400.000 políticos que son 73.000
Estos meses asistimos a una feroz campaña contra las instituciones democráticas, formadas por personas elegidas por los ciudadanos, y atendidas por otras personas que se ocupan de su funcionamiento, los funcionarios. La derecha ha decidido situar gran parte de la responsabilidad del déficit público en el número de representantes ciudadanos y en el trabajo de los funcionarios. Y la derecha sin privarse lo más mínimo, por supuesto. Han llegado a publicar que en España hay más de 400.000 políticos, una cantidad fijada por un equipo de chupatintas de La Moncloa, del clan de la mamandurria, que decidió sumar peras con manzanas, cargos electos (73.000) con personal de confianza, delegados sindicales liberados y otros asimilados hasta completar esa mágica cifra que tanto indigna (comprensiblemente de ser cierta) a la opinión pública. Pero resulta una falacia porque de los miles de concejales que hay en España, la inmensa mayoría ni siquiera cobra un salario y dedica parte de su tiempo libre a sus tareas en su ayuntamiento. No es justo en absoluto generalizar, ni pregonar a los cuatro vientos que los problemas del déficit público se acaban reduciendo cargos políticos, y de abajo a arriba, es decir, removiendo la representación ciudadana desde ese concejal independiente que se presenta por una formación local que sirve de contrapeso al cacique tradicional del pueblo. No, ese concejal no sobra, primero porque generalmente no cobra sueldo alguno, y segundo porque representa el pluralismo político, que es lo que estorba en estos momentos a los poderosos para que se imponga el pensamiento único de los mercados. Lo que sobra es la mamandurria, es cierto, pero no los políticos, ni la política, que es a lo que se refería con sus declaraciones la lideresa Esperanza Aguirre, la presidenta de Madrid, que ayer lanzó esa nueva soflama. Ella sí que ha mamado (en la acepción de aprender por cercana experiencia) mucha mamandurria a su alrededor, dentro de su propio partido, constantemente dentro de su propio partido. Y ya el olor a basura parece haberle obligado a decir basta. Nunca es tarde cuando la dicha llega.
Sobre este blog
El blog de Carlos Sosa, director de Canarias Ahora