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Ante “las malas condiciones de vida” en las que consideran que se encuentran las personas, en su mayoría marroquíes y senegaleses, que han llegado en cayuco en Canarias y han sido derivadas al campamento de Las Raíces, en Tenerife, grupos de voluntarios se han unido para crear una enfermería, una peluquería y una escuela solidaria.

La convivencia de más de 1.000 personas y la escasez de comida convierten en una bomba de relojería al campamento tinerfeño de Las Raíces

La convivencia de más de 1.000 personas y la escasez de comida convierten en una bomba de relojería al campamento tinerfeño de Las Raíces

A las afueras del campamento, instalado por el Gobierno español en un antiguo cuartel militar en una de las zonas más húmedas de Tenerife y criticado por el frío, la escasez de comida y las peleas, se han instalado diferentes servicios gratuitos y gestionados por voluntarios anónimos para tratar de ayudar a los inmigrantes.

Una enfermería bajo una lona

Rocío, una enfermera de 24 años, fue de las primeras en llegar a prestar ayuda, según relata en una entrevista a Efe. La joven acudió por primera vez el 17 febrero, doce días después de que empezase a funcionar el campamento, a llevar abrigo y comida y, en ese momento, se percató de que su ayuda podía ser mayor.

“Cuando dije que era enfermera me empezaron a llamar”, afirma Rocío, quien poco podía hacer en mitad de un bosque y sin más recursos que sus propias manos, pero se decidió a tratar de curar a personas, la gran mayoría jóvenes y sin patologías previas, con heridas infectadas, pérdida de audición por infección de oído, rodillas inflamadas o dolores de muela mal controlados, entre otras afecciones.

Por cuenta propia decidió hacerse con un botiquín y regresar al día siguiente a Las Raíces, donde estableció su “hospital de campaña” a las puertas del macrocampamento, uno de los dos que hay en Tenerife, y donde han trasladado hasta el lunes a 1.289 inmigrantes, según datos del Ministerio de Migraciones.

Poco tardaron en unirse a su equipo más enfermeros, médicos y farmacéuticos que atienden todos los días entre 50 y 70 personas en horario de tres de la tarde a nueve de la noche, aunque si es necesario y disponen de tiempo también tratan de ver pacientes por la mañana.

La mayoría de ellos acuden a este hospital solidario porque sienten que dentro del campamento oficial no son tratados de forma adecuada, denuncia Rocío, quien critica la escasez de personal sanitario dentro del campamento, que no se les de la medicación que precisan en algunos casos y que en ocasiones no sea fácil acceder a un médico.

Por ello, cree que su presencia y la de sus compañeros es importante, aunque le gustaría “que todo funcionase y no tener que estar aquí” atendiendo no solo al medio centenar de personas que han decidido irse del campamento para denunciar sus malas condiciones y han acampado a las afueras, sino también a muchos de los que están dentro.

Sin apenas medios, con inversión propia y donaciones particulares para hacerse con material para curas, Rocío, desde su “humilde” caseta, cura a personas con problemas derivados “de las penosas condiciones en las que están”.

Problemas intestinales ocasionados, según cuentan los inmigrantes, por alimentos en mal estado, resfriados por la humedad y falta de abrigo, dolores musculares por un mal descanso, ansiedad, cefaleas e insomnio por un futuro incierto... son algunas de las afecciones más recurrentes, aunque también hay otras que son mucho más graves, como personas con sangre en la orina o con fiebres muy altas compatibles con COVID-19 o con estar en un lugar frío día y noche sin el abrigo suficiente.

La solución para Rocío es fácil, pide que contraten a más personal sanitario dentro del campamento al mismo ritmo que aumenta su población, ya que su presencia a las afueras del recinto evidencia que, si ellos no estuvieran, “muchas personas lo pasarían realmente mal”.

“La escuelita de Las Raíces”

Así reza anunciada la escuela en la típica pizarra de un bar. Aquí aprenden a hacer preguntas básicas pero esenciales como: ¿Cómo te llamas?, ¿de dónde eres?, ¿cuál es tu número de teléfono? para que puedan manejarse mientras se encuentren en España, país que, por regla general, no suele ser su destino final.

Samuel, profesor de 40 años de Lengua de un instituto de Tenerife, explica que, en general, los inmigrantes que pasan sus días en Las Raíces solo saben algunas palabras de español, pero son incapaces de mantener una conversación.

Por este motivo, decidieron instalar una escuela que aspira a “abrir sus puertas” todas las tardes con el fin de que tengan “las herramientas para que se puedan integrar con la población y tengan la posibilidad de interactuar”, indica Samuel.

La escuelita es una de las actividades que más éxito ha tenido, pues cuenta con un grupo estable de unas diez personas que acuden todos los días con sus cuadernos y bolígrafos con la ilusión de que si mejoran sus habilidades lingüísticas tendrán más opciones.

Entre ellos destaca Demba, un joven senegalés de 29 años que llegó en cayuco en septiembre a Tenerife y, tras permanecer alojado en un hotel del norte de la isla, fue trasladado al campamento de Las Raíces.

Aunque a Samuel le resulta “súper difícil” elegir a su alumno predilecto porque “todos son súper atentos y quieren aprender al máximo”, Demba, un pescador de Mbour, es especial para él. Llegó a Canarias con unas pocas palabras de español y ahora, gracias a su interés y atención, es capaz de defenderse en una conversación.

¿Qué sería de una escuela sin diversión? Silvano, un artesano de 65 años, juega al mankala, un juego estratégico de origen africano que el mismo construyó para tratar de hacer las tardes más amenas y distraerles de sus problemas.

Para Silvano, un francés de 65 años afincado desde hace 35 años en Tenerife, es “muy estimulante” pasar tiempo jugando al mankala, el ajedrez o las canicas y compartir tazas de té con personas que han asumido el riesgo y el reto de mejorar sus vidas y las de su familias subiéndose en un cayuco a la soñada Europa.

Son pasatiempos simples pero importantes para mejorar su estado anímico y que combaten el hastío y el aburrimiento de no tener nada que hacer, destaca el artesano.

Peluquería especialista en pelo 'afro'

Patricia, peluquera en paro de 28 años, no había cortado nunca antes de aterrizar en Las Raíces el pelo afro. Después de tres días a jornada completa haciéndolo ya casi se puede considerar especialista. Sus profesores fueron los propios inmigrantes del campamento, algunos de ellos peluqueros y barberos, quienes además de enseñarla a entenderse con el rebelde pelo afro la están instruyendo en wolof y árabe.

“Parece que cortase el pelo es una tontería, pero ayuda mucho verse bien y, además, es una forma de distracción”, cuenta la peluquera antes de regresar al campamento con tres maquinillas para repartir entre los grandes peluqueros que ha conocido y trabajar codo con codo con ellos hasta que se vaya el sol.

Debido a su éxito, Patricia busca más maquinillas con las que poder trabajar y se plantea abrir una lista de espera para atender a sus clientes por orden, ya que aunque no tengan espejo todos quieren verse bien. Tal vez eso les ayude a sentirse algo mejor.

El campamento de Las Raíces

El campamento de Las Raíces fue puesto en marcha el 5 de febrero para albergar a inmigrantes, hasta entonces acogidos temporalmente en establecimientos hoteleros de las islas, y tiene capacidad para 2.400 personas, aunque hasta el lunes había un total de 1.289, según datos del Ministerio de Migraciones, responsable del centro.

Según estas mismas fuentes, la alimentación en este centro temporal de acogida cumple “todos los estándares europeos”, no obstante, el Ministerio realiza una evaluación continua y ha puesto en marcha un refuerzo en esta área.

Asimismo, el Ministerio ha precisado que el campamento cuenta con personal sanitario y, las personas que lo precisan, son derivadas a hospitales y centros de salud.

La Oficina Europea de Apoyo al Asilo ya ha visitado el campamento y lleva a cabo un seguimiento con el Ministerio de Migraciones para realizar los cambios y mejoras que fuesen necesarias, ha añadido.

Sin embargo, para muchas de las personas que allí se encuentran las condiciones del campamento no son buenas, motivo por el que poco después de su apertura unos 60 inmigrantes optaron por irse y pasar la noche en colchones fuera del centro en protesta por su situación. 

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