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El Tenerife concede también en Girona y pierde peleado con la eficacia

Dani Hernández se lamenta durante el Girona-Tenerife

Incapaz de remontar una vez como tantas veces, incapaz de defender la segunda jugada en su área, incapaz de meter jugadores que cambien el ritmo, el Tenerife cayó en Girona con un partido que, sin el gol de Franquesa, le habría quedado en aseado. A tres puntos de una permanencia que puede que termine siendo más barata, el grupo de Ramis parece ahora limitado más a evitar un error fatal con valor de derrota que a fabricarse una victoria que lo saque de golpe de problemas.

El ejemplo es el partido de este sábado en Montilivi, otro de muchos controlado sin mayores agobios por los blanquiazules hasta que se aparece la acción inverosímil que cambia el guion para obligarlo a fabricarse un gol que, en la segunda vuelta del campeonato, solo encontró dos veces de nueve citas fuera de casa. No parece casual la estadística.

La jugada tonta le tocó hoy a Sipcic, cediendo un saque de esquina en una pugna a la que no llegaba su rival, un balón que se empeñó en tocar cuando con dejarlo salir, porque salía, bastaba. Tiró el córner cerrado Monchu, despejó Pomares —también de aquella forma— y quedó el balón muerto en el área para que lo empalara Franquesa a la escuadra, antes de que Shashoua encimara con más decisión.

Lo que hubo después, como lo anterior al 1-0, está condicionado por el acierto del Girona, un equipo mejor que el Tenerife desde lo individual y con más pegada que el representativo, aunque se encontrara con dos respuestas de Dani —la segunda sensacional— cuando le encararon Yoel Bárcenas (m.15) y Stuani (m.36).

En lo demás, el partido anduvo más igualado. En parte porque el Tenerife defendió mejor que peor la acumulación de caídas al área de los locales, aprovechando el juego entre líneas y su 3-5-2 —con dos extremos y dos interiores entre los que se incrustan Bárcenas y Stuani para sacar de sitio a los centrales— y, también, porque le costó matar alguna vuelta en la que a los blanquiazules les sobró ese último pase errado que tanto deja en estériles sus contras.

El Girona buscaba los tres puntos sobre cualquier objetivo adicional. Se encontró el gol, Dani le negó después a Stuani el 0-2 y hasta la pausa no pasó nada que fueran los minutos. Amaneciendo, Carlos Ruiz tuvo que retirarse con un golpe que apunta a lesión muscular y lo relevó Alberto, esta vez sin errores groseros, en una posición en la que parece jugar más cómodo.

De regreso de la caseta, el Girona se juntó en su campo para evitar sucesos sangrientos y el Tenerife quedó obligado a proponerse hacer un gol. Lo intentó a su modo y pudo pescar dos veces. Primero (m.49), cuando Sipcic se quedó solo y escorado ante Juan Carlos, tras engancharse la defensa local en una salida, que el defensa negoció como el defensa que es: un tiro desviado y sin valor.

Luego (m. 53), con una buena combinación entre Shausoua y Fran Sol —no hace más goles porque le cae una pelota digna para un remate de uvas a peras— en la que el inglés definió con un buen tiro colocado, de los suyos, que tocó en un rival y no cogió puerta. Tuvo Sol la definitiva para el empate (m.56), pero quedó obligado a otro remate forzado con más riesgo de luxación que éxito de efectividad. Poco más se le puede exigir.

Con veinte minutos de margen, al Tenerife se le acabó el argumentario y la posibilidad de producir peligro. Cuando Shashoua y Valera entraban como recambios, pudo decantar resultados con goles o asistencias del atacante inglés y el joven atlético, que, —en ausencia de Jacobo, Suso y Borja Lasso—, son los únicos jugadores diferentes que maneja Ramis en su rotación. Invertidos últimamente los papeles, la tarea queda en los pies de Apeh y Nono: no hay más palabras.

Jugó también Moore para acumular presencias —hombre por hombre por Kakabadze en el lateral— y Jorge Padilla —segunda aparición en catorce partidos—, que entró por Sergio para dejar a Aitor Sanz —otra tarde de entrega y kilómetros sin premio— como único medio. Con seis minutos y la prolongación, fuera de sitio, le dio al majorero para correr y sacarle una tarjeta a Couto.

Y así todo. Juego corto cuando debía será a los espacios, conducciones cuando el balón debía soltarse y controles que a veces provocan el sonrojo y la eterna pregunta de qué es lo que se valora en ciertos fichajes. Al cabo, otra tarde insípida con los mismos protagonistas, a falta, por lo que se ve, del último partido de Suso o de la aparición de Félix Alonso, lejos de los suyos y lejos del debut.

(1) GIRONA FC: Juan Carlos; Arnau, Santi Bueno, Juanpe; Yan Couto, Cristóforo (Terrats, m.84), Monchu (Kebé, m.84), Gumbau, Franquesa (Valery, m.90+1); Bárcenas (Samu Saiz, m.69) y Stuani (Bustos, m.69).  

(0) CD TENERIFE: Dani Hernández; Kakabadze (Moore, m.65), Sipcic, Carlos Ruiz (Alberto, m.14), Pomares; Valera (Apeh, m.65), Aitor Sanz, Sergio González (Jorge, m.84), Vada; Shashoua (Nono, m.65) y Fran Sol.

ÁRBITRO: Rubén Ávalos Barrera (Comité catalán). Amonestó a Stuani (m.67) y Couto (m.87) y a los visitantes Aitor Sanz (m.63) y Apeh (m.85).

GOL: 1-0, Franquesa (m.34).

INCIDENCIAS: Partido de la 37ª jornada de LaLiga SmartBank 20-21, jugado a puerta cerrada en el campo de Montilivi.

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