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Una urna más en Canarias

El trasteo con nada menos que cinco papeletas en cinco urnas puede ser mucho para el cuerpo

Al intento de meter miedo, con la agravante de estupidez palmaria, pertenece la afirmación de Clavijo, de que un Gobierno con Podemos nos convertiría en Venezuela

Casado puede estar cerca del principio del fin y Clavijo, ahora sí, una hora menos

Urna sobre las papeletas en un colegio electoral. EFE

Urna sobre las papeletas en un colegio electoral. EFE

La derecha se ha vuelto loca. Como si barruntara una derrota histórica en las elecciones del domingo 26. Tenía yo preparado un texto pero lo deseché algo más de 48 horas antes del comienzo de la jornada electoral a la vista de la que ha armado el triplete derechoso a cuenta de la toma de posesión de los separatistas catalanes de sus escaños en el Congreso. No sólo metieron ruido y gritaron amenazas de denuncias sin cuento a Meritxell Batet, acabadita de sentarse en la Presidencia de la Cámara. La cosa alcanzó el climax durante la toma de posesión de los separatistas electos diputados en las generales de abril. Insisten por Dios y por España los parlamentarios del triplete derechoso en enviarlos, pobrecitos, a las tinieblas exteriores para dejar claro lo que puede ocurrir si consiguen mandar de nuevo y proyectar una imagen de enérgica defensa de las esencias patrias por las que no pasan los siglos.

Pretenden intimidar a los demonios de la izquierda; aunque, para mí, es con ellos con quien está el Maligno. Porque no pudo ser sino el Diablo el que inspiró al cura de Yecla su llamada a los fieles para que salgan en defensa de los “derechos de Dios”. Cuáles sean esos derechos, nadie lo sabe, pues el Hacedor no los ha desvelado; como tampoco ha condenado las barbaridades cometidas en su nombre. La mentalidad de ese cura es la de quienes crean bulos como que haya colegios en que se incita a las criaturas a masturbarse las unas a las otras y se les empuja a la homosexualidad y no sé cuantas barbaridades más.

A este mismo intento de meter miedo a los electores, con la agravante de palmaria estupidez, pertenece la afirmación del presidente en funciones de Canarias, Fernando Clavijo, de que un Gobierno con Podemos nos convertiría en Venezuela”. Como si no tuviéramos ya bastante con estar a la cola de casi, o sin casi, todo en los cuatro lustros de gobiernos ático-nacionaleros. Pero me apresuro a dejar la cosa canaria para no correr el riesgo de malhumorarme, pues dicen los médicos que no es bueno para el cutis.

Presos políticos o políticos presos

Estaba con lo de Batet, que ha solicitado un informe jurídico del Tribunal Supremo acerca de qué hacer con los presos independentistas catalanes que fueron elegidos diputados. Se les permitió asistir a la primera sesión parlamentaria en la que tomaron posesión y juraron la Constitución en medio del escandalazo a tres voces de Vox-PP-Cs. Gritos, golpeo en las mesas, sonoros pateos, improperios y qué sé yo. Trataron, los muy patriotas, de intimidar a Batet con amenazas de denunciarla y ponerla en la puerta de la calle.

La nueva presidenta del Congreso, ya saben, la mentada Meritxell, envió una carta al juez Manuel Marchena, presidente de la Sala de lo Penal del Supremo. Marchena, recuerden, es grancanario natural de Las Palmas, cosa a tener en cuenta no vaya a ser que domine la peligrosa retranca isleña y adiós Batet que no te aclaras. Pero por suerte para ella su respuesta no pudo ser más clara y terminante: ya el Supremo, recordó, dejó claro en su auto de 14 de mayo que “la Mesa del Congreso era la competente para suspender a los diputados”. La misma Mesa que en el momento de escribir seguía reunida por primera vez en la legislatura que empieza. Por su parte, en el Senado no pasó nada. Le tocó el quinto de los parlamentarios secesionistas electos que tomó posesión sin más problema, según creo.

Por su parte, el miércoles, antes de conocer la solicitud de aclaración de Batet al Supremo, la Fiscalía solicitó al Alto Tribunal que comunicase a las mesas de ambas cámaras “la aplicación inmediata del artículo 384 bis de la ley de Enjuiciamiento Criminal”, o sea, la suspensión de los cuatro diputados y el senador. La cuestión no está, pues, tan clara como se ha pretendido. Se advierte la sospechosa coincidencia del alegato de la Fiscalía y la reclamación y exigencias del mal avenido triplete derechoso. También el deseo paralelo de Batet y Marchena de evitar roces de dos poderes del Estado, el legislativo y  el Judicial.

El caso, por sacarle algún provecho al episodio, es que volvió a poner de manifiesto la importancia de distinguir los sustantivos de los adjetivos y colocar en su sitio: basta cambiarlos de lugar para modificar el sentido de lo que se quiere decir. Porque no es lo mismo “presos políticos” que “políticos presos”. Para los catalanes, los procesados por lo ocurrido cuando el referéndum ilegal son “presos políticos”, pero lo cierto es que participan en las elecciones del Estado que los oprime y que no actuó hace apenas unos meses contra la manifestación catalanista en Madrid. Un poco difícil seguir manteniendo que se trata de un Estado opresor.

Mejor les quedaría si insistieran en la ya larguísima duración de su prisión preventiva que es lo más parecido a privarlos de la presunción de inocencia. Y se nota, en la actitud de la derecha, que ni se le ha pasado por la cabeza explorar la posibilidad evitar el riesgo de que la sangre llegue al río. Hay indicios de que es posible todavía el diálogo para llegar a algo. Aunque si la derecha no quiere ni por nada buscar una solución por la vía de diálogos, también en la parte catalana hay quienes mantiene sensu contrario la misma cerrazón.

El PP nunca ha procurado el diálogo necesario para llegar a algo y en los años de Rajoy cuanto pudo por aventar el problema y sacar de quicio al españolismo anticatalanista, lo que le dio una buena cosecha de votos que se ha ido reduciendo hasta dejar la permanencia al partido de los “populares” casi en veremos. Por el lado separatista, la sola comparación de los resultados electorales muestra que pasaron de la irrelevancia a ser la primera fuerza. Si se cruzan esos resultados con las principales actuaciones del Gobierno central respecto, por ejemplo, al Estatut, se verá claramente que a un amplio sector de la derecha interesaba ponerle a los catalanes la bota sobre el cuello.

Si el PP de Rajoy agravó la cuestión dándole bazas a los separatistas catalanes para que se impusiera a los autonomistas, no le ha ido a la zaga Albert Rivera, partidario de una mayor dureza y de aplicarle a Cataluña el 155 de forma permanente, lo que va, a mi parecer, contra el carácter temporal y excepcional de la suspensión de la autonomía. Rivera se esfuerza en agravar el enfrentamiento para darle caña al Gobierno de Sánchez, al que la derecha considera un traidor dispuesto a lo que sea para satisfacer su ambición. La que no mueve, qué va, a los líderes derechosos que hasta se pelean entre ellos.

En este momento parece que en la pugna quien lo tiene peor es Casado a quien unos malos resultados el 26 puede proporcionarle la oportunidad de optar a batir el récord de licenciaturas obtenidas en menos tiempo. Aunque quizá puede contar con el Ministerio de Universidades que le prometió Rivera si logra él llegar a la Presidencia. Puede estar ahora mismo cerca del principio del fin de su carrera política.     

Caer en picado

No es preciso entrar en los detalles de la política del PP desde 2004, fecha en que Zapatero derrotó inesperadamente a Rajoy, hasta hoy. Fue entonces cuando la derecha cogió la senda del tremendismo y la mentira que la ha traído hasta hoy. De por medio, la operación inteligente de los amos de la derecha al crear Ciudadanos y darle entrada a un político joven destinado sustituir a Rajoy.  

Aquellas elecciones del 2004 las marcó el criminal atentado de la estación de Atocha que el PP y sus medios afines achacaron a ETA con el infame añadido de que el presidente Zapatero tenía un trato con los etarras para alcanzar la Presidencia. Su afán de llegar a La Moncloa, llegaron a decir los más imaginativos, lo determinaba el deseo de vengar  a su abuelo militar fusilado por los franquistas durante la guerra civil. Más o menos lo que dicen ahora de Pedro Sánchez del que presentan sus esfuerzos por ir reduciendo el problema catalán mediante el diálogo como traición a España al pactar con los separatistas catalanes indultos entre otros acuerdos inasumibles. Siempre la mentira y la calumnia por delante.

Ocurrió además con el mismo Zapatero que tanto lo responsabilizaron de la crisis económica iniciada en 2008 que cualquiera podía llegar a creerse que España era una potencia de primera fila gobernada por un hombre con poder e influencia de gran potencia. Hoy diríamos que Trump se queda chico al lado de semejante gallo capaz de poner patas arriba a los enterados de Wall Street y la City. Y la histeria popular la misma del 2004 reforzada con la de Ciudadanos de modo que los más tranquilos de la tripleta son los de Vox.

En cuanto a lo nuestro tentado estuve de sugerir que se aprovechara para traerse alguna de las compañías monstruos que operan en el Canary Wharf, situado en un recodo del Támesis y que debe su nombre a que fue, ya en el siglo XVI, creo, lugar de descarga de los envíos de productos agrarios de las Islas, actividad que mantuvo hasta no hace tanto la Fred Olsen, que acabó de consagrar definitivamente el nombre del lugar. Y no cedo a la tentación de contarles más porque prefiero ocuparme del momento que atraviesa la Unión Europea a la que también afecta la jornada multielectoral del domingo, 26 de mayo.

 El colapso imperial de Europa a votar

El mensuario Le Monde Diplomatique de mayo publica un largo artículo del sociólogo Wolfgang Streek, director emérito del Instituto Max-Planck para el Estudio de las Sociedades. El punto de partida del artículo es la constatación de que “por primera vez desde el Acra Única en 1986, fuerzas políticas conservadoras y nacionalistas poderosas no proponen abandonar Europa sino someterlas a su proyecto. Este desafío se añade al del Brexit y agrava las tensiones en el seno de un conjunto dominado por una Alemania sin proyecto”.

Streeck define a Europa como un imperio neoliberal, un bloque estructurado jerárquicamente de países nominalmente soberanos que tiene en su centro a una Alemania que trata de ocultarse dentro del núcleo duro que forma con Francia. No quiere Alemania que se le atribuya el papel de “unificadora del continente” aunque ese sea su papel y considera que el hecho de esconderse detrás de Francia constituye para el país galo una fuente de poder.

Los valores que legitiman este imperio son los de la democracia liberal, del gobierno constitucional y de la libertad, en definitiva los valores del liberalismo político y advierte de que “envueltos en el mismo papel de regalo se encuentran la libertad de los mercados y la de la competencia, destacadas cuando es oportuno.

a) El papel de la elites.- Conservar las asimetrías imperiales exige, según el autor, acuerdos políticos e institucionales complicados y que los Estados periféricos estén dirigidos por elites para las que los valores del centro sean un modelo a imitar. El mantenimiento en el poder de esas elites resulta esencial para la supervivencia del imperio y como nos enseña la experiencia estadounidense, esta configuración tiene un precio en términos de valores democráticos y de recursos económicos, incluso de vidas humanas.

A veces las elites dirigentes de países pequeños o rezagados en materia de desarrollo buscan un estatus dentro del imperio  y esperan de la dirección imperial ayuda para imponer a sus sociedades proyectos “modernización” que no siempre despiertan el entusiasmo popular. El imperio les proporcionará entonces los medios ideológicos, monetarios o  ideológicos, monetarios y militares para mantener a raya a los partidos de la oposición.

Pero las clases dirigentes tanto del centro como de la periferia pueden cometer errores. Por ejemplo, Alemania y Francia con su  actuación conjunta y con la ayuda del Banco Central Europeo (BCE) no consiguieron mantener en el poder al Gobierno “reformador” de Matteo Renzi enfrentado a la resistencia popular. De la misma manera, Alemania se muestra incapaz de proteger la presidencia de Enmanuel Macron ante la cólera de los “chalecos amarillos” y de otros detractores de su programa de germanización económica. Pero es que el propio país hegemónico, Alemania, escapa a las dificultades y para resolverlas puede necesitar la ayuda de sus países clientes. Aunque no pudiera beneficiarse de ella en 2015 cuando el Gobierno de Angela Merkel trató de resolver la crisis demos sustituyendo el incremento de la inmigración regulada por la implementación del derecho de asilo.

b) Mantener la disciplina imperial.- En todo caso, se suponía la política sería secundada por los demás países. Es decir, que los miembros de la UE seguiría los pasos de Berlín, o sea, apoyaría a Merkel pero no ocurrió así. Ninguno de los Estados miembros “obedecieron” lo que supuso la aparición de una nueva fractura duradera entre el centro y el Este de Europa añadida a la del Reino Unido y a la mediterránea con los países del Sur.

La UE no tiene capacidad de intervención militar en sus países miembros. No puede utilizar la fuerza para impedirles la secesión. Hasta ahora,  la UE ha sido una fuerza de paz, sin embargo, un divorcio británico amistoso habría socavado la disciplina imperial e inducido a otros países críticos a plantear su salida. Pero aún:si e hubiera podido evitarla salida británica con concesiones significativas, otros países hubieran reclamado lo mismo. Para Alemania, los ingleses han sido siempre un remedio frente al estatismo francés al aportar un sano apego a la economía de mercado- El Brexit rompió este equilibrio y Francia, consciente del problema alemán, ha insistido en la adopción de una postura muy firme, sin concesiones al Reino Unido disimulando apenas su objetivo: que los británicos se atengan a su decisión de marcharse.

Es posible que al marcharse hayan cometido los británicos un error histórico: el Brexit hace de Francia la única potencia nuclear en la UE, la única que es, además, miembro permanente del Consejo de Seguridad de la ONU. Una vez Reino Unido fuera del juego, Francia podría aspirar al estatuas de unificadora de Europa presionando a Alemania para que se involucre en un proyecto de Estado europeo al estilo francés. Para los británicos bloquear esta evolución desde el exterior podría resultar más difícil que sabotearla desde dentro.

c) La democracia, talón de Aquiles.- Para Streek el talón de Aquiles del liberalismo es la democracia, como señalaran Hayek y Polanyi. El término adecuado para definir la situación ideal es “liberalismo autoritario”. Un Estado neoliberal debe mostrarse complaciente y débil en su relación con el mercado pero duro en su relación con las fuerzas sociales que exigen una rectificación política del libre juego de los mercados. El liberalismo autoritario fue una doctrina política que se remonta a la república de Weimar y utiliza un Estado fuerte para proteger una economía de libre mercado de los peligros de la democracia política.

En la UE ese liberalismo se ha construido un dispositivo institucional que permite remitir las economías nacionales a instancias internacionales productoras de normas como los consejos ministeriales, las jurisdicciones supranacionales o los bancos centrales. Con estos mecanismos se liberan de las responsabilidades relativas a una soberanía nacional que no quieren o que ya no pueden asumir. Según Peter Ransay, “la UE es un imperio voluntario  compuesto por Estados que niegan su carácter nacional, que niegan que la autoridad del Estado proceda de la Nación política”.

De cuando era “el Mercado Común”

Cuando éramos jóvenes y tan indocumentados como hoy, la Unión Europea se llamaba Mercado Común. Después pasó a ser Comunidad Económica Europea hasta que adoptó su actual denominación. Había nobles razones, como que sirviera para que no volviera a ser escenario de guerra alguna. Creo que desde antes del Imperio Romano a hoy no ha habido un solo siglo sin un buen bagaje de guerras en Europa donde, justamente, se iniciaron las dos terribles contiendas de la primera mitad del siglo XX que devinieron mundiales.  guerras europeas de la primera mitad del siglo XX, devenidas mundiales. Tras la guerra de 1914-1919, la primera mundial, se creó la Liga o Sociedad de Naciones que no impidió la segunda, la que llevó a la creación de la Confederación del Carbón y el Acero (CECA) y del Mercado Común, del que quedó excluida la España franquista por no ser una democracia liberal. Algo bastante hipócrita pero la política, ya se sabe.

Mucho podría decirse de todo esto pero lo que aquí interesa es que para la generación nacida en los años 40, la que comenzó a gallear a los 50 y entró en el mester de rojería en los 60 el Mercado Común era  puerto de llegada a la democracia. Más adelante comenzó a vestir mucho referirse a la Comunidad como la “Europa de los mercaderes” en plan enterados de la caja del agua en lo que iniciábamos, los que nos dedicamos al periodismo, la utilización del Mercado Común para hablar de economía y cosas así para escribir de democracia, de elecciones en los países democráticos y demás. Se hablaba de Economía pero los lectores iniciados en aquellos menesteres traducían los escritos en términos políticos.

No podíamos saber en cuanta medida la destreza que muchos adquirieron en la escritura de una cosa para referirse a otra fue preparando el terreno para que muchos años después Adolfo Suárez saliera explicara en TVE la legalización del Partido Comunista de España para hacer normal en la vida política lo que era ya normal en la calle. Aquella iniciativa fue el clarinetazo que convenció a muchos escépticos de que el cambio, la que luego se llamaría Transición, iba en serio.

Lo único que no cambió fue la escasa estimación de la izquierda, no de toda, por la “Europa de los mercaderes”. Y es curioso y espero que no sea atinado barrunto ver a algunos izquierdosos de entonces defender ahora a la UE, convencidos de que su buena salud garantiza la democracia, aunque sea la liberal despreciada. Será porque ya no está el cuerpo para correr delante de los ya desaparecidos “grises”.

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