Esto no va de Sánchez, sino de España
Trump y Netanyahu han decidido arrastrar al mundo a una nueva espiral de violencia. Pedro Sánchez ha plantado cara y negado ayuda logística desde las bases de Rota y Morón para la ofensiva contra Irán. El “matón de patio de colegio” (Felipe González, dixit) amenaza con cortar todo el comercio con España por su falta de colaboración. Y, aquí, los patriotas de hojalata, los que dicen amar a la nación sobre todas las cosas y los que llevan a gala la rojigualda en la muñeca, lejos de defender el interés nacional, se han lanzado a la yugular del Gobierno. Nada nuevo bajo el sol.
Lo de siempre: el odio a Sánchez por delante de la verdad, del interés nacional, de la seguridad global, del derecho internacional y de las vidas humanas. No han aprendido nada ni entendido tampoco que esto no va del presidente del Gobierno, ni de sus intereses partidarios, ni de un relato con el que Sánchez pueda agotar el mandato. Lo que está en juego es mucho más que eso: es la base de la democracia, de los derechos humanos, de la legalidad internacional y de los cimientos del deseo mundial de paz sobre los que se construyó Naciones Unidas, tras la devastación de la II Guerra Mundial.
Que Vox se iba a alinear con el inquilino de la Casa Blanca, después de su última bravata con España, se daba por descontado porque Abascal es el elegido de Trump en España para debilitar a Europa, pero que el PP de Feijóo haya sido capaz alinearse con el presidente de los EEUU y la violación del derecho internacional, como hizo Aznar con Bush en 2003, es sencillamente execrable. Llamar “irresponsable” a Sánchez, y no a Trump o Netanyahu, no es solo un signo de sumisión hacia quienes han decidido sustituir la diplomacia por las bombas, sino una demostración de que el líder del PP no ha aprendido nada ni tiene tampoco quien le ilustre sobre asuntos nucleares. Ni sobre Derecho Internacional, ni sobre el sentimiento antibelicista que define a los españoles a los que pretende gobernar, ni sobre los errores cometidos por sus correligionarios y sus consecuencias en tiempos no tan recientes pero, en absoluto, remotos.
“Tú y tu maldita guerra” es una frase que está grabada en la memoria colectiva de los populares y que, según testigos presenciales, constituyó el lamento con el que Mariano Rajoy se dirigió a José María Aznar la noche del 14 de marzo de 2004 en la que el candidato popular perdió unas elecciones generales tras su apoyo incondicional a Bush en la guerra de Irak. Pero por si el presidente del PP, igual que le ocurre en materia de política internacional, carece también de asesores que le informen sobre el latido de la sociedad, ahí van unos datos que pueden refrescarle la memoria sobre lo que piensan los españoles respecto a conflictos bélicos anteriores:
Opinión pública 2003-2026: Más del 90% de los españoles se declaraba en contra de una intervención militar en Irak en febrero de 2003, tan solo un mes antes de la operación militar que marcó el inicio de la guerra para derrocar a Sadam Huseín sin el respaldo explícito de la ONU.
Un 93% rechazaba que España participara en un ataque unilateral, e incluso el 65% era contrario a la participación española aunque la operación militar hubiera tenido el aval de Naciones Unidas. Tan Solo un 7% apoyaba un ataque incondicional contra Irak.
Poco han cambiado los datos desde entonces porque en la opinión pública del 2026, el 85% de los españoles está, sí, a favor de que exista una política común europea de defensa (Eurobarómetro, otoño de 2025). El 68% apoyaría la creación de un ejército europeo (CIS, marzo de 2025), pero priorizan el gasto en empleo (37%), sanidad (30%), inmigración (30%), economía (25%) y educación (24%). Todas por encima de la inversión en defensa, que ocupa el sexto lugar, con solo un 21% de menciones (Eurobarómetro otoño de 2025).
España, en resumen, se encuentra entre los países con mayor preocupación ante escenarios catastróficos. De hecho, al 76% le inquieta el uso de armas nucleares y al 73%, una tercera guerra mundial. Seis de cada diez españoles está muy o bastante preocupado por la guerra en Oriente Próximo y ocho de cada diez considera que los gobiernos deberían gastar menos en armas y más en cooperación internacional (Manos Unidas, diciembre 2025).
¿Le interesa a Feijóo lo que opinan los españoles?
Seis de cada diez creen que la política exterior de la actual administración norteamericana se podría definir como la recolonización y depredación de recursos (Le Grand Continent, enero 2026). El 63% considera que es mala para la paz en el mundo y para España, un 66%. (European Council on Foreign relations, mayo 25)
Trump, de hecho, es para los españoles un enemigo de España (Le Grand Continent, marzo 2025). Lo cree así un 96% de los votantes de Sumar y un 81% de los del PSOE, pero también un 39% de los del PP y un 29% de los de Vox. Para la mayoría de los españoles, el inquilino de la Casa Blanca invadió y secuestró a Maduro en enero pasado para controlar el petróleo venezolano (68%) mientras que solo un 13% cree que lo hizo para promover la democracia. El 62% cree que Trump puso en peligro la paz mundial (CIS, enero de 2026).
Sobre los ataques de Israel a Irán. De hecho, justo antes de la intervención del pasado sábado sobre Irán, 2 de cada 3 españoles ya mostraba su preocupación por un posible conflicto en Oriente Próximo, aunque mucho más en la franja ideológica de la izquierda (84% Sumar y 79% PSOE) que en la de la derecha (58% PP y 36% Vox).
Si algo demuestran los datos es que el electorado del PP no es ajeno a la convulsión global que ha provocado Trump, ni indiferente a los conflictos bélicos, ni complaciente con la vulneración de la legalidad internacional. Porcentajes todos ellos que, lejos de frenar el retroceso en la tendencia de voto al PP, podría agudizarse y, en esta ocasión, no necesariamente a favor de Vox, cuyos votantes no son unánimemente partidarios de las guerras ilegales ni de las bravuconadas de Trump. Tampoco está escrito que la situación internacional y la amenaza de Trump vayan a revertir el descrédito que acumula Sánchez tras siete años de gobierno y aunque la izquierda haya encontrado esta vez en la bandera y el interés nacional un relato con el que desperezar a los españoles desencantados con el Gobierno, además de una dosis de recuerdo del coste económico para España que dejó la guerra de Irak y que, según datos de la Agencia Española de Cooperación Internacional (AECI) y del Ministerio de Defensa, sumó más de 1.100 millones de euros.
El coste económico de la guerra. Únicamente la participación militar en la Operación Libertad Iraquí -que tuvo su principal exponente en el despliegue de la Brigada Plus Ultra, con 1.300 efectivos, en las ciudades de Diwaniya y Nayaf, hasta que el presidente José Luis Rodríguez Zapatero ordenó su retirada, en abril de 2004- costó 259,5 millones de euros. El Gobierno del PP fue además el anfitrión de la Conferencia de Donantes para Irak, celebrada en Madrid en octubre de 2003, en la que se comprometió a aportar 300 millones de dólares, convirtiéndose así en el sexto país donante, después de EEUU, Japón, Arabia Saudí, Kuwait y el Reino Unido. Un montante al que hay que sumar otros 764 millones de dólares de deuda iraquí condonada por España.
1.000 muertos en atentados yihadistas. Esto sin entrar en detalles sobre las pérdidas humanas -9 militares españoles murieron y 18 resultaron heridos en el transcurso de la misión- y el vínculo de aquella maldita guerra con el terrorismo yihadista en toda Europa donde se registraron atentados de gran escala que se llevaron por delante la vida de más de 1.000 personas. En Madrid, en Londres, en París, en Bruselas, en Niza, en Berlín o en Barcelona.