La FIFA vuelve a mandar a la grada a niños africanos: “No pierdo un entreno, pero no me dejan jugar”

Adú (nombre ficticio para preservar la identidad del menor) en el campo de fútbol donde entrena.

Cristina Magdaleno / Efe

0

Cada semana se repite la misma escena: Adú, de 12 años, se ata las botas, entrena como uno más en su club de fútbol del norte de Tenerife, pero cuando llega el domingo, se queda en la grada porque no le dejan jugar. Es verdad que le pasa a otros niños de su equipo, pero solo a los africanos.

Adú ha optado ya por quedarse en casa los días de partido, porque ir a ver a sus compañeros jugar mientras él no puede ya resulta demasiado doloroso. Todo ello, por una normativa de la FIFA que en su día se pensó para proteger a los niños de los abusos de determinados clubes profesionales, pero que no casa con la realidad de los menores que han llegado a España en cayuco.

Es lo que relatan a EFE Ana y Eduardo, la familia de acogida en Canarias de Adú, un niño camerunés cuya nombre real prefieren preservar. Esta pareja tinerfeña lleva intentando desde septiembre del año pasado que la ficha del niño sea aceptada, y explicarle a él y sus compañeros por qué no puede jugar es lo más difícil.

No basta con decir que es un problema de papeles o de normativa internacional, pues para un niño, y para los que lo ven entrenar todos los días, la explicación acaba pareciendo otra: la normativa impacta sobre todo en los menores africanos en situación de acogida o tutelados por la administración pública.

Una carta a los “señores de la FIFA”

Cansado de no poder jugar, Adú ha enviado una carta a la FIFA, similar a la que otro niño, Souleymane, envió hace ya tres años y que en su momento desbloqueó la situación para cientos de chavales.

“A los señores de la FIFA: Hola, soy un niño africano de 12 años. Llevo dos años con mi nueva familia de acogida. Estoy muy contento en casa, con mis amigos y mi cole. Me gusta mucho el fútbol, no me pierdo ningún entreno, pero por ser de otro país no me dejan jugar”, expresa el niño.

“No quiero ir a ver a mis compañeros porque me pongo triste, me desconsuelo y prefiero quedarme en casa. Todos me preguntan que cuándo podré jugar y yo no lo sé, y nadie lo sabe. Yo solo quiero jugar y divertirme igual que los otros niños”, concluye Adú.

Pese a que el problema parecía haberse resuelto en 2023, decenas de menores tutelados por el Gobierno canario se han vuelto a ver en la misma encrucijada y la única solución que da la FIFA para poder jugar es cursar una petición de asilo, una situación que no necesariamente se adapta a las circunstancias de todos, por lo que el proceso se ha convertido en una cadena interminable de requisitos.

Atolladero normativo

La familia de acogida de Adú ha entregado todos los documentos solicitados por el club y la Federación Tinerfeña, pero cada trámite suele desembocar en una nueva exigencia que acaba topándose con la normativa internacional de la FIFA sobre traspaso de menores extranjeros, que bloquea su ficha.

Este atolladero impide en muchos casos que menores extranjeros obtengan licencia si no cumplen determinados requisitos administrativos o de residencia, incluso cuando se trata de niños tutelados por la administración y al margen del fútbol profesional.

En Canarias, clubes y familias se ven forzados a denunciar otra vez que la normativa se está volviendo a aplicar a menores migrantes que solo quieren jugar en equipos de barrio, algo muy distinto del supuesto que pretendía regular la FIFA.

“En tres años ha jugado tres amistosos y habrá entrenado unas 250 veces”, resume Eduardo, su padre de acogida, que añade que han intentado que practique otros deportes, como baloncesto o atletismo. “Pero lo que le gusta es el fútbol”, remata.

Adú, con sus padres de acogida, en el campo en el que entrena.

Válvula de escape y vía de integración social

Este deporte es para el niño mucho más que una actividad deportiva, es “su válvula de escape”, resalta Eduardo.

“Cuando llega a casa, si tiene diez minutos libres, busca un balón. Si no puede jugar, mira vídeos de fútbol. Y en el colegio aprovecha los recreos para jugar con sus compañeros”, apunta su familia canaria.

Sin embargo, los partidos del fin de semana se han convertido en el momento más difícil. Al principio acudía a animar al equipo, pero con el tiempo ha preferido no ir.

“Ve a sus compañeros jugar, él entrena siempre y no puede competir. Al final prefiere quedarse en casa y luego preguntar el resultado”, cuenta su familia.

La situación tampoco pasa desapercibida para el resto del equipo, que desea poder ver en los partidos lo que Adú muestra en los entrenamientos: mucha rapidez, ganas y goles, por lo que las familias, entrenadores y compañeros preguntan cada semana si ya va a poder jugar: “La pregunta de todos los días es: ¿ya tienes ficha?”.

El problema no afecta solo a Adú. En su club hay varios menores africanos más en iguales circunstancias. Para los equipos también genera dificultades, porque cuentan con niños que entrenan, pero no pueden competir en las ligas oficiales, y muchas veces acaban subiendo a chavales de categorías inferiores por falta de jugadores, una situación absurda.

No son operaciones deportivas, sino menores protegidos

El caso refleja una paradoja que denuncian clubes y familias, pues la norma termina afectando a menores migrantes que utilizan el fútbol como vía de integración social, como ha defendido recientemente el Gobierno de Canarias, que pide que estos niños, muchos de ellos bajo su tutela, puedan jugar en igualdad de condiciones al entender que no se trata de fichajes ni operaciones deportivas, sino de menores protegidos.

Mientras se buscan soluciones, Adú sigue haciendo lo mismo cada semana, que no es otra cosa que ponerse las botas y entrenar con sus amigos, pero su familia ya evita hacer promesas sobre cuándo podrá jugar un partido oficial.

“No queremos decirle que la semana que viene podrá jugar y que luego pasen otros tres meses”, señalan Eduardo y Ana, que admiten que el niño en todo este tiempo les ha dado “una clase de tolerancia a la frustración”.

Sí tienen muy claro lo que ocurrirá cuando ese día llegue y Adú pueda debutar en partido oficial como delantero de su club: “Será una fiesta y dará igual el resultado. Lo importante será que por fin pueda salir al campo como cualquier otro niño”, concluyen. 

Etiquetas
stats