JUERNES DE POR FOGONES
Qapaq, el kilómetro cero de la verdadera cocina peruana en Canarias

Ceviche de pescado blanco con ají limo, batata, cebolla, choclo, maíz chulpi y brotes de cilantro.

Javier Suárez

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Mi primera visita a Rosalía Díez Cieza y su Qapaq, en Arona, data del verano de 2019, antes de la pandemia y pocos meses después de su apertura. Lo que sentí ahí lo tenía clavado hasta el día de este 29 de marzo que repetí visita: es la mejor cocina peruana que jamás he comido en Canarias, y casi te diría que en España. De ahí que esta visita tuviera un alto índice de expectativas, algo que normalmente juega en contra de la propuesta que vas a visitar, así que en este Juernes de Por Fogones les contaré si la película es tal y como la recordaba, o no…

Qapaq

Éramos una mesa de cuatro, disfrutones a partes iguales y con la ilusión que hacía el poder disfrutar del concierto de Laura Pausini en ese atardecer tinerfeño. Al llegar nos acomodamos en su precioso y acogedor interior y con la inestimable ayuda de una sala tremendamente cercana y profesional nos decantamos por los menú degustación largos, pero jugando con algunos cambios de platos para poder probar más cosas de la propuesta. Se podría decir que fusionamos los menú Karu Kay (largo) y Al Toque (corto).

Ambos menús comienzan con pan, mantequilla y un pequeño bocado que funcionan como declaración de intenciones: nada se deja al azar, desde la calidad del pan hasta el punto de sal de la mantequilla aromatizada. Ese gesto inicial abre el paladar y prepara al comensal para una sucesión de platos donde la técnica contemporánea se pone al servicio del sabor, no al revés.

En el Karu Kay, la ostra con granizado de naranja sanguina y rocoto es probablemente uno de los pases más brillantes de la experiencia. La mordida yodada de la ostra dialoga con la acidez limpia de la naranja y el picor controlado del rocoto, en un juego de temperaturas que refresca y despierta sin resultar estridente. Es un bocado de alta cocina con la frescura de la barra cevichera limeña.

La ostra con granizado de naranja sanguina y rocoto

Qapaq entiende el ceviche como un plato de precisión absoluta. En el menú Karu Kay, el ceviche de pescado blanco con ají limo, batata, cebolla, choclo, maíz chulpi y brotes de cilantro condensa en un solo pase la memoria de los ceviches tradicionales y la limpieza de un pase mucho más digno que de Estrella Michelin, es puro PERÚ, en mayúsculas.

El pescado llega impecable de punto, cortado con regularidad quirúrgica; la leche de tigre tiene la potencia justa, con un ají que empuja pero no agrede, y los distintos maíces aportan textura y un sutil recuerdo dulce que equilibra la acidez. Es, hoy por hoy, el mejor ceviche que se puede comer en Canarias.

Ceviche de pescado blanco con ají limo, batata, cebolla, choclo, maíz chulpi y brotes de cilantro

No menos notable resulta la causa limeña con cangrejo crujiente, aguacate, aceituna y salsa de huacatay. Aquí el restaurante demuestra un manejo notable del producto canario –ese aguacate local es un deleite– dentro de un formato profundamente peruano. La papa está trabajada con mimo, sedosa y bien aliñada, y el contraste entre el cangrejo crujiente y la untuosidad del aguacate construye un plato redondo, que entra por la vista y permanece en la memoria.

Los guisos del Karu Kay ponen el acento en la cocina de fondo. El sudado de bacalao con almejas, ají mirasol y yuca es pura cocina de cuchara, de esas que reconcilian al comensal con la lentitud. El bacalao llega jugoso, arropado por un caldo intenso donde el ají mirasol aporta profundidad ahumada y la yuca se convierte en un vehículo perfecto para atrapar la salsa. 

En el tramo cárnico, el lomo bajo de vaca a la brasa con ñoquis de ají amarillo reivindica la parrilla como lenguaje universal: una carne bien madurada, marcada con decisión y acompañada por unos ñoquis suaves, impregnados del perfume sutil del ají.

Causa Limeña

El menú Al Toque es, quizá, el que mejor explica la personalidad de Qapaq: un restaurante peruano que asume sin complejos el territorio que pisa. En esa misma línea viaja el tartar de salmón con plátano crujiente, mahonesa de kimchi y ají amarillo. El uso del plátano –tan caribeño como canario– añade un contrapunto crujiente y ligeramente dulce que viste al salmón sin robarle protagonismo. La mahonesa de kimchi, bien integrada, introduce un picante diferente, más fermentado, que convive sorprendentemente bien con el ají amarillo. Es uno de esos pases que funcionan como bisagra en el menú, marcando el tránsito de los ácidos frescos hacia bocados cada vez más golosos.

El pulpo anticuchero a la brasa con puré ligero de col y chalaca confirma el dominio de la parrilla que ya se intuía en el Karu Kay. El pulpo llega tierno, con exterior lacado en ese adobo anticuchero que es casi una firma de identidad peruana, y el puré de col aporta ligereza donde otros optarían por una papa más pesada. La chalaca, fresca y cítrica, termina de redondear un plato que equilibra grasa, brasa y acidez con precisión.

Quizá el pase que mejor refleja la ambición del restaurante sea el cordero lechal meloso, cocinado a baja temperatura con pastel de papa canaria. Hay aquí una voluntad clara de tender puentes entre los recetarios de ambos lados del Atlántico: la técnica de baja temperatura asegura una carne que se deshace, rica y profunda, mientras que el pastel de papa actúa como homenaje explícito al territorio que acoge la propuesta. Es un plato de sabor largo, reconfortante, que podría sostener por sí solo una carta.

El pulpo
Tartar de salmón con plátano crujiente, mahonesa de kimchi y ají amarillo

En el apartado dulce, Qapaq se aleja de los postres complacientes para seguir contando Perú. En el Karu Kay, las milhojas de lúcuma y millo morado juegan con dos ingredientes fetiche de la repostería peruana, transformados en un postre de alta pastelería, preciso en texturas y moderado en azúcar. En el Al Toque, el postre de “chocolate en texturas” con maracuyá, mango y huacatay demuestra que el equipo de cocina entiende el postre como parte del relato, no como un trámite final: hay intensidad de cacao, acidez tropical y un toque herbal que limpia el paladar.

Todo ello se acompaña de un servicio de sala atento, bien formado en el recetario y nada invasivo, que sabe explicar ingredientes y técnicas sin caer en el monólogo académico. El ritmo de los pases es fluido, respetando silencios cuando la mesa los pide y acelerando cuando el comensal lo agradece, algo que no siempre se logra en menús degustación de esta longitud.

Milhojas 

Con estos dos menús, (y opción de carta también, ojo) Qapaq se sitúa como una parada ineludible para quien quiera entender hasta dónde puede llegar hoy la cocina peruana en Canarias. No es un mero ejercicio de nostalgia ni una colección de platos de moda, sino un proyecto sólido, con discurso propio, que respeta la tradición a la vez que la somete a una mirada contemporánea y local. 

En un archipiélago cada vez más atento a su diversidad gastronómica, Rosalía no solo defiende la bandera de su Perú, la eleva a categoría de alta cocina y la integra con naturalidad en el paisaje culinario tinerfeño fusionando productos, técnicas y recetarios de ambos continentes con la única pretensión de hacer feliz al comensal. 

Cuando uno va a Qapaq y termina la jornada tal y como comenzó, con su Pisco Sour fetiche, ya está buscando la excusa para regresar al que sin duda es el rincón que de verdad le llevará al país que está marcando la gastronomía mundial a día de hoy, Perú. 

Rosalía Díaz
Pisco Sour

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