Una empresa española estudia enviar al espacio desde Canarias cohetes reutilizables

Raúl Verdú (izq) y Raúl Torres (dcha) junto al cohete ARION1 a tamaño real

Iago Otero Paz

Las Palmas de Gran Canaria —

PLD Space es una empresa española surgida en 2011 que tiene como objetivo desarrollar una familia de cohetes que presten servicios comerciales de lanzamiento al espacio para vuelos suborbitales así como para poner en órbita pequeños satélites. En estos cuatro años han logrado desarrollar la parte más crítica del futuro cohete, los motores de combustible líquidos, que son una nueva tecnología que no se había evolucionado antes en España.

“El objetivo principal de la empresa cuando la constituimos era demostrar que una empresa tan pequeñita como la nuestra era capaz de desarrollar este tipo de tecnología”, explica Raúl Torres, uno de los cofundadores junto a su tocayo Raúl Verdú. En junio del pasado año esta compañía de seis trabajadores logró, en su banco de pruebas en el Aeropuerto de Teruel, hacer unos exitosos tests del motor-cohete de combustible líquido. En la instalación aragonesa tienen planeado realizar todas las pruebas en estático tanto de los propulsores como del primer cohete.

Y es que, PLD Space tiene ideado dos cohetes, el ARION1 y el ARION2. Por el momento han desarrollado la primera versión de este motor-cohete de combustible líquido, aunque para conseguir una versión de vuelo necesitan otras dos. “Con toda la información que hemos sacado con los ensayos hechos con esa primera versión estamos diseñando la nueva. Creemos que para mediados de este año comenzaremos las pruebas de esa nueva versión, que es un motor mejorado sobre el que ya hemos hecho pruebas, y eso continuará la fase de ensayos y de calificación de vuelos hasta más o menos mediados de 2018 cuando ya se haga el lanzamiento del cohete completo”.

De este modo, dentro de dos años esperan que el ARION1 sea una realidad, pero para ello necesitan una ronda de inversión de diez millones de euros que les permitiría, además, contratar a más de 30 personas. Torres recalca que le gustaría que este capital fuera todo de origen español y que sirva para apoyar al talento del país ya que, desde su punto de vista, en España hay “gente muy buena” para el desarrollo de tecnología aeroespacial. Este ingeniero aeronáutico y biólogo, que no llega a los 30 años, apunta que este primer producto mide 10 metros de longitud y 0,6 metros de diámetro y permitiría llevar hasta el espacio, a una altura de 250 kilómetros, experimentos científicos y desarrollos tecnológicos.

“El cohete llegaría al espacio y estaría allí arriba entre seis y siete minutos y volvería a la Tierra”, aclara. En este periodo de tiempo se experimentan condiciones de microgravedad e ingravidez y se pueden exponer experimentos científicos y desarrollar nuevas tecnologías en un ambiente que en la Tierra no existen. ¿Y quién demanda estos experimentos científicos? Torres señala que casi todas las universidades tecnológicas de Europa muestran interés en probar sus estudios en el espacio y pone como ejemplo que desde la década de los 80 hasta el 2012 se han generado unas 600 patentes en condiciones de ingravidez, de las cuales más del 50% son de los últimos diez años. “Cada vez hay más interés de empresas e instituciones, principalmente centros de investigación y universidades, que quieren desarrollar tecnologías o que quieren hacer investigación científica en el espacio y que a día de hoy sólo se puede canalizar a través de la Agencia Espacial Europea (AEE). Esto tiene un problema, y es que la AEE no puede financiar todas las universidades, centros de investigación y empresas que quieren volar al espacio, por lo que damos una oportunidad privada a esas personas que requieren tener acceso directo a condiciones de ingravidez, que es algo que en la Tierra no se puede simular de ninguna manera”, afirma.

Este ARION1, como ya se ha comentado, es reutilizable, lo que permite reducir los costes del desarrollo del proyecto y también impactaría sobre el precio final al cliente. Y es que, en la actualidad, la gran mayoría de los cohetes han sido desechables, lo que repercute en un mayor precio final. No obstante, Torres insiste que el que estos cohetes tengan más de una vida “no es imprescindible para el éxito del proyecto”.

Con este primer producto también buscan que los ingenieros se formen en una labor específica como es la de construir un cohete desde cero, y por otro lado la de tener experiencia de lanzamiento de un cohete más pequeño. “La tecnología que se utiliza luego sirve para el cohete grande”. De esta manera, cuando prueben la tecnología en el cohete grande, “esta ya ha volado al espacio con lo cual tienes experiencia de vuelo y tecnología que se ha probado en condiciones de vuelo real”.

Por su parte, el ARION2 mediría 20 metros y ofrece la opción de poner en órbita satélites de hasta 150 kilogramos. A diferencia de su hermano, que vuela al espacio y vuelve, este es reutilizable sólo al 70% ya que tiene tres etapas, de las que se recupera una, la primera, que cae a unos 300 kilómetros del punto de lanzamiento. La segunda etapa cuando va al espacio y vuelve a la Tierra cae a 4,000 kilómetros, por lo que ya no es recuperable. En cuanto a la tercera etapa, esta entra en órbita con el satélite y no se puede recuperar.

Lanzamientos desde Canarias

Cuestionado por dónde tienen estudiado instalar su centro de operaciones en caso de que logren comercializar su producto, la primera idea es el Centro de Experimentación de El Arenosillo, en Huelva, único punto de Europa desde el que se realizan lanzamientos y donde en 2015 una universidad neerlandesa envió al espacio un cohete. De todas maneras, Torres sostiene que existe una ventaja en Europa que es lanzarlo lo más posible al sur, hacia el Ecuador, y es aquí donde entrarían en juego las islas Canarias.

“En el futuro, si fuese posible nos gustaría realizar los lanzamientos desde Canarias”, remacha, aunque matiza que por el momento sólo es una idea. “Hemos hecho un estudio en tres vías, a nivel técnico, ¿es posible lanzar desde allí? sí y además es muy beneficioso porque a nivel técnico es más fácil desde el punto de vista de ubicación, Canarias está más o menos a la altura de Cabo Cañaveral en Estados Unidos. Desde el punto de vista geográfico es un buen sitio para lanzar cohetes al espacio. Desde el punto de vista climatológico está muy bien porque durante gran parte del año hace buen tiempo. Además, no tiene por qué efectuarse en tierra firme, existen plataformas petrolíferas o zonas en las que la profundidad del océano es baja en las que se puede crear una plataforma en la que efectuar ese lanzamiento. Realmente existen una seria de ventajas desde el punto de vista técnico que hacen posibles un lanzamiento desde allí”. De hecho, Torres recuerda que en 1997 la empresa norteamericana Orbital Science Corporation puso en órbita, desde Gran Canaria, el satélite Minisat-01, aunque en aquella ocasión se hizo desde el aire empleándose para ello el avión Stargazer.

Este emprendedor hace hincapié en que su proyecto es interesante desde el punto de vista económico para la zona en la que se instale, bien sea Canarias o Huelva, porque llevarían a cabo inversiones en la zona como ya se hizo en Teruel, donde el banco de ensayos costó 400.000 euros y casi todos los contratistas eran de la zona. Cuestionado por las ventajas fiscales de la Islas, reconoce que no las han estudiado al detalle.

En cuanto a la isla que mejor se adapta para esta lanzadera, El Hierro sería el lugar “más interesante” desde el punto de vista técnico aunque son conocedores de que en los años 90 los herreños salieron a la calle para parar el proyecto del INTA que planeaba situar la base de lanzamiento del Capricornio en la Isla del Meridiano. “Nuestro caso es distinto, somos una empresa privada que estamos interesados en dar un servicio comercial”, advierte Torres.

Mientras, en la isla la asociación ecologista Ossinisa alertó hace dos semanas sobre las intenciones de PLD Space. Para Samuel Acosta con esto “se ha abierto una puerta que pensábamos que estaba cerrada”, y aunque entiende que la compañía no tiene objetivos militares porque sólo venden los lanzamientos “lo que va dentro (del cohete) es otra historia, puede ser militar o no”.

Sin embargo, Torres incide en que por el momento no han realizado ninguna solicitud y que “tan sólo es una posibilidad” pero que si existe una ley que dice que la isla está protegida medioambientalmente “y no se puede hacer nada, pues no vamos a hacer nada”. Eso sí, defiende que el cohete cuando despega abandona el lugar del que parte “en menos de diez segundos” y que contamina menos “que un aeropuerto o una autovía” y como muestra de ello pone Cabo Cañaveral, “una de las mayores reservas acuáticas de Estados Unidos donde se lanzan más de 60 cohetes al año”.

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