La loable aspiración

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La tasa de crecimiento potencial de una economía se identifica con la plena utilización de sus recursos y la mejor utilización posible de la tecnología disponible sin que se incurran en desequilibrios macroeconómicos irreversibles. Es decir, economía de laboratorio donde la presión y temperatura es la adecuada en todo momento. Por otro lado, está la realidad, que se basa en el día a día, en las personas que lo gestionan, en los obstáculos que aparecen ya sean esperados o no… y eso, al final, genera una brecha entre lo que pudiste hacer y lo que realmente haces.

Por otro lado, no es la primera vez que se utilizan los conceptos de vulnerabilidad y dependencia. De hecho, son de los rasgos estructurales de las economías de pequeña dimensión con cierto alejamiento de los grandes mercados. Si a eso se le une una fragmentación territorial interior, se genera una combinación que da como resultado ser una región ultraperiférica. De hecho, tal condición está reconocida en el Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea y ofrece el derecho a tener dirigidas políticas de compensación que eviten la polarización económica y social. 

El pasado año, por culpa y “reculpa” de un virus, como es el COVID-19, se ha generado la que se ha catalogado como una crisis sincronizada mundial sin precedentes. Y no existen precedentes porque, incluso los conflictos bélicos puede que estén ciertamente territorializados o, en el peor de los casos, tiene una parte vencedora y otra perdedora.

En este caso, aparte de acelerar la transformación económica y social de nuestro entorno, se les ha dado una mayor visibilidad y efectos negativos a nuestros problemas estructurales, generando una mayor acentuación de los desequilibrios, como son el repunte del nivel de endeudamiento público y el desempleo, fruto del desplome del crecimiento económico.

Por esa razón, sin pretender ser oportunista, no hay que perder de vista el debate necesario proveniente de abordar las reformas pendientes, donde se encuentran temas tan interesantes como son las relaciones laborales, el sistema fiscal como recaudador, financiador y redistribuidor, el análisis de la productividad del sector público o la desburocratización de los procedimientos de gestión, entre otros.

Sean las que sean, cualquier tipo de reformas debe establecer un mejor marco institucional y regulatorio que disminuya los costes de transacción superfluos, irracionales e ineficaces. O, en otras palabras, deben reforzar la economía y sociedad para mejorar su capacidad y así alcanzar su crecimiento potencial de forma equilibrada, a través de la eliminación de obstáculos que limiten los incrementos en la productividad. En definitiva, deben centrarse en ámbitos específicos, como los que estimulan la innovación en sectores motores. No obstante, lo importante es que el crecimiento sea equilibrado, lo que implica tener en cuenta asimismo factores como la equidad y la inclusión social aspirando a tener una sociedad culta y con criterio en donde se minimice la manipulación. Porque de eso se trata, ¿no?

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Publicado el
22 de abril de 2021 - 11:49 h

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