Primeras críticas la propuesta de suspender las clases por la visita del Papa a Canarias
Tras conocerse este miércoles la propuesta de suspender las clases y apostar por el teletrabajo en Tenerife y Gran Canaria durante la visita del Papa los días 11 y 12 de junio, las primeras críticas no se han hecho esperar.
Ha sido jueves cuando Izquierda Unida Canaria (IUC) ha rechazado esta solicitud al considerar que esta supone “una priorización de eventos sobre las necesidades reales de la ciudadanía”.
A juicio del coordinador de IU en las islas, Saúl Alberola, la propuesta formulada por el delegado del Gobierno en el archipiélago, Anselmo Pestana, y el obispo auxiliar de la Diócesis de Canarias, Cristóbal Déniz, es cuestionable además en la medida en que “España es un Estado aconfesional y las instituciones públicas deben actuar desde el respeto a la laicidad”.
El dirigente izquierdista añade, al respecto, que las administraciones han de proceder “evitando decisiones que puedan interpretarse como una subordinación de lo público a intereses o eventos de carácter religioso”.
Alberola cuestiona también la idea de que no haya clases en Gran Canaria el 11 de junio y en Tenerife el 12 ante la movilización sin precedentes que se espera en ambas islas con motivo de la primera estancia de un pontífice en el archipiélago porque -sostiene- “evidencia una preocupante falta de planificación” por parte de las autoridades.
Desde su punto de vista, esta situación pone de manifiesto carencias estructurales en la planificación de infraestructuras y movilidad en Canarias, que obligan a recurrir a medidas excepcionales ante eventos puntuales-
“Si para garantizar la movilidad hay que vaciar las calles y cerrar centros educativos, el problema no es el evento, es la falta de planificación previa y de alternativas reales”, añade IU.
La formación política matiza que reconoce la relevancia institucional de la visita, pero considera que la gestión de este tipo de eventos no puede trasladar el coste organizativo a la ciudadanía, especialmente en ámbitos tan sensibles como la educación.
Samuel Alberola declara, en esa línea: “estamos hablando de suspender clases en dos islas y de alterar la organización de miles de familias. Esto no puede plantearse como una medida automática ni como una solución fácil a problemas de movilidad”.
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