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Malí y la 'Francafrique'

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Cuando ya han pasado varios días desde que se inició la intervención francesa en Malí, el desarrollo de los acontecimientos derivados de lo que está ocurriendo a escasos kilómetros de Canarias permite ya extraer algunas conclusiones:

La primera es la del escaso eco que, como casi todo lo que sucede en el noroeste de Africa, ha tenido la contienda, al menos en la primera semana, no sólo en la prensa local canaria, sino también en la nacional, siendo hasta ahora, si no estoy equivocado, el gran Pepe Naranjo (Telde, 1971) el único periodista español que, a través de sus crónicas en el diario 'El País', está siguiendo la contienda sobre el terreno. Llama asimismo mucho la atención que casi nadie, con excepción de Izquierda Unida, se haya mostrado en contra de la intervención y en ese sentido no hay más remedio que decir que si se hubiera tratado de Estados Unidos ya se habrían convocado varias manifestaciones y concentraciones en casi todas las capitales europeas delante de su embajada y habrían tenido gran éxito.

La segunda es la de que Francia ha pasado olímpicamente del mareo de perdiz al que estaban jugando desde hace meses la ONU, la CEDEAO, la UE y la propia Unión Africana. Han vuelto a ser los franceses los que han vuelto a imponer su ley en ese noroeste de Africa que desde finales del siglo XX constituye su zona de influencia colonial, las estructuras africanas han vuelto a revelarse totalmente débiles y la UE ha reiterado lo que ya sabíamos: que no tiene una política exterior común.

Por otro lado, si bien es cierto que había claros indicios de que Malí podía convertirse en un nuevo Afganistán de no tratar alguien de frenar a los yihadistas -y su avance sobre Bamako de hace una semana fue la gota de agua que colmó el vaso de todas las alarmas-, el secuestro de ayer en una planta petrolera del sur de Argelia de decenas de extranjeros pone claramente sobre el tapete lo dura que va a ser esta guerra que no ha hecho más que empezar, además de plantear el interrogante de si las armas francesas no han podido contribuir a avivar aún más el fuego que se quería apagar.

Los franceses fueron y siguen siendo los amos y señores de la zona y llevan décadas encumbrando y deshaciendo gobiernos -no sólo en Malí sino en estados como la República Centroafricana, Chad o Costa de Marfil- en una región en donde la influencia anglosajona sólo es complementaria de la gala y en donde, pese a encontrarse Canarias tan cerca, el papel de España sigue siendo absolutamente testimonial.

La tercera, y sé que las afirmaciones que voy a hacer pueden ser polémicas, es que la llamada 'Francafrique' sigue existiendo. Un conjunto de intereses económicos, militares e industriales de carácter geoestratégico que Francia se cree con el derecho y el deber de defender, y que no tienen que coincidir ni con los de España ni con los de Canarias. Y así como Latinoamérica ha sido y sigue siendo el patio trasero de Estados Unidos, el Africa más cercana a nosotros ha sido y sigue siendo el de Francia. Sólo el día que tengamos la voluntad sincera de conocer y comprender eso, podremos comenzar a atisbar algo mejor la naturaleza de las maniobras orquestales en la oscuridad que distintos poderes internacionales dirigen sobre nuestras Islas.

Volviendo a la situación de Malí, es claro que desde que en junio pasado los integristas religiosos de Al Qaeda y grupos afines, en muchos casos llegados desde fuera, se aprovecharon de las revueltas tuareg y se adueñaron del norte de Malí, se convirtieron en una amenaza para la estabilidad de la región. Lo paradójico es que, tal como ya han venido señalando muchos expertos, ello fue en gran medida potenciado por la intervención occidental en Libia -que lideró entusiásticamente desde el principio Francia- y por sus perversos efectos colaterales.

Y es que la convulsa caída de Gadafi y la desordenada llegada al poder de los islamistas en Trípoli favoreció el caos y el descontrol armamentístico en todo el Sahel, potenció el islamismo integrista y favoreció la llegada a la zona de elementos foráneos que quieren imponer la más estricta aplicación de la Ley Islámica no ya en el norte de Malí, sino también en Bamako y en todo en el noroeste de Africa en su conjunto.

Y aunque tiempo habrá para que vayamos teniendo más datos y veamos cómo van evolucionando las cosas, lo que sí está claro es que nos jugamos mucho en Malí.

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