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Palestina, capital Jerusalén

Carlos Juma

La finalidad del Sionismo ha estado perfectamente identificada con la judeización de toda Palestina desde el principio de su fundación a finales del siglo XIX. Pero no sólo Palestina sino el territorio que abarca desde el Nilo hasta el Eúrates.

Nada ocurre ajeno a este principio que se ha ido haciendo realidad desde que Balfour en 1917, cien años ha, viera con buenos ojos la creación de un Hogar Nacional Judío en Palestina. Terceros decidiendo sobre lo ajeno.

La progresiva inmigración de judíos con la manifiesta aprobación de las potencias europeas fue desequilibrando el estatus poblacional y entre traiciones a la palabra dada, inmigraciones clandestinas, guerrillas, terrorismo y finalmente la partición el 29 de noviembre de 1947 de la Palestina histórica ha dado pie al comienzo de una herida que, en palabras del embajador de Pakistán en aquella tortuosa noche, sangrará eternamente. Y van setenta años.

Desde los truculentos argumentos sionistas, la negación de los palestinos (“¿Qué son palestinos?”, dijo Golda Meir) y la idea de que los legítimos habitantes de Palestina se olvidarían de su Tierra y Patria en la segunda generación, con la innegable complicidad occidental, europea y norteamericana, apoyada en el Holocausto ,- ¿puede alguien decirme qué palestino gaseó a un judío?-, amparó la ganancia de territorios no asignados al estado de Israel en aquella injusta partición.

Y así, un año tras otro asistimos a las sucesivas broncas de árabes contra el sionismo, la apelación constante al horrible sufrimiento de los judíos y el amparo,- interesado-, de las potencias occidentales, sobre todo europeas, a la fijación y expansión territorial del minúsculo estado de Israel.

El estado judío estaba listo para frenar la barbarie árabe, uno de los fines fundamentales de la creación de la entidad sionista.

En 1967 la entidad sionista ocupó militarmente Cisjordania, entonces bajo la administración jordana que hizo una auténtica dejación de sus obligaciones militares huyendo del conflicto y abandonando a su suerte a los palestinos, sin armas ni municiones.

Jerusalen en manos judías, sería anexionada posteriormente para declararla capital eterna e indivisible de Israel. Desde el punto de vista del Derecho Internacional esa anexión es totalmente ilegal, es un territorio ocupado por la guerra.

Las infinitas declaraciones de la ONU sobre el asunto, conflicto, guerra, o como se le quiera llamar, no provocan más que la hilaridad de Israel que solo da legitimidad a lo que le interesa, véase la resolución 181. El desprecio sistemático a la ONU no es sino una muestra más del cinismo en que se mueve la entidad sionista y su principal aliado. Y mientras hay acción la reacción está siempre a la vuelta de la esquina.

Que los palestinos hemos cometido errores, que hay corruptos, que hay traidores a la Causa es tan evidente como que, amparándose en ellas, se ha ido culpabilizando a la víctima. Nada más sencillo que tirarles una piedra para afirmar que los palestinos somos terroristas, y por cada piedra lanzada nos mandan un misil.

La asimetría es la constante en este sangriento conflicto irresoluble pero no creo que sea necesario explicar quienes somos los menos y quienes los más: ejércitos, apoyos internacionales, dinero.

Israel desea fervientemente que el expediente de expulsión de los palestinos se vaya consumando con los años, con la expropiación de tierras fértiles, la colonización y con el degradante trato sin respeto a los derechos humanos que practica la entidad sionista. El apartheid como instrumento.

Nada de lo que ocurre es casual, al contrario, es la sucesión escalonada de acontecimientos que tiene como finalidad última y fundamental la ocupación de al menos toda la Palestina Histórica y ya veremos con el devenir del tiempo en qué acaba la ambición territorial sionista del gran Israel.

La capital de Israel es Tel Aviv y es allí donde radican las legaciones diplomáticas. Trasladar embajadas a la Jerusalén ocupada es un acto de hostilidad manifiesta, un desafío de gran magnitud, un desprecio al Derecho Internacional. Un paso de enorme gravedad dado por EEUU.

Por más que se empeñen en hacernos desaparecer jamás podrán consumar el barrido genético de la población, tal y como establecieron Hardy y Weimberg, matématico y ginecólogo en una Ley de la Genética humana.

El objetivo de este último paso dado por la administración norteamericana es simple: procurar el levantamiento de la población palestina en un insurrección de consecuencias gravísimas por lo que tiene de sangre y muerte, asimétrica una vez más. La escalada en la aniquilación palestina y fomentar la expulsión de la población a territorios limítrofes: Egipto, Jordania, Líbano..... Item más, la práctica del ejercicio armamentístico de nuevo cuño.

No hay ni habrá pasos a la Paz. No se puede estrechar una mano con el puño cerrado, palabras de Gandhi. No puede haber convivencia ni de lejos una coexistencia pacífica sin la delimitación de fronteras,- aún inexistentes en la Constitución del Estado de Israel.

¿A quién le interesa este nuevo desafío?. Evidentemente a Israel. Es la excusa para aplastar cualquier movimiento de insurrección palestina. A la unificación de acción política palestina había que dar una respuesta contundente: ya la tienen.

De nuevo la asimetría, divide y vencerás.

El único apoyo de los palestinos es el Derecho Internacional, el cumplimiento de todas las resoluciones de la ONU. A fin de cuentas, La Justicia es nuestra única esperanza.

Y que no vengan con más cuentos del derecho a defenderse, a fronteras seguras, al establecimiento de una Paz duradera. Quien no sepa que es el Sionismo ya puede aprender una lección práctica más.

Es la eternidad del “Dur bi dur”, rizar el rizo.

Y aunque digan lo contrario la capital de Palestina es Jerusalén.

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