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Conde Pumpido, Garzón y la Policía

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En democracia y en el estado de Derecho, un funcionario público de la categoría institucional del Fiscal General del Estado no puede amagar sin dar. Le ocurrió lo mismo a Baltasar Garzón cuando amenazó con "hablar" cuando estaba en Guatemala. Luego volvió a Madrid y no ha dicho nada.

El poder judicial tiene por delegación de la soberanía popular un poder extraordinario; pero es de naturaleza vicaria. No le pertenece y su administración debe ser transparente. Los ciudadanos, respetando la independencia de los jueces en la soledad de sus juzgados, tenemos derecho al control de la labor jurisdiccional a través de los mecanismos de inspección establecidos en la ley.

Los fiscales y los jueces hablan y filtran demasiado. Debieran remitirse a explicarse exclusivamente a través de sus escritos oficiales en sus labores correspondientes a la instrucción de los sumarios. Jueces estrellas cobrando conferencias millonarias, amenazando con hablar y fiscales retando a la Policía que no colaboraría con ellos, forma parte de un universo tercermundista que una democracia consolidada no debe aceptar.

Al fiscal Cándido Conde Púmpido no le queda más remedio que hacer una extensa explicación parlamentaria de las frases que públicamente ha pronunciado.

* Periodista, analista político y articulista de elplural.com

Carlos Carnicero*

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