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El blog de Carlos Sosa, director de Canarias Ahora

En Nápoles, cerca de la mafia

Carenzio es igual de pícaro pero con mucha más clase. Su cultura musical, su mecenazgo del Pérez Galdós, de la Ópera de Nápoles, sus contactos en el Vaticano y, según el mismo presume, con la mafia napolitana, le situaron muy pronto en otro nivel social. Siempre fue más discreto que el Zorro Plateado. No frecuentaba lobbys ni se mezclaba fácilmente con empresarios de chicha y nabos con ínfulas de nuevos ricos. Su estilo elegante y culto le permitió ganarse la confianza de muchos empresarios y nobles de alta alcurnia, incluso políticos de postín, algunos de los cuales llegaron a confiarle elevadas sumas de dinero para que las gestionara. A todos explicó que se trataba de comprar inmuebles y luego venderlos obteniendo a cambio pingües plusvalías, todo sin firmar apenas documentos que le comprometieran. El negocio debió ir bien durante un tiempo porque no hubo quejas. Incluso amplió su campo de influencia hacia empresarios ajenos a la alta sociedad, particularmente en el Sur de Gran Canaria y en Tenerife, para lo que empleó a captadores en forma de empleados de banca y algún que otro incauto sin oficio pero con ansias de beneficio. Todo iba bien hasta que algo falló, hasta que Carenzio se desmoronó en lo económico y en lo familiar. Porque también a este napolitano lo denunció su familia por violencia machista, y recibió condena. Pero, a diferencia de lo que le ocurrió al Zorro, la esposa de Carencio sigue a su lado. No en vano también ha sido denunciada por firmar cheques y pagarés que jamás pudieron ser cobrados. No en vano era ella la que en ocasiones recibía el dinero de los inversores. Carenzio también lanza amenazas a quienes le dañan en este momento tan bajo de su trayectoria vital, incluido también algún que otro periodista. Cuando vuelva de Nápoles les contaremos más cosas.

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