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Un grupito

José María García Linares / José María García Linares

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Claro, con afirmaciones como la anterior, “más viva que nunca”, habrá que ver qué significa que don Mariano, al igual que Arenas, no sea partidario del copago en sanidad. No hay que ser muy listos. Hago primero una confesión sobre mis supuestos principios morales para luego, cuando actúe de manera contraria, dar la sensación de que me he visto obligado por las circunstancias hasta tal punto de tener que sacrificar mi propia ética. Esto es más viejo que el cuento de la vieja, valga la redundancia. Él no quería, él no quería, pero no le ha quedado más remedio. Qué tedio. En época de crisis hay que hacer reformas, eso está claro. El problema está en que si no se hacen bien benefician exageradamente más a unos que a otros. Mira lo subiditos que están los de la OCDE. “Un grupito no puede paralizar a todo un país”, nos ha dicho Rossell estos días a propósito del derecho a la huelga (¡!). Para mear y no echar gota. Que lo digan precisamente ellos, un grupito en beneficio del cual se ha aprobado toda una reforma laboral. Es escandaloso. O fíjate tú, lector, en los grandes banqueros. Otra pandilla. Aquí sólo molesta el currante. De dónde que esta gentuza mal pagada pueda reivindicar sus derechos, pensarán mientras se ponen el pegote de gomina. ¿Que hay crisis y no es momento de paros? Habría que recordarles a todos estos empresarios que la culpa de dicha crisis no la tiene el trabajador, que se está intentando arreglar el desaguisado de bancos, autonomías y gobiernos a costa del sueldo de la gente de la calle. Que mientras unos se ponen morados de dietas, coches oficiales y enchufes de sus familiares, a otros no dejan de bajarles el salario o de echarlos a la calle. Que nuestros jóvenes no tienen trabajo y que, los que lo tienen, no ganan más de novecientos euros. Ya está bien de reírse de la gente, de jugar con el lenguaje, de culpabilizar a los trabajadores, de adormecer a la masa con la excusa de dar buena imagen o de que no son tiempos, no son tiempos. No lo son, efectivamente, para la demagogia, la burla y el sometimiento por miedo a perder lo que en la Constitución no es una suerte sino un derecho, tanto que estamos rasgándonos las vestiduras con la Pepa. Vergüenza les debería de dar nuestros políticos haber reformado el texto de 1978 deprisa y corriendo para incluir tan sólo lo concerniente al techo de gasto.

A ver si se entera la OCDE. Trabajar no es un regalo, ni es efecto de la fortuna, ni por trabajar debe uno perder su dignidad. Es un derecho constitucional, sí, un derecho y no un premio de la lotería, y si hoy no hay trabajo no es por desinterés ni desidia de los que han estado cotizando durante muchos años a la Seguridad Social. No hay trabajo porque quienes nos representan no han hecho bien aquello por lo que fueron elegidos. Han mentido, han derrochado, se han enriquecido, han especulado y se han endeudado hasta las trancas.

José María García Linares

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