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San Miguel, símbolo y protector de La Palma

2 de septiembre de 2026 20:49 h (Hora canaria)

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Escudo de San Miguel del Puerto en la Real Sociedad Cosmológica.

1.- Los escudos de San Miguel en la Real Sociedad Cosmológica

En el primer y más antiguo museo de la ciudad, la magnífica Real Sociedad Cosmológica, se conserva una numerosa colección de escudos que constituye un precioso muestrario de la heráldica de La Palma. En ella encontramos piedras armeras, piezas de madera tallada y policromada, pinturas sobre tabla y mármol: un amplio repertorio de materiales que, a lo largo del tiempo, sirvieron como soporte para representar motivos heráldicos.

Estos escudos estuvieron antiguamente colocados en fortificaciones, conventos hoy desaparecidos y numerosas casas solariegas de la Isla. Entre ellos destacan tres blasones relacionados con la antigua torre de San Miguel del Puerto, en la capital palmera: los escudos en piedra caliza del primer adelantado, Alonso Fernández de Lugo; el escudo real, bastante deteriorado por el paso del tiempo; y el dedicado al santo Arcángel San Miguel, considerado el jefe de la milicia celestial y representado en su lucha contra el dragón.

Los tres escudos adornaban los muros de la desaparecida torre de San Miguel del Puerto. En el escudo real pueden distinguirse claramente los diferentes cuarteles de las armas de la Corona. Otro de los relieves representa la lucha del Arcángel San Miguel contra el dragón, mientras que el tercero presenta una interpretación más problemática. Los tres han sido estudiados profundamente por investigadores como Gómez Pamo y Guerra del Río, entre otros, y todo apunta a que formaban parte de la decoración original de aquella fortaleza. Así lo confirman también los dibujos y pinturas que han llegado hasta nuestros días y que permiten conocer, al menos parcialmente, el aspecto que tuvo aquel conjunto.

De todas las fortificaciones con las que contó Santa Cruz de La Palma, dos estuvieron bajo la advocación del Arcángel San Miguel. Su figura ocupó un lugar destacado en la ciudad, no solamente como defensor de las puertas de los templos, sino también como protector y vigía de sus torres y fortificaciones.

San Miguel —cuyo nombre significa «¿Quién como Dios?»— era y continúa siendo el más popular de los arcángeles. Es presentado como guerrero, caballero, archiestratega y condestable de las milicias celestiales. Según la tradición cristiana, es quien dirige el combate contra los ángeles rebeldes y los arroja al abismo. En el Apocalipsis aparece también luchando contra el dragón de siete cabezas y salvando a la mujer que acaba de dar a luz, símbolo de la Virgen y de la Iglesia.

La Iglesia romana lo considera su defensor. Es, además, el santo psicopompo, es decir, el encargado de conducir a los muertos y acompañar sus almas en el momento del Juicio. Por ello es protector de la Iglesia y se le invoca especialmente ante las tentaciones y en la hora de la muerte.

La torre de San Miguel sufrió diversas transformaciones a lo largo de su historia y llegó a mantenerse en pie hasta el siglo pasado. Sabemos que tenía una única entrada por su lado sur. Sobre aquella puerta se encontraba un gran escudo de España, tallado en piedra caliza, mientras que en otros frentes de la torre podían verse el blasón de la Isla y otros escudos pertenecientes a particulares.

Esta fortaleza fue la más antigua construida en la ciudad. Se levantaba junto a la plaza o desembarcadero situado en la zona donde, posteriormente, se construiría el muelle proyectado por Leonardo Torriani, el ingeniero italiano enviado a Canarias por el rey Felipe II en 1584. Por sus características y antigüedad, se considera también una de las construcciones militares más antiguas de todo el archipiélago canario. El historiador Rumeu sitúa su construcción en los primeros años del siglo XVI.

No se conserva ninguna referencia al privilegio de concesión de armas a favor de la isla de San Miguel de La Palma. Sin embargo, el propio nombre de la isla está estrechamente relacionado con el patronazgo que, desde la conquista, se atribuyó al Arcángel San Miguel. Esta relación tuvo también su reflejo en la heráldica insular.

Escudo de San Miguel del Puerto en la Real Sociedad Cosmológica.

2.- San Miguel y la conquista de La Palma

Según relata Viera y Clavijo, el general Alonso Fernández de Lugo habría desembarcado en La Palma el 29 de septiembre, día dedicado a San Miguel, y habría dedicado una capilla al Arcángel como símbolo de los nuevos valores religiosos introducidos por los conquistadores.

Sin embargo, otros historiadores consideran que la fecha del 29 de septiembre debe entenderse como una convención historiográfica vinculada a la tradición romana, ya que no coincidiría con la fecha real del desembarco de las tropas de Lugo en la isla para iniciar su conquista. El Diccionario Geográfico de Echar llega incluso a señalar el año 1486, mientras que la Historia Eclesiástica del padre Fabra confirma 1495. A pesar de estas diferencias, la mayoría de los historiadores han repetido tradicionalmente el mismo día y mes para situar la entrada de las tropas de Lugo en La Palma.

En este contexto, los conquistadores podían presentarse como «el pueblo de Dios» y, por tanto, como personas ayudadas y protegidas por San Miguel. Esta interpretación servía para dar un sentido religioso a la empresa conquistadora y para presentar su éxito como una misión respaldada por el Todopoderoso.

No debemos olvidar que el santo alado era también considerado guardián del pueblo hebreo. Además, la ideología franciscana —una orden muy próxima al conquistador— defendía una concepción mesiánica de la cristianización y de la conquista, inspirada en determinados relatos del Antiguo Testamento, como ha señalado Martín Rodríguez.

Por esta razón, Alonso Fernández de Lugo mantuvo una especial devoción por el santo guerrero y repitió su advocación en diferentes fundaciones y lugares. De este modo quería agradecer los milagros que, según él, San Miguel había realizado en su favor.

Entre estas fundaciones podemos recordar la ermita de San Miguel de Tazacorte y la que también mandó construir en la capital palmera, que posteriormente se convertiría en un cenobio dominico, conocido como San Miguel de las Victorias. A ellas se sumó la propia fortaleza de San Miguel, levantada en la ciudad.

Durante todo el siglo XVI, la Isla utilizó el nombre de «Señor San Miguel de La Palma», reconociendo al Arcángel como abogado y patrón. Su presencia quedó reflejada en numerosos elementos y lugares representativos de la Isla: el Pendón Real, los sellos, el edificio del antiguo Cabildo, la muralla norte, los escudos, las obras religiosas y las fortalezas.

La importancia que llegó a adquirir esta advocación fue tal que Leonardo Torriani denominó a la capital Cittá de San Michele, es decir, «Ciudad de San Miguel».

Este santo guerrero, defensor de la honra de Dios, era también para Alonso Fernández de Lugo su protector personal. El propio conquistador dejó constancia de ello en su testamento de 1525, donde afirmó que «toda mi vida tuve por especial abogado y entervenidor» al Arcángel.

La representación artística de San Miguel fue cambiando con el paso de los siglos. Durante el románico y los primeros tiempos del gótico se le representaba con una túnica larga, ceñida a la cintura, o con una dalmática. A partir del siglo XIV comenzó a aparecer vestido como un guerrero, con la armadura propia de la época, de manera parecida a San Jorge. La principal diferencia entre ambos era la presencia de las alas de San Miguel.

Poco después empezó a representársele con la coraza de un cruzado y, desde el Renacimiento, se hizo más habitual representarlo con la indumentaria de un general romano. Sobre la cabeza podía llevar una diadema o una corona.

Entre sus atributos más habituales se encuentran un largo bastón terminado en cruz —durante el gótico acompañado en ocasiones por una pequeña bandera con la misma cruz—, una lanza y, desde el Renacimiento, una espada. También aparecen las balanzas y uno o varios demonios.

En las representaciones más antiguas, San Miguel tenía la misión de pesar las almas. Estas aparecían representadas en forma humana dentro de los platillos de una balanza, mientras el demonio intentaba alterar su peso para arrebatárselas. Con el paso del tiempo, esta función fue perdiendo protagonismo y se impuso la imagen de Miguel como guerrero que, armado con una lanza o una espada, combate directamente contra el demonio, situado bajo sus pies.

El demonio suele representarse de color negro y cubierto de pelo. Su aspecto recuerda en ocasiones al de un ser humano, aunque también puede adoptar la forma de un dragón u otro animal fantástico, con alas de murciélago. Esta última representación es especialmente importante en el caso del escudo de San Miguel de La Palma.

Torre de San Miguel del Puerto.

3.- El escudo de San Miguel: una imagen de la lucha entre el Bien y el Mal

Volviendo a la fortaleza de San Miguel, el escudo real que se encontraba en su torre se corresponde con el modelo utilizado por la reina doña Juana y por Carlos I antes de su elección como emperador en 1519.

La laude o relieve que representa a San Miguel sobre la puerta del cuerpo de guardia parece aludir directamente a las armas de la Isla de San Miguel de La Palma. En cuanto al tercer escudo, situado en la pared que daba hacia la plazoleta del muelle, Sánchez Rodríguez considera que pertenecía a un «particular». Martín Rodríguez, por su parte, sostiene que podría tratarse del escudo del gobernador Fonseca.

Aunque son obras de factura más bien mediocre desde el punto de vista artístico, poseen un enorme interés histórico e iconográfico. Son, además, piezas que han logrado sobrevivir al paso del tiempo y que todavía pueden contemplarse, como hemos señalado, en la Real Sociedad Cosmológica.

El escudo de San Miguel es, sin duda, la pieza principal del blasón insular palmero. Se trata de un medio relieve realizado en piedra caliza, de aproximadamente 100 por 75 centímetros.

En él aparece el Arcángel protegido por una armadura completa, símbolo característico de los santos militares. La armadura cubre sus brazos, el tronco y las piernas. En la mano izquierda sostiene un escudo circular, mientras que con la derecha empuña una lanza con la que atraviesa al ser infernal que se encuentra bajo sus pies, representado en plena contorsión.

La figura del dragón, símbolo tradicional del demonio y de la idolatría, resulta hoy algo difícil de distinguir con precisión debido al deterioro de la piedra. Uno de sus elementos más llamativos es la cola, que aparece enrollada en forma de espiral alrededor de la espada que San Miguel lleva envainada en la cintura.

La lanza es muy fina y termina en una cruz abanderada, un elemento simbólico característico de las representaciones góticas. Sobre la cabeza del Arcángel aparece una diadema, semejante a la que llevan las santas vírgenes y otros arcángeles. La diadema está rematada en su parte anterior y superior por una pequeña cruz.

En la parte superior del relieve, hacia la derecha del observador, aparece una palmera abierta. Su presencia no es casual: hace referencia directa al patronazgo de San Miguel sobre la Isla de La Palma.

Es probable que en esta representación el Arcángel fuera entendido como un verdadero «estandarte de la cruzada». La imagen respondería así a la voluntad político-militar de presentar la conquista como un triunfo espiritual y como una misión respaldada por la divinidad. De esta manera se podía dar una justificación religiosa a la empresa conquistadora y ocultar o suavizar hechos como la violencia ejercida, el derramamiento de sangre o el incumplimiento de los pactos establecidos con los habitantes aborígenes de Benahoare.

Según algunos documentos regios estudiados por Martín Sánchez, la presencia de San Miguel podría incluso haber sido impuesta por los Reyes como respuesta a una intensa estrategia de persuasión psicológica.

Para Lorenzo Rodríguez no existe duda de que este castillo dedicado a San Miguel fue la primera fortaleza con la que contó la Isla. Sin embargo, no se atreve a establecer con exactitud cuándo fue construido, ya que su fábrica era anterior a 1553, año en que los franceses incendiaron los archivos de la ciudad.

Recreación de la Torre de San Miguel del Puerto.

Precisamente en 1553 La Palma sufrió uno de los ataques más importantes de su historia. Una armada francesa, al mando del temible corsario François Leclerc, conocido como «Pie de Palo», atacó la capital y provocó importantes daños. Entre las consecuencias de aquel ataque estuvo la destrucción de buena parte de la documentación histórica.

Rumeu considera que las obras de restauración de la fortaleza ya estaban terminadas el 13 de agosto de 1554, exactamente un año después del ataque.

El hecho de que el escudo estuviera situado originalmente muy cerca del mar explica, al menos en parte, su estado actual. La pieza parece haber sido realizada antes de 1553 y, durante siglos, estuvo expuesta a la acción del viento, la humedad y la salinidad. Por ello, el relieve se encuentra muy desgastado y apenas permite distinguir con precisión todos los elementos formales que componían esta importante reliquia histórica.

Probablemente nos encontramos ante la primera representación psicomáquica de San Miguel en la Isla. No debemos olvidar que la torre se levantó durante las primeras décadas del siglo XVI y que las imágenes de San Miguel de origen flamenco que conocemos son algo posteriores, como ha señalado Martín Sánchez, y otros eruditos.

El mismo investigador destaca que en la Torre del Puerto se quiso poner un especial énfasis en la advocación del Arcángel. Para ello se colocó un relieve sobre piedra en el que se representaba la lucha de Miguel contra el Dragón: una imagen de la lucha constante entre las fuerzas del Bien y del Mal.

San Miguel aparece así como jefe de las huestes celestiales, defensor frente al Maligno y símbolo de una victoria espiritual completa. Y precisamente bajo su protección se colocó aquella fábrica defensiva, la famosa y antiquísima torre que vigilaba el puerto de Santa Cruz de La Palma.

De este modo, el relieve de San Miguel no era solamente un elemento decorativo. Su presencia tenía un profundo significado religioso, político y militar. El Arcángel protegía simbólicamente la fortaleza y, al mismo tiempo, representaba la idea del enfrentamiento entre las fuerzas divinas y malignas, en la que la victoria final correspondía a las primeras.

Por eso, aquel escudo, aunque hoy se encuentre deteriorado y haya perdido buena parte de sus detalles, sigue siendo mucho más que una pieza de piedra. Es el testimonio de una época en la que religión, conquista, poder, identidad y defensa de la ciudad estaban profundamente unidos. Y es también la representación más antigua de San Miguel conservada en La Palma, testimonio de su historia y de su tradición

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