El lodo se come vidas, pero ellos ni se interesan por ellas. ¡Qué desvergüenza, qué falta de calidad política y humana, qué mentirosos, declarar que estuvo informado en todo momento, qué caraduras! Hay que repetirlo, porque de verdad que no se entiende: Núñez Feijóo, el tipo que aspira a gobernar España ni solo no habla con Mazón, que hubiera sido lo lógico, es que ni lo intenta con la vicepresidenta o con algún consejero, como mínima prueba de su preocupación por las víctimas. ¡Ni siquiera sabía el susodicho que existiera un Cecopi! Nada preguntó, nada le despeinó, nada le amargó la tarde. Como al comensal de El Ventorro. Nunca, jamás, van a encontrar descanso a aquella indignidad.
Decíamos en algún momento de una cárcel. Todos quietos, un, dos, tres, al escondite inglés... ¡sin mover las manos ni los pies! Ahora le ha tocado al expresidente José Luis Rodríguez Zapatero, toda esa prensa bazofia, desde The Objective a OKdiario pasando por El Confidencial y otras basuras similares, intentando arrinconar a la presa en base a la nada, que todavía, meses y meses llevan de campaña bélica, solo tienen humo en las manos contra el expresidente. Pero aquí no pasa nada, que ya hemos encontrado a algún juez dispuesto a servir de lacayo, otro más, en la maniobra orquestada de las togas contra el gobierno de coalición. ¿Base? Las querellas presentadas por la organización ultracatólica Hazte Oír. Un asco, un oprobio, la náusea permanente. Hay hasta espontáneas titulares de juzgados, que viva España, se aprestan a citar a Santos Cerdán, ya emplumado en otras causas, y graves, como bien saben todos ellos, por mentir en el Senado, tontuna que sirve para dar más carnaza a las hienas de Madrid DF.
Díganlo más alto, que el Ojo está un poco sordo y no se entera: los jueces españoles son independientes y de ninguna manera actúan por motivos ideológicos y políticos. Y cualquiera que así opine debe ser quemado en la plaza pública. Nada, que no los oye. Más alto, más alto, a ver si así al Ojo no le da la risa.
Adenda. “Más de 400.000 españoles habrían sido víctimas de la pederastia en la Iglesia”, según el Defensor del Pueblo, el muy riguroso Ángel Gabilondo. Cualquier empresa de automoción, grandes almacenes, energética o de cualquier otro sector que hubiera sido señalada de manera tan indigna habría visto cómo sus clientes se daban de baja, huyendo de aquellos miles de manos largas que repartían por pupitres y sacristías tantos y tantos actos de extrema bajeza. Pero las religiones, cosas de fanáticos, tienen otras reglas. También hubiera sido normal que el CEO de esas empresas marcadas a fuego se hubieran abalanzado a lograr un acuerdo para tratar de solucionar el desastre con unos cuantos millones. Pues aquí, en la Iglesia Católica Apostólica Romana de las Españas, ni siquiera eso ocurrió. Cardenales, arzobispos, obispos, etcétera, etcétera, se resistieron como el Harpagón de Molière a soltar los cuartos, que ha habido que sacárselos con tenacillas de tortura. A la indignidad del abuso, la miseria de la mezquindad. Ellos, tan sañudos con los demás en las tinieblas de los confesionarios, se autoabsolvieron de manera vergonzante, al tiempo que se amarraban al saco de los dineros con dedos como garfios que podían brindar algún alivio -escaso- a sus víctimas.
Ave María Purísima, dime tú, asotanado penitente, cuántas veces has pecado esta semana.