El efecto mariposa

Efecto mariposa, por Leandro Betancor Fajardo

En el mismo momento (que no a la misma hora) a unos cinco mil kilómetros de donde yo me encontraba, una pareja, él caucásico de unos treinta años y ella oriental de no más de veinticinco, discutía acaloradamente en la puerta de una conocida cadena de cafeterías en la esquina de la calle cuarenta y dos con la quinta avenida de Manhattan, Nueva York, en lo que occidente conoce como “ceremonial del reproche”. La tensión de esa disputa en la orilla oeste del Atlántico caló súbitamente mi coche en la carretera de Masdache, Lanzarote, momento que aproveché para tomar esta foto. 

El efecto mariposa es sólo una teoría que sostiene que cuando una mariposa bate sus alas en una punta del mundo levanta un tornado en la otra. Es, en síntesis, una atrevida declaración de amor a las causalidades y las casuales coincidencias y por las que algunos tiburones financieros se han hecho de oro con las complejas relaciones de causa efecto que provoca su enunciado. 

Esa parada reflexiva frente a la majestuosidad de la montaña de Tamia consiguió que cinco minutos después de que ella arrojara su cafe caliente sobre la camisa de él, ambos se fundieran en un eterno abrazo de indulgencia, inconscientes e ignorantes de mi responsabilidad en la reconciliación. 

Lo supe y lo sentí inmediatamente y acto seguido apagué los faros de mi coche y continué mi camino, a ciegas, hasta la casa de mi abuela. 

Al llegar nos reímos de la teoría del caos mientras mojábamos bizcochos en café. 

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