Uno de cada tres habitantes de la Gran Canaria aborigen sufrió lesiones violentas en el cráneo

Esta imagen de El Museo Canario muestra ubicación de las lesiones detectadas, las curadas (antemortem) y las vinculadas directamente con la muerte del sujeto (perimortem).

Efe

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Durante casi 1.300 años, hasta la llegada de los conquistadores europeos en los siglos XIV y XV, los pueblos amazighes que habitaron Gran Canaria conformaron un mundo casi aislado por completo del exterior, donde la violencia tuvo un papel estructural en el mantenimiento del orden social.

La revista Journal of Archaeological Science: Reports publica este mes el resultado de un estudio que ha analizado 1.213 cráneos de individuos aborígenes de Gran Canaria de los s. III a XV, procedentes de 83 enterramientos diferentes y pertenecientes a las colecciones de El Museo Canario, el Museo Arqueológico Nacional de Madrid, el Musée de l'Homme de París y el Museo de La Fortaleza (Gran Canaria).

Uno de cada tres (el 33,8%) presenta una o más lesiones compatibles con actos violentos. Y no es un dato que esté inflado por unos cuantos yacimientos especialmente significativos para estas conclusiones, sino que, de hecho, el 68,7 % de los enterramientos examinados tenía, al menos, una persona con lesiones en el cráneo.

Detrás de esa cifra hay matices llamativos, como la constatación de que el 30,8% de la muestra presenta traumatismos curados en la parte frontal del cráneo y la cara, mientras que solo un 5,1% tenía lesiones mortales, localizadas preferentemente en los laterales o la nuca.

Los autores de este trabajo -pertenecientes a El Museo Canario, Tibicena Arqueología y el Cabildo de Gran Canaria- deducen de esas cifras que la mayor parte de las lesiones se originaban en enfrentamientos cara a cara, peleas a golpes que buscaban resolver disputas internas sin intención de matar al rival.

Sin embargo, también hay traumatismos fulminantes -los menos- golpes en la parte trasera de la cabeza que sugieren ataques por la espalda, emboscadas o asaltos sorpresivos en conflictos entre grupos.

En el caso de los hombres, el porcentaje de cráneos con lesiones violentas casi duplica al de las mujeres, con un 41,6% frente a un 22,8%. Entre los afectados varones, casi la mitad (48,2%) presentaba, al menos, dos lesiones traumáticas en la cabeza.

En una muestra de 1.213 cráneos de yacimientos aborígenes de la isla que abarca desde el siglo III al XV, uno de cada tres (33,8 %) presenta traumatismos violentos, como los cuatro que muestra la imagen, pertenecientes a la colección de El Museo Canario.

En cuanto a las lesiones mortales, la mayor parte aparece en hombres de entre 20 y 35 años, un perfil que los autores relacionan con el de los combatientes en conflictos entre grupos diferentes.

Casi la totalidad de las lesiones detectadas en este estudio fueron ocasionadas por traumatismos contundentes, lo que encaja con las armas documentadas en la época prehispánica en Canarias, donde, a falta de metales, se usaban piedras, garrotes y varas de madera.

En los 1.300 años que abarca el estudio, los investigadores identifican tres períodos con tres patrones diferentes: el primer milenio (s. III al X), la transición al segundo milenio (s. XI a XIII y el colapso final de la sociedad aborigen (s. XIV y XV).

Al inicio del asentamiento de las poblaciones norteafricanas en Gran Canaria se aprecian más lesiones mortales, que se asocian a enfrentamientos entre grupos por el ganado, los pastos o el agua.

A partir del siglo XII, con un mayor desarrollo de la agricultura en la isla y la construcción de graneros colectivos, emerge en la isla una sociedad más jerárquica y compleja, donde se reducen los conflictos entre grupos y disminuyen las lesiones letales.

En cambio, van creciendo paulatinamente las lesiones no mortales, que alcanzan su máximo en el siglo XIII, probablemente por el fuerte crecimiento de la población y por el manejo de armas como símbolo de estatus y honor entre la élite masculina de la sociedad.

En el siglo XIV, se observa en la muestra una importante disminución en los individuos con lesiones no mortales, que los autores relacionan con el descenso demográfico que siguió a la llegada de los conquistadores, tanto por efecto de la guerra y de la captura de esclavos, como por las nuevas enfermedades que trajeron consigo.

“Es también plausible que la llegada de un enemigo extranjero redirigiera la violencia hacia la resistencia contra la agresión externa”, precisan los investigadores.

De hecho, alrededor del año 1350 se aprecia un aumento de las confrontaciones letales, en “el contexto de la extrema violencia y la desestabilización social que sufrió la población insular durante la ocupación y conquista europea”; pero no duró mucho, “probablemente debido declive demográfico y a la rapidez de la conquista armada”.

La investigación en la que se basa este trabajo ha sido realizada por Teresa Delgado, Verónica Alberto, Javier Velasco, Ibán Suárez y Marco Antonio Moreno.

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