García Márquez y el avance del “pacto patriótico” en Colombia


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El mundo no acaba de salir de la pesadilla de dolor y muerte de la Pandemia y se entra en otra pesadilla real de metralla y muertes. Las vacunas no acaban de cumplir con su incierta tarea cuando los humos que los vientos arrastran huelen a pólvora y las aguas de la lluvias van teñidas de sangre. No hablamos de continentes lejanos, sino de Europa. Y el desánimo pesimista se apodera de muchos.

Del otro lado del Atlántico llegan noticias políticas que a mí personalmente me reconfortan: desde Chile y Colombia, donde la izquierda ha ganado electoralmente. En este mes en las pasadas elecciones del 13 de marzo en Colombia el llamado “Pacto Histórico” ha tenido un gran avance electoral. Es la Colombia de García Márquez que todavía sufre parcialmente de guerra civil como en su novela “Cien Años de Soledad”. Y en parte, como en las páginas literarias de Gabo, sigue la peste del insomnio y del olvido producido por el insomnio.

En la novela la pérdida de la memoria obliga a sus habitantes a crear un método para recordar las cosas y José Arcadio Buendía comienza a etiquetar todos los objetos para recordar sus nombres; no obstante, este método empieza a fallar cuando las personas también olvidan leer. Un día, regresa Melquíades de la muerte con una bebida para restablecer la memoria que surte efecto inmediatamente, y en agradecimiento es invitado a quedarse a vivir en la casa. En esos momentos escribe unos pergaminos que sólo podrían ser descifrados cien años después.

No cien años después, sino cuatro años desde la últimas elecciones (2018) y ya en estas Elecciones el candidato con resultado mayoritario, Gustavo Petro del “Pacto Histórico”, ha tenido que recordar en el debate televisado que cuando los candidatos de la Derecha hablan de Corrupción han sido ellos los que la han creado, vivido e incrementado, que son ellos los hijos y nietos de los multimillonarios salidos del tráfico de drogas y de su encubrimiento.

El Parlamento de Colombia es bicameral. La Cámara de Representantes colombiana es parte del Parlamento con 166 representantes por 4 años (cámara baja) y Cámara alta (Senado de la República). Ambas cámaras constituyen el Parlamento. Colombia tiene como 9 bases militares de la OTAN de la que es asociada. EL Congreso o Parlamento con sus dos Cámaras data históricamente del año 1812. El Senado tiene 102 senadores, con dos plazas reservadas a los candidatos de los indios aborígenes.

El actual presidente de Colombia, Iván Duque, calificado por la izquierda como inepto acabará su mandato el próximo mes de agosto. A partir de ese momento le sustituirá el candidato que gane las elecciones del 28 de mayo, o en su defecto, el que triunfe en la segunda vuelta del 19 de julio. Previamente, tenían que celebrarse, como así ha sido, el pasado 13 de marzo, las elecciones al Congreso.

Una mayoría de los colombianos ponía pésima nota a la presidencia de Iván Duque, con un rechazo superior al 70 % desde enero de 2022, mientras que solo dos de cada diez consultados aprobaba su gestión. Su gobierno será recordado como un período de retroceso general del país, tanto por el deterioro socioeconómico como por el fracaso de su estrategia de seguridad, que no frenó ni atentados ni a los paramilitares.

 A lo largo de los casi cuatro años aumentaron la pobreza y la desigualdad por encima de la media histórica. Estadísticas oficiales dicen que 21 millones de colombianos viven por debajo del nivel de pobreza. A pesar de cierta recuperación económica del último año, el desempleo se sitúa en el máximo de los dos últimas décadas y Colombia aparece ahora, por primera vez, en los informes de organismos internacionales (FAO) entre los países americanos con riesgo alimentario extremo, junto a Honduras y Haití, a pesar de sus formidables recursos en tierras para uso agrícola.

Ha bajado en lo socioeconómico y aumentado la violencia en todo el país. Durante el gobierno de Iván Duque aumentó el número de masacres y asesinatos de líderes y lideresas sociales, dirigentes de comunidades indígenas y poblaciones negras, ex guerrilleros suscritos al acuerdo de paz, miembros de colectivos LGTBI u opositores políticos. Nada menos que “uno de cada tres” líderes ambientales asesinados en el mundo encuentran la muerte en Colombia, así como la mitad de todos los defensores de derechos humanos. Por no hablar de las recientes masacres de juventudes urbanas perpetradas por la fuerza pública y paramilitares durante las pasadas marchas de protesta del Paro Nacional.

El Pacto Histórico parece hacer Historia pues los resultados electorales muestran que por primera vez una coalición con la bandera de la izquierda se coloca entre las primeras fuerzas representadas en el Senado y en la Cámara de Representantes. Esto resulta algo inédito, ansiado y temido en Colombia. La lista plural del Pacto Histórico, impulsada por Gustavo Petro (socialdemócrata liberal) y Francia Márquez (mujer, abogada y negra wahyu que saludó a “los y las nadie” que la acompañaron desde las montañas, desde las llanuras, desde las calles, desde los barrios, desde los distintos lugares del país) se posiciona esta mañana como la mayor bancada del Senado, junto a los dos partidos tradicionales, el Liberal y el Conservador. Con el 99% de los votos escrutados de las elecciones legislativas, el Pacto Histórico obtiene 16 de los 108 escaños, los mismos de los conservadores y uno más que los liberales (15).

Estos resultados anuncian una fuerte disputa entre las coaliciones presidenciales y colocan a la izquierda como una posible alternativa de poder. Gustavo Petro con Francia Márquez han logrado con su Pacto Histórico el 80% de las preferencias electorales, con casi cuatro millones y medio de votos.

LA VIOLENCIA DIARIA CONTRA LA IZQUIERDA

Unas cinco semanas antes de la Elección al Congreso y cuatro meses antes de las elecciones presidenciales los candidatos del Pacto Histórico denunciaron la “grave situación de los Derechos Humanos” y la “falta de garantías” en la limpieza y control electoral. Hacían responsable al actual presidente Iván Duque.

De hecho desde Enero se contabilizan 14 masacres con más de 40 víctimas. Edificios de las organizaciones de base y oficinas de electorales fueron amenazadas y  atacadas. En algunas regiones la guerrilla disidente del FARC- luchan armados contra los paramilitares y critican y combaten a la coalición electoral.

En Enero una carga de dos kilos y medio de explosivos fue descubierta en el Restaurante “Casa Alternativa” donde se reunía los del FARC que habían pactado con el gobierno y se habían integrado a la vida civil y política. Lo curioso es que unas horas antes habían estado allí los de la Policía. Los de la coalición del “Pacto Histórico” preguntaron al Gobierno si la Policía sabía del atentado y por qué no habían sido avisados. Algunos sospechan que la conexión paramilitar y la Policía posibilitaron la instalación de los explosivos.

En Cali desconocidos amenazaron con hacer volar por los aires las Oficinas principales del Pacto Histórico durante la campaña. No se sabe si la burocracia policial ha sido puesta en marcha a investigar las amenazas. También en el Departamento de Arauca fracasó afortunadamente un atentado de bombas, pero un auto-bomba y atentados contra oficinas locales fueron destruidos y un vigilante resultó muerto.

Especialmente amenazadas física y psicológicamente de la ola de violencias son las comunidades campesinas y del interior. La acción constante e impune de los paramilitares trata de eliminar toda resistencia de la poblaciones organizadas contra la Mafia de las Drogas.

Los candidatos al Congreso de la coalición del Pacto Histórico denuncian los escuadrones de la muerte con estructura paramilitar como “Águilas Negras” contra las principales personalidades de izquierda como Gustavo Petro y otros. Se califica a los del Pacto como “amenaza del comunismo progresista” y “Dictadura del Narco-Terrorismo comunista” que quieren convertir Colombia en una nueva Venezuela.

Las “Águilas” amenazan también a testigos en procesos judiciales y a los de la Comisión para la Verdad, así como al ex-guerrillero de las FARC, Rodrigo Londoño.

En el norte de la cadena montañosa de la Sierra Nevada de Santa Marta los  Paramilitares (AGC) habían secuestrado a jovenes “sospechosos” de haber repartido propaganda favorable a Petro del Pacto Histórico.

 EL SILENCIO MEDIATICO OTÁNICO Y LA MERMELADA

En España  y en la Europa unida donde se supone libertad de Prensa y de opinión, casi nada se publica críticamente sobre Uribe y sus gestiones. En España se le recibe e imponen medallas. Se habla del catarro de una señora venezolana, pero nada se ha dicho de las muertes a miles por la Pandemia en una Colombia con mínimas medidas sanitarias para el pueblo.

Iván Duque Márquez fue funcionario estatal colombiano en Washington en el 2001. También durante 13 años fue representante de Colombia ante el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), lo que le daba un perfil tecnocrático. Se apunto al nuevo partido creado por el ex presidente Álvaro Uribe, el Centro Democrático (CD), partido ideológicamente opuesto a las negociaciones de paz con la guerrilla y obsesionado obtener una victoria militar. Hay que decir que los familiares millonarios van siempre escoltados por guardaespaldas armados.

Duque se presentó en agosto de 2018 respaldado por Alvaro Uribe y, a diferencia del presidente saliente, Juan Manuel Santos -quien también fue aupado por Uribe pero que pretendió realizar una agenda propia-, Duque se mantuvo fiel al consejo e indicaciones de su mentor, refugiado en Estados Unidos. Ganó Duque las elecciones en segunda vuelta con el 54 % de los votos, después de una durísima campaña contra su rival, el progresista Gustavo Petro (Colombia Humana). La victoria de Duque en 2018 afianzó una amplia base social conservadora, muy polarizada con respecto a “la izquierda” y que predica de palabra y de obra, financiera y militarmente, unas políticas de seguridad (las de Uribe) contrarias a los ya firmados acuerdos de paz.

Una de las grandes promesas electorales de Iván Duque había sido acabar con la llamada “mermelada”, en otras palabras, acabar con la corrupción de políticos y empresarios que actúan mancomunadamente para conseguir privilegios y  prebendas. Los congresistas colombianos que legislan a favor de los intereses del grupo en el poder, reciben a cambio la famosa “mermelada”, que consiste en obtener cargos públicos para amigos y parientes o sustanciosos contratos para sus empresas. Esa promesa quedó incumplida y la mermelada siguió circulando, hasta el punto que destacados miembros del partido uribista CD, ministros de su gobierno y amigos del presidente tuvieron que ser investigados por sobornos, financiación ilegal y otros delitos característicos de la vieja política del contubernio.

 La prensa, radio y televisión en España y, con rarísimas excepciones, se dan noticias del “asociado” otánico. En Colombia según los medios hispanos reina atmósfera de Paraíso. Sin embargo,  en la campaña electoral del 2018 Iván Duque habría recibido financiación de un conocido empresario de la región Caribe, conocido como “Ñeñe” (José Guillermo) Hernández, que se encontró muerto en Brasil en misteriosas circunstancias. El Ñeñe, ganadero y narcotraficante, habría sido una figura clave en la financiación de la campaña electoral del partido CD del duo Uribe-Duque en algunos departamentos del Caribe colombiano, tales como La Guajira y César, que el uribismo consideraba importante disputarle al izquierdista Petro. El Ñeñe aparece en múltiples fotografías posando familiarmente con Duque en plena campaña, una proximidad casi matrimonial que dio nacimiento al expresivo término de la ñeñepolítica. En diciembre del pasado 2020, a partir de numerosos audios de conversaciones telefónicas, el Consejo Nacional Electoral (CNE) llamó a declarar al gerente de la campaña presidencial de Duque, don Luis Echeverri, así como a doña María Claudia Daza, asesora de máxima confianza del entonces senador Álvaro Uribe. La Corte Suprema de Justicia reactivó este proceso en enero de este año 2022, citando a declarar a la ex asesora de Uribe y a otros políticos implicados en la trama, hasta determinar si cabe citar también al ex presidente. Si esto ha de brillar bajo el mandato de Duque será que brillará por su ausencia.

El gran fiasco de Duque ha sido el de la reforma tributaria del ministro Alberto Carrasquilla (un ex ministro de Hacienda de Uribe), este intento de la mal llamada “reforma tributaria” fue el detonante que desató el Paro Nacional iniciado el 28 de abril de 2021, el más duro y prolongado de la historia reciente. Duque se vio obligado a retirar su “reforma” y aceptar la renuncia de su ministro. Pero lo hizo después de que habían conocido y documentado al menos 26 asesinatos por disparos de la fuerza pública. El paro continuó por otras reivindicaciones, pero ante todo como medida de fuerza de la población -y en particular de los más jóvenes- contra la terrible represión policiaca y paramilitar  sufrida por las movilizaciones.

García Márquez en 1989 lanzaba un “Mensaje sobre la Paz en Colombia y la Educación”, que no ha perdido actualidad. Decía: “Ya es hora de entender que este desastre cultural no se remedia ni con plomo ni con plata sino con una educación para la paz, una educación inconforme y reflexiva que nos incite a descubrir quiénes somos en una sociedad que se parezca más a la que merecemos, que nos oriente desde la cuna en la identificación temprana de las vocaciones y las aptitudes congénitas para poder hacer toda la vida sólo lo que nos guste, que es la receta mágica de la felicidad y la longevidad. En síntesis, una legítima revolución de paz que canalice hacia la vida la inmensa energía creadora que durante casi dos siglos hemos usado para destruirnos y que reivindique y enaltezca el predominio de la imaginación.”

Estaría bien que este mensaje fuera escuchado por todos, aunque como García Márquez se inclinaría hacia el Pacto Histórico es casi seguro que no será así.

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