Tomaduras de pelo
Tocó a Luis de Guindos, ministro de Economía y ex alto ejecutivo de Lehman Brothers, qué cosas, justificar la subida de impuestos, las congelaciones, etcétera, que su jefe había descartado solemnemente a efectos para ganar La Moncloa; “cueste lo que cueste”, también.
Ahora, a esperar la del IVA superado el trance de las elecciones andaluzas. Guindos se pronunció por el onanismo al asegurar que “o lo hacemos nosotros o nos lo hacen”, sin aclarar quiénes nos lo harían. Con lo que, además, dejó en evidencia a Aznar, nada menos, que andaba rajando por las esquinas que España era un país intervenido. Aunque calle ahora que un ministro alemán acaba de señalar en público lo que hay que hacer en España con el derecho que le dan los vivos deseos de Rajoy de agradar a Merkel por encima de todas las cosas. Al menos Felipe González disimulaba mejor cuando lo guiaba Helmut Kohl hacia la UE.
No les cuento de Rajoy proclamando que el Gobierno no puede superar la crisis en solitario, sin la ayuda y la colaboración de todos; justo lo que le negó él a Zapatero con episodios de grave obstruccionismo llevado por la idea de que cuanto peor para todos, mejor para él.
En el paquete de medidas populares destacaré la subida del IRPF como ilustrativa de lo que cabe esperar de este Gobierno. Al subirlo, además de faltar a su promesa, nos toma por imbéciles pues pretende soslayar que la subida va contra las clases medias y trabajadoras, que son las que Hacienda tiene cogidas por el bebe; no afecta a las grandes fortunas que lo eluden vía el Impuesto de Sociedades. ¿Le puede extrañar a alguien que haya crecido en porcentajes importantes el consumo de lujo frente al desplome del común y corriente? Tienen la poca vergüenza de llamar a los españoles de a pie a mayores sacrificios para sacar el país adelante y no dicen ni media de una reforma del sistema fiscal que distribuya la carga.
No viene mal recordar en este punto el reciente relato de Ignacio Sotelo de su participación, en 1965, en un estudio de la Universidad de Colonia sobre “moral fiscal”. Eligieron sus realizadores a España como país contraste y consiguieron del ministro Fraga permiso para realizar las necesarias encuestas. Los resultados, dice Sotelo, fueron escalofriantes: la mayor parte de lo recaudado por Hacienda provenía de los impuestos indirectos sin apenas contribución de las rentas de la tierra y del capital. Es verdad que el IRPF es un impuesto directo, pero mutatis mutandi, los paganinis y los que se escapan vienen siendo los mismos. Igualito que en el siglo XVI, hay castas privilegiadas y los que han de cargar con los costales. No nos hemos alejado tanto de la fiscalidad franquista; con la salvedad de que a falta de conspiración judeo-masónica-comunista, se culpa del hundimiento español a Merkel y el egoísmo alemán; ocultando, que es el fraude fiscal y el sistema que lo propicia la verdadera razón del cabreo germano. A ver si lo rebajan con el sudor del pueblo llano.
En cuanto a la historia de que el déficit resultó ser mayor de lo esperado, manda huevos (o huebos, mejor). El mensaje, aunque lo hayan lanzado con la boca chica, es que Zapatero los engañó, pobrecitos. Conviene recordar que el déficit público de la administración central es soportable y que el problema radica en las comunidades autónomas. Una circunstancia a la que aludió el ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro; aunque de pasada, para que no nos paremos en que las autonomías son mayoritariamente del PP, algunas desde hace un porrón de legislaturas. Es oportuno aludir al respecto a una noticia de ayer mismo: el Gobierno acudió en ayuda de la comunidad valenciana para que pudiera pagarle al Deutsch Bank una deuda de 123 millones de euros. ¿Creen ustedes que la Generalitat valenciana, lo hubiera tenido tan fácil de no estar en manos del PP?
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