Y dos huevos moles
Me di cuenta de que era viejo por primera vez al sorprenderme añadiendo a los dígitos que arrastro, muy al estilo Rajoy, lo de “dicho de otra manera: ya he cumplido unos cuantos años” . O sea: una edad en que es inevitable el reblandecimiento que aprovecharon Carlos Sosa y Alexis González para traerme aquí, so pretexto de que 18 años contra corriente en este gremio tienen tela.
Yo estaba ocupado con un postre de huevos moles cuando ellos me pusieron en el aprieto. Y debieron darse cuenta entonces de mis reiteraciones viejunas, porque añadieron enseguida la opción de no hablarle a ustedes, recoger el recordatorio y volver a mi asiento. No sabían que cojo güiros y no se percataron de que calé su compartida esperanza de que escogiera la segunda opción y no les arruinara el acto, de modo que elegí la primera, para fastidiar.
Pero como no soy rencoroso, por comodidad y no por espíritu cristiano, agradezco, a los dos, la ocasión de contarles que la primera lección de Periodismo la recibí en el Colegio, en 3º o 4º de Bachillerato, de cierto entrenador de fútbol que redujo este deporte a cuatro movimientos en la cancha: “vista larga, paso corto, mala intención y brincos al portero”.
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