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El debate sobre las pruebas del uso de armas químicas en Siria

23.50

La Cámara de los Comunes ha votado esta noche en contra de la intervención militar británica en Siria: 285 votos contra la moción presentada por el Gobierno y 272 a favor.

La respuesta de Cameron al resultado:

“Creo firmemente en la necesidad de una respuesta firme ante el uso de armas químicas, pero también creo en el respeto a la voluntad de la Cámara de los Comunes. Está muy claro que, aunque la Cámara no haya aprobado ninguna moción, el Parlamento británico, reflejando los deseos del pueblo británico, no quiere una acción militar británica. Lo asumo y el Gobierno actuará en consecuencia”.

El resultado es una sorpresa no porque se pensara que el Parlamento estuviera a favor de la implicación, sino porque la promesa de una segunda votación, cuando se conozca el informe de la ONU, había hecho pensar que muchos diputados tories contrarios al ataque a Siria votarían ahora a favor del Gobierno, reservándose el derecho a hacerlo en contra en la segunda cita. Pero está claro que no han querido esperar más tiempo para dejar clara su posición.

Obama tampoco tendrá que esperar a los británicos.

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El fotomontaje procede de la revista conservadora británica Spectator. En realidad, más que el fantasma de Tony Blair, que también, ha sido toda la guerra de Irak la que ha sobrevolado sobre la Cámara de los Comunes en la comparecencia de David Cameron para hablar de la respuesta al uso de armas químicas en Siria.

La atención sobre lo que harán EEUU y Europa se ha trasladado de Washington y Damasco a Londres, gracias a esa tradición parlamentaria que coloca a los Comunes muy por encima de las demás instituciones legislativas occidentales. El primer ministro ha explicado las razones que justificarían una represalia militar y también ha respondido a las preguntas de los diputados, incluidos aquellos de su propio partido que no ven clara la alternativa de la fuerza militar.

Como ejemplo, está el diputado tory y exmilitar Dan Biles, que ha escrito por qué en estos momentos se inclina por votar en contra. Ante la pregunta de si un ataque limitado a objetivos militares puede impedir futuros ataques con armas químicas, Biles cree que no, lo que deja en el aire cuál sería el paso siguiente. A partir de ese momento, las dos alternativas (no atacar más o continuar haciéndolo) presentarían graves inconvenientes.

En el muy breve informe de inteligencia difundido por Londres, se dice que la existencia del ataque con armas químicas del día 21 ha quedado probada por numerosas fuentes, incluidas las imágenes ya conocidas, que no hay pruebas creíbles que confirmen la denuncia de Siria de que el ataque fue realizado por los rebeldes, y que hay “información limitada pero creciente” de que “el régimen fue responsable de los ataques” realizados con la intención de expulsar a la oposición de “zonas estratégicas de Damasco”.

Cameron ha tenido que aceptar que su Gobierno no tomará ninguna decisión hasta que los inspectores de la ONU concluyan su misión en Damasco. Se sabe que eso ocurrirá el sábado, un día antes de lo previsto, y después entregarán su informe a la ONU. Es imposible que este mismo fin de semana vaya a estar finalizado ya que deben completar su investigación sobre el terreno con pruebas de laboratorio de las muestras recogidas. Y eso podría requerir semanas, más que días.

En estos momentos, las posibilidades de que Obama espere a Cameron no parecen muy altas. El primer ministro ni siquiera tiene la garantía de contar con los votos necesarios.

En EEUU, el fantasma no es Blair, sino Colin Powell y su discurso en la ONU donde demostró la existencia de las armas de destrucción masiva iraquíes que en realidad no existían. ¿Cuál es la entidad de las pruebas con las que cuenta Washington? Ante el argumento de que Siria no es Irak, hay un hecho que lo confirma, aunque no en los términos que agradarían a Obama: los medios de comunicación están aplicando a los argumentos del Gobierno un escrutinio que no existió antes de la invasión de Irak.

Lo conocido el jueves enfría bastante la seguridad con la que Obama y su secretario de Estado, John Kerry, se manifestaron en días anteriores. La Casa Blanca filtra que entre las pruebas o indicios que manejan no hay ninguna “smoking gun” (ninguna prueba decisiva que despeje toda duda sobre la autoría específica del ataque). Cuentan que entre la información que se presentará a la opinión pública no estará el contenido específico de comunicaciones interceptadas entre mandos militares sirios. En cualquier caso, consideran que Asad es responsable de las operaciones militares de su Ejército.

Un artículo de AP (desmentido por la Casa Blanca) cita las dudas de los servicios de inteligencia: ya no saben con la seguridad de hace seis meses dónde están almacenadas las armas químicas sirias. Tampoco cuentan con pruebas de que Asad ordenara directamente el ataque con esas armas.

Frente a las teorías de la conspiración que indican que EEUU ha llevado a cabo en los últimos dos años una “apuesta estratégica calculada” con la que mantener viva la guerra civil siria pero de forma que no termine con la victoria de uno de los dos bandos, la realidad es que la CIA y otros servicios no parecen tener datos muy detallados sobre aspectos clave del potencial militar sirio en relación al arsenal de armas químicas ni más información que la que le entregan servicios de inteligencia de países de la zona enfrentados a Asad. De espías en Damasco, ya ni hablamos. Como apunta AP, lo más probable es que haya menos personal de la CIA dedicado a Siria que a Afganistán, Irak o Pakistán.

¿Se puede justificar un ataque militar en mitad de una guerra civil con pruebas circunstanciales o deducciones sobre la autoría del ataque con armas químicas? En meses anteriores, cuando Londres y París se mostraron convencidos de que esos ataques se habían producido, Washington prefirió mantenerse a distancia porque las pruebas no eran definitivas.

La diferencia es que ahora las pruebas sobre la existencia del ataque parecen concluyentes, pero no se puede decir lo mismo (al menos con la información facilitada a la opinión pública) sobre la identidad del mando militar que las ordenó. ¿Cumplía órdenes del presidente Asad, de la cúpula militar, de un general que tenía luz verde para atacar esa zona con los medios que estimara oportunos? ¿Fue una decisión de un grupo de militares sirios incontrolado?

Si es cierto que el ataque previsto contra objetivos militares sirios será muy limitado, como apuntan los medios de comunicación norteamericanos citando fuentes oficiales, quedarán desmentidos los pronósticos más pesimistas sobre una escalada de la tensión en la guerra precisamente a causa de la intervención norteamericana. En Siria actualmente es difícil pensar en un escenario peor que el actual.

Por lo mismo, permanecerá la duda sobre la utilidad de ese ataque, es decir, si disuadirá a Asad de cualquier intento futuro por emplear armas químicas. Aún más cierto es que no hacer nada concederá una manifiesta impunidad al ataque en el que murieron no menos de 300 personas, tanto rebeldes como civiles. Un escenario deprimente, como todo lo ocurrido en los dos últimos años en Siria.

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En este blog, hay información detallada con una posible interpretación de la localización de los lugares desde los que se lanzaron los proyectiles de artillería con la carga química, además del tipo de proyectiles utilizados.

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Ya había citado la información falsa de que la ONU denunció en mayo que los rebeldes también habían usado armas químicas. Varios medios de comunicación rusos han doblado la apuesta y han informado que las declaraciones de Carla del Ponte, nunca confirmadas con una sola prueba, se referían al ataque de hace unos días.