Un esguince espiritual

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Me encuentro a un amigo en la calle y veo que cojea, mi amigo, católico devoto, nada que objetar, al contrario, me dice que se hizo un esguince espiritual siguiendo la visita del Papa León. No es extraño lesionarse en esta ultramaratón católica, en esta supertransvulcania espiritual, lo comprendo perfectamente en este apasionante raid del Papa por todas las Españas, las centrípetas, las centrífugas y las ultraperiféricas, en medio del fervor, o al menos de la aceptación de todos, los católicos practicantes, los católicos de pascuas en ramos, los que sólo se acuerdan de Santa Bárbara cuando truena, los agnósticos, los new age que van quedando, los creyentes por si acaso, los ateos confesos, los ateos pero no demasiado, los que arriman el ascua a su sardina y los que se apuntan hasta un bombardeo. Si la religión se cotizara en Bolsa las acciones vaticanas estarían subiendo más que las del SpaceX de Elon Musk y perdóneseme la frivolidad de la comparación. Yo por si acaso y por lo que pueda pasar tengo en casa todas las escrituras, varias Biblias, el Corán, el Bhagavad Gita, los Sutras Budistas, el Popol Vuh maya etc., más o menos como Ghandi, aunque la verdad de pacifista tengo poco porque la moda europea del momento es que para ser pacifista hay que estar armado hasta los dientes y ando un poco corto de artes marciales así que mi aspiración más profunda es que en el Mas Allá me dejen tranquilo, a ser posible, que tampoco nos vamos a poner ahora con exigencias.

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