Dulcería La Palmera, ‘El Mono’: mucho más que una dulcería

0

Publicidad de la dulcería 'La Palmera en el periódico La Voz en la Bajada de la Virgen año 2000.

Hablar de la dulcería El Mono, no es solo hablar de su historia, va muchos más allá que todo eso, marcó un antes y un después para toda la gente de Santa Cruz de La Palma, allí se hacía vida social, te informabas de todo lo acontecido en la isla. Fútbol, baloncesto, política, todo tenía cabida en aquel pequeño local.

Los sábados era obligado pasar por La Palmera y allí permanecíamos hasta la hora del cine, por entonces Cine Alameda donde las pipas Churruca o aquellos relojes de caramelo era lo más que un niño de los años 80 podía aspirar con 30 céntimos.

Ya uno iba creciendo y las aspiraciones iban cambiando, pero no los gustos, estos se mantenían. Sentarnos a reír en aquel escalón de Eléctrica Feliciano y ver pasar las chicas camino del césped con aspiración de que alguna te mirara era lo más lejos que podías llegar.

Detrás del negocio se encontraba una familia entregada por completo a su oficio. Jaime era el encargado de elaborar los dulces de manera artesanal, manteniendo recetas y métodos tradicionales que habían pasado de generación en generación. Mientras tanto, Javi atendía el mostrador con cercanía y simpatía, convirtiendo cada visita en una conversación familiar. Su hermana Conchi colaboraba igualmente en la tienda, formando entre los tres un equipo inseparable que hizo de la dulcería un lugar entrañable.

Los clientes acudían diariamente atraídos por especialidades que hoy forman parte de la memoria gastronómica de la ‘Suidá’. Entre las más recordadas estaban las famosas pachangas, que muchos acompañaban con un Clipper de naranja o de fresa. Tampoco faltaban los apreciados petisús, los marquesotes bañados en azúcar o los delicados tocinitos de cielo. Sin olvidarnos de aquellas máquinas que hacían granizada y que sus aspas te mantenían en vilo mientras giraban, nunca entendí cómo aquel tornillo de Arquímedes nunca se acababa. (Aquí dejo un paréntesis para que cuando tengas el bien de leer esto añadas aquellos productos que hoy recuerdas con nostalgia).

Pero si algo distinguió siempre a La Palmera no fueron únicamente sus dulces, sino el trato humano de quienes estaban al frente. La amabilidad, la cercanía y la alegría con la que atendían hicieron que muchos clientes acabaran sintiéndose parte de una gran familia. En una época en la que los comercios tradicionales eran lugares de encuentro, La Palmera representó como pocos ese espíritu.

La historia del establecimiento también refleja los cambios económicos sufridos por el comercio tradicional en las últimas décadas. El progresivo aumento de los alquileres en la Calle Real obligó a trasladar la dulcería a la calle Trasera. Sin embargo, la subida de los alquileres, el incremento de los costes de producción y la competencia desigual de las grandes superficies, terminaron haciendo imposible la supervivencia de un negocio artesanal cuya calidad y cercanía habían sido su principal seña de identidad durante cerca de ochenta años

Cuando La Palmera cerró definitivamente sus puertas en 2019, desapareció uno de los comercios históricos más queridos de Santa Cruz de La Palma. Pero lo que nunca desapareció fueron quienes lo hicieron posible.

Etiquetas
stats